Wednesday, February 07, 2007

11.

Compré un disco de grandes éxitos de David Bowie. No escuchaba a Bowie desde que estaba con Natalia. Recuerdo algunas cosas buenas de ella, mientras por la radio suena Ashes to Ashes. La chica no se complicó para cambiar la Corazón. El problema de este ciber es que desde todos los rincones se puede ver tu pantalla. No es apto para pedófilos.
Natalia está en Santiago. La he visto por televisión como periodista de un programa de farándula. Está más gorda, más rubia. Hace dos años que no hablamos. Esa vez me mandó a la mierda. La llamé -del diario- para contarle que estaba con Cristián Soto, un gueón que fue compañero nuestro en la universidad. A Soto lo había enviado La Nación para hacer un reportaje sobre las desapariciones en Alto Hospicio. Natalia tenía razones para odiarme. Por eso no le será extraña mi amistad con Galleguillos -si llega a leer esto -. Recuerdo que en octubre –no sé de qué año- su familia me echó. No hizo nada para reternerme. Siempre las cagadas pasan en dos minutos. Natalia tiene una hermana menor. Pamela debe tener ahora 17 años.
Acompañé a Soto y su fotógrafo a Alto Hospicio. Esa vez nos entrevistamos con la mamá de María Elizabeth Caces Godoy. La mujer habló pestes de Quispe. Soto anotaba que Quispe atraía a personajes extraños a La Negra, como bolivianos o paraguayos -todos camioneros que trasladaban carga desde la Zofri hacia sus países-. Los camioneros eran clientes del rancho “Renacer”.
Después nos fuimos al “Renacer”. Quispe le ofreció el copete gratis. Soto sólo reía -de inrédulo-. En medio de una botella Jack Daniels, Soto abrazó a una de las chicas. Después la besó y se fueron. Yo me quedé con el fotógrafo. Se llamaba Alvaro. Quispe me dijo que el gueón parecía rati. Nada. El gueón sólo quería coca. Se quedó con las ganas. Cuando traté de comprar apareció el famoso capitán Hugo Marambio, de la comisaría de Alto Hospicio. Era habitué del “Renacer”. Evidente podía ser el interés de Quispe hacía el paco, sin embargo entre los dos hombres había cierta amistad o complicidad. Las fiestas con putas del “Renacer” en la comisaría eran comentario en Alto Hospicio. Comenzaban después que cerraban los locales nocturnos, como a las 5 de la madrugada. La ciudad quedaba sin resguardo policial. A esa hora, varias veces con Galleguillos contemplamos desde el auto riñas y asaltos.En una ocasión mi compañero (no me creo lo de compañero... ) me detuvo cuando estuve a punto de socorrer a una mujer, parecía borracha, que estaba siendo pateada en el suelo por un gueón de mierda. Al final Galleguillos aceleró el auto y sin asco se lo tiró. El gueón salió volando. Quedó con la cabeza tendida en la cuneta. Sangraba por la nariz. Parecía inconsciente. La mujer alcanzó a escapar de la embestida, pero Galleguillos la alcanzó a pie. Con una mano le agarró el cuello y le azotó la cabeza con la muralla. Cálmate gueón, le grité. Encendí un cigarro. La mujer tuvo la mala idea de decirle: “cálmase papito…cálmese” ...Así que puta... gueona, maraca… puta, puta… le dijo con ira. Me pidió el cigarro y lo apagó en el párpado de la puta, mientras la insultaba. Una vieja sapa de un departamento cercano amenazó con los pacos. Galleguillos le gritó que éramos ratis.En el auto me dijo que esos gueones nunca más saldrán a guear de madrugada. Te creís Batman, le dije. Se río. Bajé el vidrio y encendí otro cigarro. El ruido de unos pájaros era señal que estaba por amanecer.Mary Lobera me había contado que a Marambio le gustaba tirarse a mujeres morenas, en especial peruanas o ecuatorianas. De ahí su ligazón con una ecuatoriana llamada Carola -según me enteré después-. La sacó del “Renacer” y la mantuvo por varios meses en un departamento nuevo -de esos por subsidio del gobierno- ubicado en la avenida Los Cóndores. Al igual que Mary y el resto de las chicas, nadie supo qué mierda pasó con la ecuatoriana. Nunca llegó de vuelta al “Renacer”. Galleguillos me dejó marcando ocupado cuando me porfió que vio a la ecuatoriana caminando de noche cerca del Casino de Iquique. Tal vez se confundió. Había varias mujeres como Carola en Iquique. Cada vez llegaban más extranjeros.Marambio era un tipo afable, poco rígido en comparación a otros pacos y bastante amistoso. Tenía mucha llegada con la gente de la ciudad, no así en las tomas de terreno. Los radiopatrullas llegaban a las tomas sólo cuando había algún crimen. En La Negra vivían más de cinco mil personas. También estaban las tomas de El Boro y la autoconstrucción. Alrededor de quince mil personas vivían sin ningún tipo de resguardo policial, escribió Soto en el reportaje que sacó para su diario. Después de la cuarta desaparición un grupo de vecinos de La Negra se organizó en grupos de vigilancia. Además de las sospechas de un posible sicópata, en la toma eran habituales las violaciones, las riñas entre pandillas de adolescentes y el microtráfico de pasta base y paraguayo –marihuana prensada-.El lapso entre la cuarta desaparecida y la quinta fue de cinco meses. El tiempo más extenso, tal vez por la aparición de esa junta de viejos borrachos. Los viejos andaban con palos y cuchillos. Sin embargo el grupo no llegaba al basural.María Elizabeth estaba en cuarto medio del Liceo de Alto Hospicio. Su familia había llegado de Santiago. Se instalaron en La Negra y allí esperaban una mejor oportunidad. Su padrastro trabajaba en Iquique como guachimán, mientras su madre se quedaba al cuidado de sus tres hermanos menores. Galleguillos me presentó a María Elizabeth. Cuando podía la llevaba gratis al liceo.Una madrugada la encontramos en Iquique, en los estacionamientos de la discoteca Pharos. Galleguillos le hizo una seña y ella se acercó a saludarlo. La mirada celosa de su pololo, un flaco con pose de rapero marginal impidió que subiera al auto. Ya la veía sentada en mis muslos, gimiendo. Su cabello era negro y le llegaba hasta la cintura. Su rostro era algo redondo, pero conjugaba bien con sus grandes ojos café claros. Sus tetas eran grandes y parecían blandas.Galleguillos le dijo que la podía llevar gratis a Alto Hospicio, pero sola.
Soto y Alvaro, en cambio, la pegaron a Galleguillos $5 mil pesos para que los llevara del Renacer hasta el Hotel Charlie Inn de Iquique.
La mina volvió a la Radio Corazón.

1 comment:

Literófilo said...

Llegué tarde a tu novela que bueno eso me gusta, prometo leer todos los capitulos, espero que no te pase lo mismo con la mía, voy por el tercero, me gustaría que lo leyeras, saludos amigo.