bocetos de novela o novela sin editar o protonovela o fragmentos o crónicas o más bien, experimento
Wednesday, February 28, 2007
...Y SEGUIMOS
DESDE HOY ESTE TRABAJO SE SOMETERA A UN PERIODO DE CUARENTENA (MAS BIEN EDICIÓN Y RECONSTRUCCION). EN ESPECIAL DEL TEXTO 10 EN ADELANTE.. (gracias por los comentarios: axoloton y tirilla)
Sunday, February 25, 2007
El Verano de Sam
17.
La casa está fétida. Este hippie de mierda dijo que hoy solucionaría el problema. Son las 14 horas y escribo esto en el notebook de Víctor, un argentino de Salta, peluquero, solitario, que desde el lunes aloja aquí. El gueón amenazó con irse esta noche, parece decidido. Está aburrido de la hediondez. Lo único que me importa de este gueón es su notebook: un Sony Vaio que se conecta solo a internet.
Diango no apareció en toda la semana. Diango siempre quiso joderme con plata. Diango nunca me tomó en serio. Diango dejó alguna comida pudriéndose -de otra forma no se explica el olor-. Dejó la ventana cerrada y la puerta trabada. Imagino un shapsui podrido en una bandeja de aluminio y algunos bichos voladores ahogados en el caldo.
Aquí, en la habitación de Víctor, hay un espejo grande. Lo compró para su trabajo. Anoche me ofreció cortarme gratis el cabello. Dijo que mi cabello necesitaba de masajes con unas cremas que él tenía en la peluquería y que mi cutis era "simplemente un desastre". No me interesan sus juicios de peluquero marica.
El espejo refleja a un hombre canoso, ojos claros, boca pequeña y rostro huesudo. Estoy 15 kilos por debajo de mi peso normal. Mido 1.78. Todavía tengo a Toña -aunque no me conteste por su teléfono- y mi película favorita es el "Verano de Sam" de Spike Lee, donde Pete Townshend canta "Baba O’Riley " (mi canción favorita).
En marzo cumpliré un año viviendo aquí. No es el mejor lugar, pero puedo hacer lo que se me de la gana.
Diango no apareció en toda la semana. Diango siempre quiso joderme con plata. Diango nunca me tomó en serio. Diango dejó alguna comida pudriéndose -de otra forma no se explica el olor-. Dejó la ventana cerrada y la puerta trabada. Imagino un shapsui podrido en una bandeja de aluminio y algunos bichos voladores ahogados en el caldo.
Aquí, en la habitación de Víctor, hay un espejo grande. Lo compró para su trabajo. Anoche me ofreció cortarme gratis el cabello. Dijo que mi cabello necesitaba de masajes con unas cremas que él tenía en la peluquería y que mi cutis era "simplemente un desastre". No me interesan sus juicios de peluquero marica.
El espejo refleja a un hombre canoso, ojos claros, boca pequeña y rostro huesudo. Estoy 15 kilos por debajo de mi peso normal. Mido 1.78. Todavía tengo a Toña -aunque no me conteste por su teléfono- y mi película favorita es el "Verano de Sam" de Spike Lee, donde Pete Townshend canta "Baba O’Riley " (mi canción favorita).
En marzo cumpliré un año viviendo aquí. No es el mejor lugar, pero puedo hacer lo que se me de la gana.
Saturday, February 24, 2007
16.
Me convenzo, otra vez, que la naturaleza es cruel. Revisé la secuencia fotográfica de un leopardo devorando a una pequeña cebra. En el texto encontré frases como: “matar para sobrevivir” o “naturaleza cruel” o “naturaleza salvaje”. Me suenan a títulos de un programa de Animal Planet. El fotógrafo que captó la muerte de la cebra pudo interferir, pero actuó como profesional y como tal, vendió su trabajo a la National Geographic.
No interferí en los hechos a diferencia de Galleguillos. Karina Trigo iba a ser madre (soltera como la mayoría de las chicas de su edad en las tomas). Karina tenía tres meses de embarazo, -según el informe del Médico Legal-, cuando se subió al V16 cerca de la botillería.
Puede declararme como autor intelectual o cómplice aunque me siento como un periodista que hizo su labor profesional y que ahora redacta lo vivido. Si usted me juzga entonces yo hago con los mismo con Quispe o Marambio. Cada gueón, en su medida, estuvo involucrado.
Sé -como cualquier persona- lo de ayudar a otro, de rescatar a otro, pero cuando el contexto está podrido... qué mierda importa… recuerdo los problemas por el agua: los insultos y amenazas contra el chofer del camión cisterna. El tipo disparando al aire con una especie de escopeta (Después aclaró que era de fogueo). La gente apedreando el camión. Después los pacos. Después el alcalde. Después las piedras e insultos contra el alcalde y los pacos. Después los pacos lanzando lacrimógenas. Luego las ancianas y niños ahogados por el gas. En ese contexto imagino a Karina Trigo con los dolores del parto. El hospital estaba en Iquique, a media hora de la toma.
Al hijo de Karina lo habría criado la abuela. Karina habría buscado trabajo. Karina habría dejado el liceo. Karina habría llegado al Renacer...
Pienso que no estaban dadas las condiciones para nacer.
No interferí en los hechos a diferencia de Galleguillos. Karina Trigo iba a ser madre (soltera como la mayoría de las chicas de su edad en las tomas). Karina tenía tres meses de embarazo, -según el informe del Médico Legal-, cuando se subió al V16 cerca de la botillería.
Puede declararme como autor intelectual o cómplice aunque me siento como un periodista que hizo su labor profesional y que ahora redacta lo vivido. Si usted me juzga entonces yo hago con los mismo con Quispe o Marambio. Cada gueón, en su medida, estuvo involucrado.
Sé -como cualquier persona- lo de ayudar a otro, de rescatar a otro, pero cuando el contexto está podrido... qué mierda importa… recuerdo los problemas por el agua: los insultos y amenazas contra el chofer del camión cisterna. El tipo disparando al aire con una especie de escopeta (Después aclaró que era de fogueo). La gente apedreando el camión. Después los pacos. Después el alcalde. Después las piedras e insultos contra el alcalde y los pacos. Después los pacos lanzando lacrimógenas. Luego las ancianas y niños ahogados por el gas. En ese contexto imagino a Karina Trigo con los dolores del parto. El hospital estaba en Iquique, a media hora de la toma.
Al hijo de Karina lo habría criado la abuela. Karina habría buscado trabajo. Karina habría dejado el liceo. Karina habría llegado al Renacer...
Pienso que no estaban dadas las condiciones para nacer.
Thursday, February 22, 2007
Garavito: Psicópata y sinvergüenza
...Le hablaba sobre un reportaje –para la serie de sicópatas- sobre Luis Alfredo Garavito, el mayor asesino en serie de Colombia. Garavito violaba, torturaba y decapitaba a sus víctimas. Se río cuando le dijo que el cabrón ése, ahora desde la cárcel, cobraba a los periodistas por contar detalles de los más de 140 crímenes que cometió –extraoficialmente se calculan 200- . Los detalles más sórdidos valían más caro.15.
Galleguillos era obsesivo con la limpieza. El V16 parecía un espejo. Siempre estaba afeitado y perfumado con un Fahrenheit de Dior que mantenía en la guantera. Prefería los perfumes franceses. Iba seguido a la Zofri a comprar perfumes, desodorantes y otras guevadas en ese estilo. Era un bicho raro entre los taxistas. La mayoría andaba mal afeitado, como yo. Por machismo –influencia familiar- relacioné la obsesión de Galleguillos por la limpieza con la homosexualidad. Alguna vez temí que me agarrara el paquete aunque nunca me coqueteó, digamos: nunca me dijo que escribía bien. Era mi lector sólo porque le interesaban los sicópatas.
La policía no encontró sangre en el V16.
Lo vi quemar varias camisas empapadas de sangre en un desvío de la carretera entre Alto Hospicio a Iquique. Era como un rito; el punto final de una historia y el comienzo de otra. Tenía claro que en algún minuto yo escribiría esto. Me había elegido.
No lo tomé en serio cuando me lo propuso. Estaba medio borracho. Había bebido las tres cuartas partes de un Stolichnaya. Le dije que fuéramos al Renacer. En un WC me tiré unas culebras de coca. Salí como robot. Eran como las 2 de la madrugada. Galleguillos tomó avenida los Cóndores, se metió por unos pasajes cortos y detuvo el V16. Recordé la música de la película Tiburón. A media cuadra había una botillería donde entraban y salían chicos. Por algún lugar había una fiesta. Eran chicos como de quince años –no más-, estudiantes. Espera, me dijo. Espera le respondí y baje a comprar cigarros a la botillería.
En el auto encendí un Belmont, mientras me daban tirones para volver al Renacer. La coca también me pone más hablador. Le hablaba sobre un reportaje –para la serie de sicópatas- sobre Luis Alfredo Garavito, el mayor asesino en serie de Colombia. Garavito violaba, torturaba y decapitaba a sus víctimas. Se río cuando le dijo que el cabrón ése, ahora desde la cárcel, cobraba a los periodistas por contar detalles de los más de 140 crímenes que cometió –extraoficialmente se calculan 200- . Los detalles más sórdidos valían más caro.
Estaba en eso, cuando una chica, pelirroja, tetas grandes, carnosa desde donde se le mire, le pidió a este gueón que la llevara por mil pesos al Boro. Lo miré. Me dio el vamos con un movimiento de cejas. La chica no se dio cuenta cuando nos fuimos a La Negra, al sur de Alto Hospicio –El Boro era como el límite norte-. Habrá pensado que yo era un pasajero. Galleguillos puso su CD favorito. Me repelía la nueva ola, y peor Lucho Dimas. Le aclaré a la chica que primero me dejaría a mí. La chica puso cara de resignación. Cruzamos el basural. Mientras yo pensaba en otra culebra de coca, Galleguillos algo nervioso me demostró que estaba para aparecer en la colección que partió con Chikatilo. Los gritos de la chica no me provocaron nada, tampoco la ira y movimientos de Galleguillos. Sólo quería volver al Renacer. Después de una hora volvimos. Eran como a las cuatro de la madrugada, pero podían ser la dos. Me tiré otra culebra. Antes, habíamos parado en la carretera.
Se llamaba Karina Trigo Fernández.
La policía no encontró sangre en el V16.
Lo vi quemar varias camisas empapadas de sangre en un desvío de la carretera entre Alto Hospicio a Iquique. Era como un rito; el punto final de una historia y el comienzo de otra. Tenía claro que en algún minuto yo escribiría esto. Me había elegido.
No lo tomé en serio cuando me lo propuso. Estaba medio borracho. Había bebido las tres cuartas partes de un Stolichnaya. Le dije que fuéramos al Renacer. En un WC me tiré unas culebras de coca. Salí como robot. Eran como las 2 de la madrugada. Galleguillos tomó avenida los Cóndores, se metió por unos pasajes cortos y detuvo el V16. Recordé la música de la película Tiburón. A media cuadra había una botillería donde entraban y salían chicos. Por algún lugar había una fiesta. Eran chicos como de quince años –no más-, estudiantes. Espera, me dijo. Espera le respondí y baje a comprar cigarros a la botillería.
En el auto encendí un Belmont, mientras me daban tirones para volver al Renacer. La coca también me pone más hablador. Le hablaba sobre un reportaje –para la serie de sicópatas- sobre Luis Alfredo Garavito, el mayor asesino en serie de Colombia. Garavito violaba, torturaba y decapitaba a sus víctimas. Se río cuando le dijo que el cabrón ése, ahora desde la cárcel, cobraba a los periodistas por contar detalles de los más de 140 crímenes que cometió –extraoficialmente se calculan 200- . Los detalles más sórdidos valían más caro.
Estaba en eso, cuando una chica, pelirroja, tetas grandes, carnosa desde donde se le mire, le pidió a este gueón que la llevara por mil pesos al Boro. Lo miré. Me dio el vamos con un movimiento de cejas. La chica no se dio cuenta cuando nos fuimos a La Negra, al sur de Alto Hospicio –El Boro era como el límite norte-. Habrá pensado que yo era un pasajero. Galleguillos puso su CD favorito. Me repelía la nueva ola, y peor Lucho Dimas. Le aclaré a la chica que primero me dejaría a mí. La chica puso cara de resignación. Cruzamos el basural. Mientras yo pensaba en otra culebra de coca, Galleguillos algo nervioso me demostró que estaba para aparecer en la colección que partió con Chikatilo. Los gritos de la chica no me provocaron nada, tampoco la ira y movimientos de Galleguillos. Sólo quería volver al Renacer. Después de una hora volvimos. Eran como a las cuatro de la madrugada, pero podían ser la dos. Me tiré otra culebra. Antes, habíamos parado en la carretera.
Se llamaba Karina Trigo Fernández.
Wednesday, February 21, 2007
14.
Luis, el tipo que me arrienda la pieza, me preguntó si he visto al universitario de la pieza 2. No he tenido la suerte, le respondí. Hace varios días que Diango no aparece. Seguro que se gastó la plata de la mensualidad y no quiere verle la cara a Luis, quien aparenta ser una persona relajada aunque a nadie le gusta que lo jodan con plata. Luis dijo que dejará pasar esta semana-ya estamos a miércoles- y que el domingo, recién, le sacará todas sus pilchas a la calle. No me imaginó a ése gueón enojado. Es como pacífico, medio hippie, más artesano que hippie –lo de hippie puede sonar a vago-. Fabrica unos horribles zapatos de cuero y otras porquerías. Tiene su clientela, tipos como él. No me perderé, en todo caso, el desalojo.
Le pude dar el número del celular del universitario, si Luis, claro, me lo hubiera pedido, pero ignora mi vínculo con el chico. Mejor que sea de esa manera.
Le pude dar el número del celular del universitario, si Luis, claro, me lo hubiera pedido, pero ignora mi vínculo con el chico. Mejor que sea de esa manera.
Monday, February 19, 2007
13.
Lagos nos reunió cuando inauguró una multicancha en La Negra.
El papá de Marta Belmar, unas de las chicas desaparecidas, le entregó una carta al presidente. Las fotos de las chicas ya aparecían en los diarios, en televisión y en internet, aunque nadie hacía mucho caso. Marta, quince años, estudiante, tez morena, ojos café y pelo negro (además de la foto)… cualquier información comunicarse a los siguientes teléfonos… decían unos carteles pegoteados en los alrededores de la multicancha. A la chica se la había tragado la tierra al igual que a otras de la misma edad y de similares rasgos. El papá de Marta había relacionado los casos por eso puso lo que puso en la carta para el presidente. Un psicópata ni siquiera se le pasaba por la cabeza al ocupado Lagos. Tal vez Lagos nunca leyó la carta. En todo caso los diarios de Iquique publicaron completa la carta del papá de Marta.
Yo trabajaba para el diario; Galleguillos estaba con cara de asoleado junto a su mujer y sus hijastras en las graderías de la multicancha; un muy encorbatado Quispe sudaba y estrechaba su mano pequeña cuando podía a las autoridades pues por su condición de dirigente social era el que más cerca estaba del presidente; Marambio, en tanto, permanecía rígido como cualquier paco en una ceremonia oficial del gobierno.
Después supe que esa tarde también estaba Cristina, a quien la prensa bautizó como la niña heroína. Ella denunció a Galleguillos. Cristina era amiga de la hija mayor de Quispe. Vivían cerca e iban en el mismo curso: segundo medio en el liceo de Alto Hospicio. Cristina era menos bella en comparación a las víctimas. Era demasiado delgada (o casi anoréxica), senos pequeños –a diferencia del resto- y algo de acné en los pómulos. La hija de Quispe contaba que Cristina se acostó con varios camioneros paraguayos conocidos de su padre. Los paraguayos pernoctaban en sus camiones a la entrada de La Negra. Cristina y unas amigas –según la hija de Quispe- cobraban por chupárselo a los camioneros. Eran adictas a la pasta base.
Había faltado más de un mes a clases –contaba la hija de Quispe para Chilevisión-, pero la seguíamos viendo por ahí…
La espalda de Cristina o su cabeza encapuchada aparecieron en todos los canales de televisión. Recuerdo su casaca de jeans y sus botas de vaquero cuando unos orangutanes de la policía la condujeron a los tribunales. Parecía distinta, otra mujer. Quizás la policía o a esas alturas el ministerio del interior temió represalias. No la hubiera reconocido. Dudé que se tratara de la misma niña desaliñada que algunas veces me pidió plata cuando iba a ver a Quispe. Una noche Galleguillos le dio dos mil pesos.
No sé que mierda vio Galleguillos en ella. No obstante al tipo le asqueaban los camioneros paraguayos.
“Gracias a Cristina, a su valentía, terminó una de las historias policiales más sórdidas y aleccionadoras de los últimos años en Chile…" así presentaban el caso en la tv. Mi diario como el resto de los medios locales y nacionales subrayaban el ridículo que hizo la policía con sus prejuicios absurdos. Creyeron que eran putitas que partieron a Japón (o cualquier otro país desarrollado). Después Lagos dio disculpas públicas. Fue irrisorio lo de la policía, pero normal. Aquí siempre la condición social de la víctima pesó al momento de una investigación policial. De Galleguillos también se dijo de todo. Nada bueno (obvio). Pudieron averiguar sobre el (supuesto) talento artístico del psicópata, por ejemplo… a quién mierda le importaba que el hombre fuese un buen baterista o que alguna vez tocara todo un verano en el Casino de Arica junto a una banda tributo a la nueva ola. Al fin y al cabo Galleguillos había logrado ser conocido, famoso y célebre, un anhelo que buscó desde su adolescencia, según me contó.
Siempre admiró a Luis Dimas. Me reí en su cara. –Como vai a querer ser como ese gueón que parece una mala copia de Tom Jones-
-¿Quién es Tom Jones?- me dijo
-Es un gringo sudoroso, algo hinchado y de ojos saltones, que vende el cuento de animal sexual… sex bomb, sex bomb, sex bomb… así es su canción-
-…Tuve la oportunidad de conocer a Lucho Dimas. Fue en una presentación que realizó en el carnaval (de Iquique). Me dio la mano y me firmó este disco.-
Un twist de Lucho Dimas fue lo último que escuchó Marta. Cristina recordó una canción de Lucho Dimas en su declaración a los ratis.
El papá de Marta Belmar, unas de las chicas desaparecidas, le entregó una carta al presidente. Las fotos de las chicas ya aparecían en los diarios, en televisión y en internet, aunque nadie hacía mucho caso. Marta, quince años, estudiante, tez morena, ojos café y pelo negro (además de la foto)… cualquier información comunicarse a los siguientes teléfonos… decían unos carteles pegoteados en los alrededores de la multicancha. A la chica se la había tragado la tierra al igual que a otras de la misma edad y de similares rasgos. El papá de Marta había relacionado los casos por eso puso lo que puso en la carta para el presidente. Un psicópata ni siquiera se le pasaba por la cabeza al ocupado Lagos. Tal vez Lagos nunca leyó la carta. En todo caso los diarios de Iquique publicaron completa la carta del papá de Marta.
Yo trabajaba para el diario; Galleguillos estaba con cara de asoleado junto a su mujer y sus hijastras en las graderías de la multicancha; un muy encorbatado Quispe sudaba y estrechaba su mano pequeña cuando podía a las autoridades pues por su condición de dirigente social era el que más cerca estaba del presidente; Marambio, en tanto, permanecía rígido como cualquier paco en una ceremonia oficial del gobierno.
Después supe que esa tarde también estaba Cristina, a quien la prensa bautizó como la niña heroína. Ella denunció a Galleguillos. Cristina era amiga de la hija mayor de Quispe. Vivían cerca e iban en el mismo curso: segundo medio en el liceo de Alto Hospicio. Cristina era menos bella en comparación a las víctimas. Era demasiado delgada (o casi anoréxica), senos pequeños –a diferencia del resto- y algo de acné en los pómulos. La hija de Quispe contaba que Cristina se acostó con varios camioneros paraguayos conocidos de su padre. Los paraguayos pernoctaban en sus camiones a la entrada de La Negra. Cristina y unas amigas –según la hija de Quispe- cobraban por chupárselo a los camioneros. Eran adictas a la pasta base.
Había faltado más de un mes a clases –contaba la hija de Quispe para Chilevisión-, pero la seguíamos viendo por ahí…
La espalda de Cristina o su cabeza encapuchada aparecieron en todos los canales de televisión. Recuerdo su casaca de jeans y sus botas de vaquero cuando unos orangutanes de la policía la condujeron a los tribunales. Parecía distinta, otra mujer. Quizás la policía o a esas alturas el ministerio del interior temió represalias. No la hubiera reconocido. Dudé que se tratara de la misma niña desaliñada que algunas veces me pidió plata cuando iba a ver a Quispe. Una noche Galleguillos le dio dos mil pesos.
No sé que mierda vio Galleguillos en ella. No obstante al tipo le asqueaban los camioneros paraguayos.
“Gracias a Cristina, a su valentía, terminó una de las historias policiales más sórdidas y aleccionadoras de los últimos años en Chile…" así presentaban el caso en la tv. Mi diario como el resto de los medios locales y nacionales subrayaban el ridículo que hizo la policía con sus prejuicios absurdos. Creyeron que eran putitas que partieron a Japón (o cualquier otro país desarrollado). Después Lagos dio disculpas públicas. Fue irrisorio lo de la policía, pero normal. Aquí siempre la condición social de la víctima pesó al momento de una investigación policial. De Galleguillos también se dijo de todo. Nada bueno (obvio). Pudieron averiguar sobre el (supuesto) talento artístico del psicópata, por ejemplo… a quién mierda le importaba que el hombre fuese un buen baterista o que alguna vez tocara todo un verano en el Casino de Arica junto a una banda tributo a la nueva ola. Al fin y al cabo Galleguillos había logrado ser conocido, famoso y célebre, un anhelo que buscó desde su adolescencia, según me contó.
Siempre admiró a Luis Dimas. Me reí en su cara. –Como vai a querer ser como ese gueón que parece una mala copia de Tom Jones-
-¿Quién es Tom Jones?- me dijo
-Es un gringo sudoroso, algo hinchado y de ojos saltones, que vende el cuento de animal sexual… sex bomb, sex bomb, sex bomb… así es su canción-
-…Tuve la oportunidad de conocer a Lucho Dimas. Fue en una presentación que realizó en el carnaval (de Iquique). Me dio la mano y me firmó este disco.-
Un twist de Lucho Dimas fue lo último que escuchó Marta. Cristina recordó una canción de Lucho Dimas en su declaración a los ratis.
Tuesday, February 13, 2007
Bar Porno
Thursday, February 08, 2007
12.
J1: Te llegaron las fotos
Superhugo: Cuales
J1: La de la mina…
Superhugo: Estaba rica, pero no me interesa
J1: Adivina la edad
Superhugo: Mas de 18 aunque debe tener menos. No me interesa…
J1: Soy exigente gueon…. jajajajajajajajajaja
Superhugo: fijate en la foto bl1
J1: espera
Superhugo: llego la guevaá
J1: no pasa nada, cuéntame por mientras en qué estás…
Superhugo: trabajando en lo mío… no seas sapo
J1: está bien… me llegó la guevaá… seguí igual de depravado gueón.
Superhugo: jejejejejeje
J1: de cuándo es?
Superhugo: no seas sapo
J1: jejejeje… estai más cagao que yo, cochino… jejejeje
Superhugo: no me trati haci gueon… pero está rica… es de la semana pasada. Es ecuatoriana
J1: está rica gueon… Cuéntame como lo hacís
Superhugo: quedate tranquilo gueón, que después te envió más, chao.
Son las 19.30 horas. Este computador lo ocupó un marica. El gueón dejó varias páginas gays en el historial. Tengo la costumbre de leer el historial de los computadores donde trabajo, lo hago de sapo. Con todo los historiales que he visto puedo decir que somos un país de reprimidos. No todos, pero un porcentaje significativo, jejejeje… Supongo que este marica es un gueón de esos con familia, que tarde descubrió la estimulación prostática a través de la penetración anal. Razón para juntarse en secreto, como secta, por Chat con otros adictos al estímulo prostático. De ahí me explico las varias fotos de los tipos exhibiendo sus pijas, que encontré también en el historial. Otros salen tirando. Se ve que la pasan bien. Se dan duro los gueones. Uno tiene cara de dolor. Deben ser sus buenos centímetros (Recuerdo mi proyecto de bar (porno) "John Holmes" -en honor a ese mismo- ...en todo caso por ahora no tengo plata para ese tipo de empresas).
Si revisarán mi historial también encontrarían sorpresas… ¿Sorpresas? Jejeje (ando revoltoso). Superhugo es el responsable.
Tal vez cuando me vaya, el pelado del ciber revise mi historial o tal vez esté confabulado con esos periodistas mamones del programa “Contacto” o con los ratis. No me imagino a Superhugo como cazador de los ratis, pero por su pasado podría haber alguna conexión. Imagino al gueón como guardia de seguridad de un supermercado.
Superhugo: Cuales
J1: La de la mina…
Superhugo: Estaba rica, pero no me interesa
J1: Adivina la edad
Superhugo: Mas de 18 aunque debe tener menos. No me interesa…
J1: Soy exigente gueon…. jajajajajajajajajaja
Superhugo: fijate en la foto bl1
J1: espera
Superhugo: llego la guevaá
J1: no pasa nada, cuéntame por mientras en qué estás…
Superhugo: trabajando en lo mío… no seas sapo
J1: está bien… me llegó la guevaá… seguí igual de depravado gueón.
Superhugo: jejejejejeje
J1: de cuándo es?
Superhugo: no seas sapo
J1: jejejeje… estai más cagao que yo, cochino… jejejeje
Superhugo: no me trati haci gueon… pero está rica… es de la semana pasada. Es ecuatoriana
J1: está rica gueon… Cuéntame como lo hacís
Superhugo: quedate tranquilo gueón, que después te envió más, chao.
Son las 19.30 horas. Este computador lo ocupó un marica. El gueón dejó varias páginas gays en el historial. Tengo la costumbre de leer el historial de los computadores donde trabajo, lo hago de sapo. Con todo los historiales que he visto puedo decir que somos un país de reprimidos. No todos, pero un porcentaje significativo, jejejeje… Supongo que este marica es un gueón de esos con familia, que tarde descubrió la estimulación prostática a través de la penetración anal. Razón para juntarse en secreto, como secta, por Chat con otros adictos al estímulo prostático. De ahí me explico las varias fotos de los tipos exhibiendo sus pijas, que encontré también en el historial. Otros salen tirando. Se ve que la pasan bien. Se dan duro los gueones. Uno tiene cara de dolor. Deben ser sus buenos centímetros (Recuerdo mi proyecto de bar (porno) "John Holmes" -en honor a ese mismo- ...en todo caso por ahora no tengo plata para ese tipo de empresas).
Si revisarán mi historial también encontrarían sorpresas… ¿Sorpresas? Jejeje (ando revoltoso). Superhugo es el responsable.
Tal vez cuando me vaya, el pelado del ciber revise mi historial o tal vez esté confabulado con esos periodistas mamones del programa “Contacto” o con los ratis. No me imagino a Superhugo como cazador de los ratis, pero por su pasado podría haber alguna conexión. Imagino al gueón como guardia de seguridad de un supermercado.
Wednesday, February 07, 2007
11.
Compré un disco de grandes éxitos de David Bowie. No escuchaba a Bowie desde que estaba con Natalia. Recuerdo algunas cosas buenas de ella, mientras por la radio suena Ashes to Ashes. La chica no se complicó para cambiar la Corazón. El problema de este ciber es que desde todos los rincones se puede ver tu pantalla. No es apto para pedófilos.
Natalia está en Santiago. La he visto por televisión como periodista de un programa de farándula. Está más gorda, más rubia. Hace dos años que no hablamos. Esa vez me mandó a la mierda. La llamé -del diario- para contarle que estaba con Cristián Soto, un gueón que fue compañero nuestro en la universidad. A Soto lo había enviado La Nación para hacer un reportaje sobre las desapariciones en Alto Hospicio. Natalia tenía razones para odiarme. Por eso no le será extraña mi amistad con Galleguillos -si llega a leer esto -. Recuerdo que en octubre –no sé de qué año- su familia me echó. No hizo nada para reternerme. Siempre las cagadas pasan en dos minutos. Natalia tiene una hermana menor. Pamela debe tener ahora 17 años.
Acompañé a Soto y su fotógrafo a Alto Hospicio. Esa vez nos entrevistamos con la mamá de María Elizabeth Caces Godoy. La mujer habló pestes de Quispe. Soto anotaba que Quispe atraía a personajes extraños a La Negra, como bolivianos o paraguayos -todos camioneros que trasladaban carga desde la Zofri hacia sus países-. Los camioneros eran clientes del rancho “Renacer”.
Después nos fuimos al “Renacer”. Quispe le ofreció el copete gratis. Soto sólo reía -de inrédulo-. En medio de una botella Jack Daniels, Soto abrazó a una de las chicas. Después la besó y se fueron. Yo me quedé con el fotógrafo. Se llamaba Alvaro. Quispe me dijo que el gueón parecía rati. Nada. El gueón sólo quería coca. Se quedó con las ganas. Cuando traté de comprar apareció el famoso capitán Hugo Marambio, de la comisaría de Alto Hospicio. Era habitué del “Renacer”. Evidente podía ser el interés de Quispe hacía el paco, sin embargo entre los dos hombres había cierta amistad o complicidad. Las fiestas con putas del “Renacer” en la comisaría eran comentario en Alto Hospicio. Comenzaban después que cerraban los locales nocturnos, como a las 5 de la madrugada. La ciudad quedaba sin resguardo policial. A esa hora, varias veces con Galleguillos contemplamos desde el auto riñas y asaltos.En una ocasión mi compañero (no me creo lo de compañero... ) me detuvo cuando estuve a punto de socorrer a una mujer, parecía borracha, que estaba siendo pateada en el suelo por un gueón de mierda. Al final Galleguillos aceleró el auto y sin asco se lo tiró. El gueón salió volando. Quedó con la cabeza tendida en la cuneta. Sangraba por la nariz. Parecía inconsciente. La mujer alcanzó a escapar de la embestida, pero Galleguillos la alcanzó a pie. Con una mano le agarró el cuello y le azotó la cabeza con la muralla. Cálmate gueón, le grité. Encendí un cigarro. La mujer tuvo la mala idea de decirle: “cálmase papito…cálmese” ...Así que puta... gueona, maraca… puta, puta… le dijo con ira. Me pidió el cigarro y lo apagó en el párpado de la puta, mientras la insultaba. Una vieja sapa de un departamento cercano amenazó con los pacos. Galleguillos le gritó que éramos ratis.En el auto me dijo que esos gueones nunca más saldrán a guear de madrugada. Te creís Batman, le dije. Se río. Bajé el vidrio y encendí otro cigarro. El ruido de unos pájaros era señal que estaba por amanecer.Mary Lobera me había contado que a Marambio le gustaba tirarse a mujeres morenas, en especial peruanas o ecuatorianas. De ahí su ligazón con una ecuatoriana llamada Carola -según me enteré después-. La sacó del “Renacer” y la mantuvo por varios meses en un departamento nuevo -de esos por subsidio del gobierno- ubicado en la avenida Los Cóndores. Al igual que Mary y el resto de las chicas, nadie supo qué mierda pasó con la ecuatoriana. Nunca llegó de vuelta al “Renacer”. Galleguillos me dejó marcando ocupado cuando me porfió que vio a la ecuatoriana caminando de noche cerca del Casino de Iquique. Tal vez se confundió. Había varias mujeres como Carola en Iquique. Cada vez llegaban más extranjeros.Marambio era un tipo afable, poco rígido en comparación a otros pacos y bastante amistoso. Tenía mucha llegada con la gente de la ciudad, no así en las tomas de terreno. Los radiopatrullas llegaban a las tomas sólo cuando había algún crimen. En La Negra vivían más de cinco mil personas. También estaban las tomas de El Boro y la autoconstrucción. Alrededor de quince mil personas vivían sin ningún tipo de resguardo policial, escribió Soto en el reportaje que sacó para su diario. Después de la cuarta desaparición un grupo de vecinos de La Negra se organizó en grupos de vigilancia. Además de las sospechas de un posible sicópata, en la toma eran habituales las violaciones, las riñas entre pandillas de adolescentes y el microtráfico de pasta base y paraguayo –marihuana prensada-.El lapso entre la cuarta desaparecida y la quinta fue de cinco meses. El tiempo más extenso, tal vez por la aparición de esa junta de viejos borrachos. Los viejos andaban con palos y cuchillos. Sin embargo el grupo no llegaba al basural.María Elizabeth estaba en cuarto medio del Liceo de Alto Hospicio. Su familia había llegado de Santiago. Se instalaron en La Negra y allí esperaban una mejor oportunidad. Su padrastro trabajaba en Iquique como guachimán, mientras su madre se quedaba al cuidado de sus tres hermanos menores. Galleguillos me presentó a María Elizabeth. Cuando podía la llevaba gratis al liceo.Una madrugada la encontramos en Iquique, en los estacionamientos de la discoteca Pharos. Galleguillos le hizo una seña y ella se acercó a saludarlo. La mirada celosa de su pololo, un flaco con pose de rapero marginal impidió que subiera al auto. Ya la veía sentada en mis muslos, gimiendo. Su cabello era negro y le llegaba hasta la cintura. Su rostro era algo redondo, pero conjugaba bien con sus grandes ojos café claros. Sus tetas eran grandes y parecían blandas.Galleguillos le dijo que la podía llevar gratis a Alto Hospicio, pero sola.
Soto y Alvaro, en cambio, la pegaron a Galleguillos $5 mil pesos para que los llevara del Renacer hasta el Hotel Charlie Inn de Iquique.
La mina volvió a la Radio Corazón.
Natalia está en Santiago. La he visto por televisión como periodista de un programa de farándula. Está más gorda, más rubia. Hace dos años que no hablamos. Esa vez me mandó a la mierda. La llamé -del diario- para contarle que estaba con Cristián Soto, un gueón que fue compañero nuestro en la universidad. A Soto lo había enviado La Nación para hacer un reportaje sobre las desapariciones en Alto Hospicio. Natalia tenía razones para odiarme. Por eso no le será extraña mi amistad con Galleguillos -si llega a leer esto -. Recuerdo que en octubre –no sé de qué año- su familia me echó. No hizo nada para reternerme. Siempre las cagadas pasan en dos minutos. Natalia tiene una hermana menor. Pamela debe tener ahora 17 años.
Acompañé a Soto y su fotógrafo a Alto Hospicio. Esa vez nos entrevistamos con la mamá de María Elizabeth Caces Godoy. La mujer habló pestes de Quispe. Soto anotaba que Quispe atraía a personajes extraños a La Negra, como bolivianos o paraguayos -todos camioneros que trasladaban carga desde la Zofri hacia sus países-. Los camioneros eran clientes del rancho “Renacer”.
Después nos fuimos al “Renacer”. Quispe le ofreció el copete gratis. Soto sólo reía -de inrédulo-. En medio de una botella Jack Daniels, Soto abrazó a una de las chicas. Después la besó y se fueron. Yo me quedé con el fotógrafo. Se llamaba Alvaro. Quispe me dijo que el gueón parecía rati. Nada. El gueón sólo quería coca. Se quedó con las ganas. Cuando traté de comprar apareció el famoso capitán Hugo Marambio, de la comisaría de Alto Hospicio. Era habitué del “Renacer”. Evidente podía ser el interés de Quispe hacía el paco, sin embargo entre los dos hombres había cierta amistad o complicidad. Las fiestas con putas del “Renacer” en la comisaría eran comentario en Alto Hospicio. Comenzaban después que cerraban los locales nocturnos, como a las 5 de la madrugada. La ciudad quedaba sin resguardo policial. A esa hora, varias veces con Galleguillos contemplamos desde el auto riñas y asaltos.En una ocasión mi compañero (no me creo lo de compañero... ) me detuvo cuando estuve a punto de socorrer a una mujer, parecía borracha, que estaba siendo pateada en el suelo por un gueón de mierda. Al final Galleguillos aceleró el auto y sin asco se lo tiró. El gueón salió volando. Quedó con la cabeza tendida en la cuneta. Sangraba por la nariz. Parecía inconsciente. La mujer alcanzó a escapar de la embestida, pero Galleguillos la alcanzó a pie. Con una mano le agarró el cuello y le azotó la cabeza con la muralla. Cálmate gueón, le grité. Encendí un cigarro. La mujer tuvo la mala idea de decirle: “cálmase papito…cálmese” ...Así que puta... gueona, maraca… puta, puta… le dijo con ira. Me pidió el cigarro y lo apagó en el párpado de la puta, mientras la insultaba. Una vieja sapa de un departamento cercano amenazó con los pacos. Galleguillos le gritó que éramos ratis.En el auto me dijo que esos gueones nunca más saldrán a guear de madrugada. Te creís Batman, le dije. Se río. Bajé el vidrio y encendí otro cigarro. El ruido de unos pájaros era señal que estaba por amanecer.Mary Lobera me había contado que a Marambio le gustaba tirarse a mujeres morenas, en especial peruanas o ecuatorianas. De ahí su ligazón con una ecuatoriana llamada Carola -según me enteré después-. La sacó del “Renacer” y la mantuvo por varios meses en un departamento nuevo -de esos por subsidio del gobierno- ubicado en la avenida Los Cóndores. Al igual que Mary y el resto de las chicas, nadie supo qué mierda pasó con la ecuatoriana. Nunca llegó de vuelta al “Renacer”. Galleguillos me dejó marcando ocupado cuando me porfió que vio a la ecuatoriana caminando de noche cerca del Casino de Iquique. Tal vez se confundió. Había varias mujeres como Carola en Iquique. Cada vez llegaban más extranjeros.Marambio era un tipo afable, poco rígido en comparación a otros pacos y bastante amistoso. Tenía mucha llegada con la gente de la ciudad, no así en las tomas de terreno. Los radiopatrullas llegaban a las tomas sólo cuando había algún crimen. En La Negra vivían más de cinco mil personas. También estaban las tomas de El Boro y la autoconstrucción. Alrededor de quince mil personas vivían sin ningún tipo de resguardo policial, escribió Soto en el reportaje que sacó para su diario. Después de la cuarta desaparición un grupo de vecinos de La Negra se organizó en grupos de vigilancia. Además de las sospechas de un posible sicópata, en la toma eran habituales las violaciones, las riñas entre pandillas de adolescentes y el microtráfico de pasta base y paraguayo –marihuana prensada-.El lapso entre la cuarta desaparecida y la quinta fue de cinco meses. El tiempo más extenso, tal vez por la aparición de esa junta de viejos borrachos. Los viejos andaban con palos y cuchillos. Sin embargo el grupo no llegaba al basural.María Elizabeth estaba en cuarto medio del Liceo de Alto Hospicio. Su familia había llegado de Santiago. Se instalaron en La Negra y allí esperaban una mejor oportunidad. Su padrastro trabajaba en Iquique como guachimán, mientras su madre se quedaba al cuidado de sus tres hermanos menores. Galleguillos me presentó a María Elizabeth. Cuando podía la llevaba gratis al liceo.Una madrugada la encontramos en Iquique, en los estacionamientos de la discoteca Pharos. Galleguillos le hizo una seña y ella se acercó a saludarlo. La mirada celosa de su pololo, un flaco con pose de rapero marginal impidió que subiera al auto. Ya la veía sentada en mis muslos, gimiendo. Su cabello era negro y le llegaba hasta la cintura. Su rostro era algo redondo, pero conjugaba bien con sus grandes ojos café claros. Sus tetas eran grandes y parecían blandas.Galleguillos le dijo que la podía llevar gratis a Alto Hospicio, pero sola.
Soto y Alvaro, en cambio, la pegaron a Galleguillos $5 mil pesos para que los llevara del Renacer hasta el Hotel Charlie Inn de Iquique.
La mina volvió a la Radio Corazón.
Monday, February 05, 2007
10.
Una taxista me dejó a media cuadra de aquí. Fue raro el viaje. Representaba como 40 años, delgada, pelo teñido de tono cobrizo y un escote generoso. Los Ray- Ban le daban la necesaria cuota de misterio.
Escuchaba una radio de música romántica, creo que la Corazón. Cuando me entregó las monedas del vuelto me dijo que prefería los días nublados. Yo igual, le dije. Por un segundo dejó de mirar el camino.
Pensé que me agarraría el paquete. Luego me vi con ella en una posición incómoda en su auto con la misma canción de fondo. Habría preferido un hotel. La canción era de Christian Castro, según el locutor.
Quise echarle mierda al sol cuando nos detuvimos en un semáforo, pero me desorienté al ver a dos putas entrar al Centro de Enfermedades del Transmisión Sexual del Hospital. Eran las 10.30 e iban a control.
La chica que atiende este ciber escucha la misma radio de la taxista. En comparación con la taxista, la chica es una niña. Supongo que son 20 años de diferencia. Cuando esta chica tenga 40 años recién Galleguillos podrá acceder a algún tipo de libertad.
La justicia no alcanzó para ese gueón, me dijo Toña cuando hablamos sobre los crímenes. Es una burla para la gente estar alimentando a ese gueón con fondos fiscales. Es una vergüenza que no exista pena de muerte para exterminar a este tipo de basura, mierda humana, caca... Conmigo era tierna.
Galleguillos, medio en broma, tuvo el descaro de dudar de mi por la desaparición de Mary. Esa tarde Quispe me había entregado un paquete para que lo repartiera entre unos conocidos suyos de la población Jorge Inostrosa de Iquique. Me sorprendió su llamada. Eran las 15 horas –más o menos- y yo estaba en el diario. Me pagó 50 mil pesos por el encargo. Aproveché para que también me dijera algo -por su condición de dirigente social- sobre la seguridad en La Negra. Ya eran tres (o más) las chicas desaparecidas. Quispe también era papá de dos niñas. El paso siguiente fue llamar a Galleguillos. De entrada me dijo que estaba apurado porque tenía que ir a buscar a su mujer a la municipalidad. En Juan Martínez con Thompson bajó una pasajera y seguimos por Tarapacá. Me preguntó algo de las gemelas Campos. No recuerdo bien. Estaba obsesionado con Daniella Campos. Antes que me dejara en el centro, me tiró la pelota con Mary. Le dije que no fuera gueón. Se río.
La taxista usaba unas botas a la pantorrilla. Me fijé cuando frenó. Restaban como dos cuadras para llegar. Las botas son un buen fetiche. La imaginé desnuda, con la mitad del cuerpo recostado en un mesa, con su cola parada en dirección a mi sexo y con las botas puestas.
Pensé en pagarle los cuatro pasajes del taxi y seguir hasta el final del recorrido. En el trayecto podría proponerle algo. El viaje fue un agrado, le dije. No es el único que me dice eso, me contestó. Chao. Se despidió con una sonrisilla coqueta dibujada en el rostro. Tendré que verla otra vez.
Escuchaba una radio de música romántica, creo que la Corazón. Cuando me entregó las monedas del vuelto me dijo que prefería los días nublados. Yo igual, le dije. Por un segundo dejó de mirar el camino.
Pensé que me agarraría el paquete. Luego me vi con ella en una posición incómoda en su auto con la misma canción de fondo. Habría preferido un hotel. La canción era de Christian Castro, según el locutor.
Quise echarle mierda al sol cuando nos detuvimos en un semáforo, pero me desorienté al ver a dos putas entrar al Centro de Enfermedades del Transmisión Sexual del Hospital. Eran las 10.30 e iban a control.
La chica que atiende este ciber escucha la misma radio de la taxista. En comparación con la taxista, la chica es una niña. Supongo que son 20 años de diferencia. Cuando esta chica tenga 40 años recién Galleguillos podrá acceder a algún tipo de libertad.
La justicia no alcanzó para ese gueón, me dijo Toña cuando hablamos sobre los crímenes. Es una burla para la gente estar alimentando a ese gueón con fondos fiscales. Es una vergüenza que no exista pena de muerte para exterminar a este tipo de basura, mierda humana, caca... Conmigo era tierna.
Galleguillos, medio en broma, tuvo el descaro de dudar de mi por la desaparición de Mary. Esa tarde Quispe me había entregado un paquete para que lo repartiera entre unos conocidos suyos de la población Jorge Inostrosa de Iquique. Me sorprendió su llamada. Eran las 15 horas –más o menos- y yo estaba en el diario. Me pagó 50 mil pesos por el encargo. Aproveché para que también me dijera algo -por su condición de dirigente social- sobre la seguridad en La Negra. Ya eran tres (o más) las chicas desaparecidas. Quispe también era papá de dos niñas. El paso siguiente fue llamar a Galleguillos. De entrada me dijo que estaba apurado porque tenía que ir a buscar a su mujer a la municipalidad. En Juan Martínez con Thompson bajó una pasajera y seguimos por Tarapacá. Me preguntó algo de las gemelas Campos. No recuerdo bien. Estaba obsesionado con Daniella Campos. Antes que me dejara en el centro, me tiró la pelota con Mary. Le dije que no fuera gueón. Se río.
La taxista usaba unas botas a la pantorrilla. Me fijé cuando frenó. Restaban como dos cuadras para llegar. Las botas son un buen fetiche. La imaginé desnuda, con la mitad del cuerpo recostado en un mesa, con su cola parada en dirección a mi sexo y con las botas puestas.
Pensé en pagarle los cuatro pasajes del taxi y seguir hasta el final del recorrido. En el trayecto podría proponerle algo. El viaje fue un agrado, le dije. No es el único que me dice eso, me contestó. Chao. Se despidió con una sonrisilla coqueta dibujada en el rostro. Tendré que verla otra vez.
Saturday, January 27, 2007
Absurda caricatura de sicópata

...aunque tiene un parecido físico a Chikatilo. Tal vez se inspiraron en la imagen de Chikatilo. Compara las fotos-dije.-Es viejo, tiene poca fuerza, es fino, medio maricón... en esta guevada hay que tener fuerza. ¿Cómo se llama el actor?- dijo-
Anthony Hopkins, es inglés. Es un gran actor, pero se funó con esto de sicópata.-dije.
Wednesday, January 24, 2007
Iquique desde Alto Hospicio
9.
Retomé algunos hábitos.
Dejé de fumar cuando me detectaron la enfermedad, supongo que por un impulso de autoprotección. De madrugada sentí el tufo en la pensión. No se sorprendió cuando abrió la puerta. Diango es universitario y escucha rock clásico (Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin... ). Tenía la mitad de una botella de ron. Fui a comprar una Coca Cola. Su habitación estaba más ordenada cuando llegué. Había encendido su aparatoso ventilador que me recordó a las aspas de los aviones caza japoneses tipo Segunda Guerra Mundial. Tenía una manera de fumar rara, compulsiva, de drogadicto decadente. Hizo una mueca de risa cuando tosí. Baja el volumen, me dijo como burlándose.
Después hablamos de estupideces como que Ozzy hizo bien salirse de Black Sabbath, de la panza de Ozzy, de los insecticidas mata cucarachas y de lo malo que era el ron nacional. Ya medio borracho me dijo que le parecía extraño no verme trabajar. Quedó conforme con la respuesta.
Hemos seguido conversando durante estas noches. Me presentó a sus amigos. Todos transmiten en lo mismo: rock, zorras, películas freak e infantiles historias de lo que hicieron cuando andaban duros. Todavía no han visto a Toña. Todos se ponen igual de imbéciles cuando fuman. Y van por más. Mi vida de universitario fue distinta aunque no sé si mejor o peor que la de estos guevones. Valparaíso estaba más cerca de Santiago, por lo menos. Tuvieron mala suerte.
Uno de los chicos dijo que venía la cuarta parte de Hannibal Lecter ¿Te daría asco comerte a alguien? propuso. Otro se acordó de los rugbistas uruguayos que todavía lucran con su repetida historia caníbal. Salió, también, el vino chileno que utilizó el caníbal de Rotemburgo. El imbécil de Galleguillos me preguntó por el vino que tomó el caníbal y su pololo. Le dije que era Gato Negro, cabernet souvignon del 2001.... Imagino que lo compró. El cadáver de Gretel Contreras Céspedes le faltaban varias partes de su cuerpo a diferencia de las otras chicas. No tenía los glúteos ni las orejas.
Vengo de un tour por los ciber del centro. La mayoría baratos. Malos. Desde tu computador podías ver al resto. Por las pantallas de los pajeros desfilaban gringas porristas con cara de cachondas, el gmail, la página de Colo Colo, suásticas, avisos de putas, el hotmail, fotolog de pendejas y una serie de guevadas que no recuerdo.
Primera vez que el pelado me saluda. Bien. Entendió que soy un buen cliente. Ya aparecerá Superhugo.
La policía culpó a los bichos cuando encontraron el masticado cadáver de Gretel. Los ratones o los perros habían destrozado el cadáver de la alumna de tercero medio del Liceo de Alto Hospicio, dijeron. Su cabello era castaño, algo rubio como del color del trigo y unos pequeños, pero dulces ojos café. Tenía tres hermanos –era la última- y su familia no exhibía apuros económicos.
El basural de las tomas estaba a pocos metros del pique donde aparecieron las chicas. Galleguillos con las manos encadenadas fue quien condujo a la policía. Era un sitio asqueroso como todo basural, pero no parecía problema para quienes se peleaban por la basura. Los niños eran felices con los yogurth vencidos que botaba el camión del supermercado, al igual que las mujeres con los pollos podridos. Esos mismos niños le arrojaron frutas podridas al sicópata cuando bajó del carro de Gendarmería.
Para la policía pensar en canibalismo era una fantasía tipo Hannibal Lecter. El forense del médico legal estaba más preocupado de las infidelidades de su mujer, que de hacer su trabajo. Una vez su mujer llegó al diario quejándose que su marido la maltrataba. No publicamos nada para cuidar la fuente del médico legal. El tipo se portaba bien con los datos.
Una noche mientras yo fumaba a un costado de la carretera de Alto Hospicio a Iquique, Galleguillos dijo que a Hannibal Lecter no habría durado nada en Alto Hospicio.
-Primero se lo comen a él- dijo riéndose.
-Salen sus buenos bistec... Es medio gordo, fino y hasta maraco- dije.
-Es una absurda caricatura de sicópata- dijo limpiándose las manos con un trapo empapado de bencina, mientras su vista se perdía en las luces amarillas del dibujo de Iquique.
-Pienso igual, aunque tiene un parecido físico a Chikatilo. Tal vez se inspiraron en la imagen de Chikatilo. Compara las fotos-dije.
-Es viejo, tiene poca fuerza, es delicado... en esta guevada hay que tener fuerza. ¿Cómo se llama el actor?- dijo
-Anthony Hopkins, es inglés. Es un buen actor, famoso, con premios y todo eso, pero se funó con esto de sicópata.-dije.
Son las 23 horas, y Superhugo recién da señales.
Dejé de fumar cuando me detectaron la enfermedad, supongo que por un impulso de autoprotección. De madrugada sentí el tufo en la pensión. No se sorprendió cuando abrió la puerta. Diango es universitario y escucha rock clásico (Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin... ). Tenía la mitad de una botella de ron. Fui a comprar una Coca Cola. Su habitación estaba más ordenada cuando llegué. Había encendido su aparatoso ventilador que me recordó a las aspas de los aviones caza japoneses tipo Segunda Guerra Mundial. Tenía una manera de fumar rara, compulsiva, de drogadicto decadente. Hizo una mueca de risa cuando tosí. Baja el volumen, me dijo como burlándose.
Después hablamos de estupideces como que Ozzy hizo bien salirse de Black Sabbath, de la panza de Ozzy, de los insecticidas mata cucarachas y de lo malo que era el ron nacional. Ya medio borracho me dijo que le parecía extraño no verme trabajar. Quedó conforme con la respuesta.
Hemos seguido conversando durante estas noches. Me presentó a sus amigos. Todos transmiten en lo mismo: rock, zorras, películas freak e infantiles historias de lo que hicieron cuando andaban duros. Todavía no han visto a Toña. Todos se ponen igual de imbéciles cuando fuman. Y van por más. Mi vida de universitario fue distinta aunque no sé si mejor o peor que la de estos guevones. Valparaíso estaba más cerca de Santiago, por lo menos. Tuvieron mala suerte.
Uno de los chicos dijo que venía la cuarta parte de Hannibal Lecter ¿Te daría asco comerte a alguien? propuso. Otro se acordó de los rugbistas uruguayos que todavía lucran con su repetida historia caníbal. Salió, también, el vino chileno que utilizó el caníbal de Rotemburgo. El imbécil de Galleguillos me preguntó por el vino que tomó el caníbal y su pololo. Le dije que era Gato Negro, cabernet souvignon del 2001.... Imagino que lo compró. El cadáver de Gretel Contreras Céspedes le faltaban varias partes de su cuerpo a diferencia de las otras chicas. No tenía los glúteos ni las orejas.
Vengo de un tour por los ciber del centro. La mayoría baratos. Malos. Desde tu computador podías ver al resto. Por las pantallas de los pajeros desfilaban gringas porristas con cara de cachondas, el gmail, la página de Colo Colo, suásticas, avisos de putas, el hotmail, fotolog de pendejas y una serie de guevadas que no recuerdo.
Primera vez que el pelado me saluda. Bien. Entendió que soy un buen cliente. Ya aparecerá Superhugo.
La policía culpó a los bichos cuando encontraron el masticado cadáver de Gretel. Los ratones o los perros habían destrozado el cadáver de la alumna de tercero medio del Liceo de Alto Hospicio, dijeron. Su cabello era castaño, algo rubio como del color del trigo y unos pequeños, pero dulces ojos café. Tenía tres hermanos –era la última- y su familia no exhibía apuros económicos.
El basural de las tomas estaba a pocos metros del pique donde aparecieron las chicas. Galleguillos con las manos encadenadas fue quien condujo a la policía. Era un sitio asqueroso como todo basural, pero no parecía problema para quienes se peleaban por la basura. Los niños eran felices con los yogurth vencidos que botaba el camión del supermercado, al igual que las mujeres con los pollos podridos. Esos mismos niños le arrojaron frutas podridas al sicópata cuando bajó del carro de Gendarmería.
Para la policía pensar en canibalismo era una fantasía tipo Hannibal Lecter. El forense del médico legal estaba más preocupado de las infidelidades de su mujer, que de hacer su trabajo. Una vez su mujer llegó al diario quejándose que su marido la maltrataba. No publicamos nada para cuidar la fuente del médico legal. El tipo se portaba bien con los datos.
Una noche mientras yo fumaba a un costado de la carretera de Alto Hospicio a Iquique, Galleguillos dijo que a Hannibal Lecter no habría durado nada en Alto Hospicio.
-Primero se lo comen a él- dijo riéndose.
-Salen sus buenos bistec... Es medio gordo, fino y hasta maraco- dije.
-Es una absurda caricatura de sicópata- dijo limpiándose las manos con un trapo empapado de bencina, mientras su vista se perdía en las luces amarillas del dibujo de Iquique.
-Pienso igual, aunque tiene un parecido físico a Chikatilo. Tal vez se inspiraron en la imagen de Chikatilo. Compara las fotos-dije.
-Es viejo, tiene poca fuerza, es delicado... en esta guevada hay que tener fuerza. ¿Cómo se llama el actor?- dijo
-Anthony Hopkins, es inglés. Es un buen actor, famoso, con premios y todo eso, pero se funó con esto de sicópata.-dije.
Son las 23 horas, y Superhugo recién da señales.
Friday, January 19, 2007
8.
Sentí sus dedos tibios sobre mis ojos. Me besó profundamente como para confirmarme sus intenciones. Luego con una de sus manos apretó mi pene y soltó una carcajada pícara, de niña mala. Pensé que su llegada media hora antes de lo pactado, respondía a que su pololo la había dejado botada después de metérselo en el baño del mall. Y ella, la muy caliente, no había encontrado mejor destino que buscar su orgasmo conmigo. Llegó en mal momento. Sostenía un chateo con Superhugo23. Me costó ubicarlo, pero al final se acordó y ya me contaba sobre sus placeres.
Pasaron dos semanas de nuestro último encuentro con Toña. Estaba aburrido de masturbarme. Pensaba en visitar a una puta aunque eso me significaba perder 30 lucas. Y ahí estaba: sentada en mi muslo, con el brillo del sudor en sus hombros, con sus dedos largos y atenazadores, con su fino cabello castaño sujeto con un cole, con su cuello olor a perfume barato y con la palabra “Placebo” que tanto me gusta chupar tatuada debajo de su ombligo. Quería irse rápido. Pendeja caliente. Justo estaba convenciendo a Superhugo para que mandara una foto de su colección. Tal vez Toña pueda resultar una buena moneda de cambio con Superhugo. El problema es que Toña representa más años de los que tiene.
Superhugo dice vivir en Colombia aunque creo que puede estar dos computadores detrás de mí o puede ser un cazador de los detectives o puede ser el pelado del ciber que expele un halo sugestivo cuando está frente al ordenador. Toña dice que el pelado tiene cara de degenerado, que la mira como degenerado y que habla como degenerado. No sé qué experiencia tenga ella con los degenerados. Pero según lo que viví con Galleguillos y otros, puedo decir que las apariencias engañan. A diferencia de este pelado -que más parece un milico o paco retirado-, Galleguillos pasaba por un hombre normal aunque un poco tímido, más bien inseguro, a la hora de relacionarse con el resto. No era de esos taxistas preguntones y amistosos. Me dijo que no le gustaba hablar con los pasajeros. Menos con la gente de las tomas de Alto Hospicio. Los encontraba rotos, pobres, mala clase y hediondos. Y sin embargo eran sus vecinos. Galleguillos no parecía de las tomas. ”. A pesar de la falta de agua del lugar siempre andaba bien afeitado, con el pelo limpio y con olor a “Fahrenheit”. Una vez el auto apestaba a patas. Él mismo se excusó explicando que eran sus zapatos de fútbol. Sus compañeros de equipo también dudaron cuando Galleguillos apareció como el culpable de los asesinatos.
El pelado me pasó de mala gana las cuatro Duracell para la Canon. A Toña, en cambio, le dijo “gracias señorita”, después de pasarle los Kent 4. Cuando al minuto Toña, volvió a buscar el celular, me dijo que el pelado de mierda le preguntó su edad. Toña se hizo la sorda. Creo que me cambiaré de ciber.
Me gusta hacerle sexo a Toña con el colaless puesto. Se ve exquisita en las fotos. La que más me gustó es una en que aparece tirada en la cama con su trasero bien parado. Esa noche no usamos preservativo.
Buscar ciber, es como buscar una buena pensión. Son las 11.33 y estoy en un ciber donde los computadores están encadenados al piso. Parece una sala de tortura. Espero repuesta de Superhugo por las fotos...
Pasaron dos semanas de nuestro último encuentro con Toña. Estaba aburrido de masturbarme. Pensaba en visitar a una puta aunque eso me significaba perder 30 lucas. Y ahí estaba: sentada en mi muslo, con el brillo del sudor en sus hombros, con sus dedos largos y atenazadores, con su fino cabello castaño sujeto con un cole, con su cuello olor a perfume barato y con la palabra “Placebo” que tanto me gusta chupar tatuada debajo de su ombligo. Quería irse rápido. Pendeja caliente. Justo estaba convenciendo a Superhugo para que mandara una foto de su colección. Tal vez Toña pueda resultar una buena moneda de cambio con Superhugo. El problema es que Toña representa más años de los que tiene.
Superhugo dice vivir en Colombia aunque creo que puede estar dos computadores detrás de mí o puede ser un cazador de los detectives o puede ser el pelado del ciber que expele un halo sugestivo cuando está frente al ordenador. Toña dice que el pelado tiene cara de degenerado, que la mira como degenerado y que habla como degenerado. No sé qué experiencia tenga ella con los degenerados. Pero según lo que viví con Galleguillos y otros, puedo decir que las apariencias engañan. A diferencia de este pelado -que más parece un milico o paco retirado-, Galleguillos pasaba por un hombre normal aunque un poco tímido, más bien inseguro, a la hora de relacionarse con el resto. No era de esos taxistas preguntones y amistosos. Me dijo que no le gustaba hablar con los pasajeros. Menos con la gente de las tomas de Alto Hospicio. Los encontraba rotos, pobres, mala clase y hediondos. Y sin embargo eran sus vecinos. Galleguillos no parecía de las tomas. ”. A pesar de la falta de agua del lugar siempre andaba bien afeitado, con el pelo limpio y con olor a “Fahrenheit”. Una vez el auto apestaba a patas. Él mismo se excusó explicando que eran sus zapatos de fútbol. Sus compañeros de equipo también dudaron cuando Galleguillos apareció como el culpable de los asesinatos.
El pelado me pasó de mala gana las cuatro Duracell para la Canon. A Toña, en cambio, le dijo “gracias señorita”, después de pasarle los Kent 4. Cuando al minuto Toña, volvió a buscar el celular, me dijo que el pelado de mierda le preguntó su edad. Toña se hizo la sorda. Creo que me cambiaré de ciber.
Me gusta hacerle sexo a Toña con el colaless puesto. Se ve exquisita en las fotos. La que más me gustó es una en que aparece tirada en la cama con su trasero bien parado. Esa noche no usamos preservativo.
Buscar ciber, es como buscar una buena pensión. Son las 11.33 y estoy en un ciber donde los computadores están encadenados al piso. Parece una sala de tortura. Espero repuesta de Superhugo por las fotos...
Friday, January 12, 2007
7.
Yo tuve sexo con Mary Lovera. Tres veces. Dos en el “El Renacer”: media hora en una habitación pequeña y oscura –hedionda a humedad-, mientras Galleguillos me esperaba en el taxi. Le decía que una puta me lo había chupado por diez lucas. Ponía cara de asco. Odiaba a las putas. Decía medio en broma que eran cochinas, que sus vaginas era un pozo séptico.
La tercera vez con Mary fue en un motel, en Iquique. Respondió con su voz de niña cuando le propuse la cita. Me había dado un número de teléfono en “El Renacer”. Era un martes, la noche estaba tranquila y calurosa. Me habían pagado. Nos encontramos como a las 22 horas a un costado del Hotel Gavina. Vestía una camiseta ajustada con un estampado de la Sirenita y una falda corta que dejaba sus morenas piernas desnudas. Tenía el cuerpo duro –el abdomen plano- como cualquier chica de su edad y las tetas suaves. Le brotaba leche por el amamantamiento. Fuimos a comer mariscos a un restaurante que la incomodó –tal vez se asustó con alguien-, después a un pub y terminamos en el motel. Yo estaba medio borracho. Le juré que la volvería a ver. Se movía bien, como Toña. Tal vez llame a Toña. Son las 17 horas… me la imagino en la plazoleta que hay en el mall, donde se reúnen chicos como ella a tomar helado. Hace una semana que no la veo. La última vez me habló de un chico.
El único amor de Mary era su hijo. El niño le decía mamá a la abuela.
Con las fotos de su cadáver recién me convencí que estaba muerta. En ese momento quise matar al asesino. La identificaron por el pequeño tatuaje de una Biblia que tenía en su hombro derecho. La identificación del resto de las chicas fue más complicada. Hasta se dijo que el médico legal se equivocó. Tiempo después exhumaron los cadáveres. Algunos padres todavía no se convencen de su desgracia.
La última vez que vi a Mary fue en Alto Hospicio. Le distinguí una erosión en el pómulo derecho como si le hubieran dado un golpe de puño. De inmediato pensé en Quispe. Se espantó al verme en el auto de Galleguillos. Nunca me habló de él ni tendría porqué hacerlo. Sus extensos gemidos de placer todavía se me repiten. Discutieron. Él tampoco me dijo nada cuando cerró con rabia la puerta del taxi. Subió el volumen de la radio con violencia. Aceleró el auto. Después de varios minutos me habló. Fue para decirme que le daba lo mismo no llegar a dormir a su casa. Eran las 19.30 horas. Pensé que me invitaría a salir. Me dejó cerca de mi departamento y se devolvió.
Tal vez se había enterado que Mary era puta, pero había que ser muy imbécil para no saber que ella frecuentaba “El Renacer”. A ratos el mismo Galleguillos me parecía un imbécil, un simplón, un ignorante, un bruto, un taxista miope… Pero le gustaba conversar de psicópatas, de crímenes y de la crónica roja. Buscaba esos temas. Sus tesis sobre las desaparecidas concordaba con la que en algún momento tuvieron los detectives. Las chicas eran putas buscando unos pesos más en otro país.
Ahora, con la cadena perpetua ya declarada y algunos años de distancia, por ningún motivo lo considero un bruto. Nadie que conozca la manera cómo sobrellevó los crímenes puede considerarlo un bruto. Por más de un año aprovechó el contexto marginal de las tomas de Alto Hospicio. Nos miró como imbéciles. Me miró como imbécil. Pero soy el único que puede contar toda su historia.A las 21 horas me juntaré con Toña en el ciber.
La tercera vez con Mary fue en un motel, en Iquique. Respondió con su voz de niña cuando le propuse la cita. Me había dado un número de teléfono en “El Renacer”. Era un martes, la noche estaba tranquila y calurosa. Me habían pagado. Nos encontramos como a las 22 horas a un costado del Hotel Gavina. Vestía una camiseta ajustada con un estampado de la Sirenita y una falda corta que dejaba sus morenas piernas desnudas. Tenía el cuerpo duro –el abdomen plano- como cualquier chica de su edad y las tetas suaves. Le brotaba leche por el amamantamiento. Fuimos a comer mariscos a un restaurante que la incomodó –tal vez se asustó con alguien-, después a un pub y terminamos en el motel. Yo estaba medio borracho. Le juré que la volvería a ver. Se movía bien, como Toña. Tal vez llame a Toña. Son las 17 horas… me la imagino en la plazoleta que hay en el mall, donde se reúnen chicos como ella a tomar helado. Hace una semana que no la veo. La última vez me habló de un chico.
El único amor de Mary era su hijo. El niño le decía mamá a la abuela.
Con las fotos de su cadáver recién me convencí que estaba muerta. En ese momento quise matar al asesino. La identificaron por el pequeño tatuaje de una Biblia que tenía en su hombro derecho. La identificación del resto de las chicas fue más complicada. Hasta se dijo que el médico legal se equivocó. Tiempo después exhumaron los cadáveres. Algunos padres todavía no se convencen de su desgracia.
La última vez que vi a Mary fue en Alto Hospicio. Le distinguí una erosión en el pómulo derecho como si le hubieran dado un golpe de puño. De inmediato pensé en Quispe. Se espantó al verme en el auto de Galleguillos. Nunca me habló de él ni tendría porqué hacerlo. Sus extensos gemidos de placer todavía se me repiten. Discutieron. Él tampoco me dijo nada cuando cerró con rabia la puerta del taxi. Subió el volumen de la radio con violencia. Aceleró el auto. Después de varios minutos me habló. Fue para decirme que le daba lo mismo no llegar a dormir a su casa. Eran las 19.30 horas. Pensé que me invitaría a salir. Me dejó cerca de mi departamento y se devolvió.
Tal vez se había enterado que Mary era puta, pero había que ser muy imbécil para no saber que ella frecuentaba “El Renacer”. A ratos el mismo Galleguillos me parecía un imbécil, un simplón, un ignorante, un bruto, un taxista miope… Pero le gustaba conversar de psicópatas, de crímenes y de la crónica roja. Buscaba esos temas. Sus tesis sobre las desaparecidas concordaba con la que en algún momento tuvieron los detectives. Las chicas eran putas buscando unos pesos más en otro país.
Ahora, con la cadena perpetua ya declarada y algunos años de distancia, por ningún motivo lo considero un bruto. Nadie que conozca la manera cómo sobrellevó los crímenes puede considerarlo un bruto. Por más de un año aprovechó el contexto marginal de las tomas de Alto Hospicio. Nos miró como imbéciles. Me miró como imbécil. Pero soy el único que puede contar toda su historia.A las 21 horas me juntaré con Toña en el ciber.
Saturday, January 06, 2007
6.
“Imagínese, he visto perros comerse a otros perros”. Me dijo el encargado de un negocio cuando hice un reportaje sobre las jaurías de perros vagos en las tomas de Alto Hospicio. “Yo he visto humanos comiendo perros”, me dijo otro. “Es algo normal por acá”.
“No tienen mal sabor los perros”. Si se trataba de hacer periodismo, entonces probemos perro, le propuse a un chico como de quince años, cuyos hermanos tenían el pelo tieso. El chico me miró con la misma cara que me pone el pelado del ciber cuando me entrega papel higiénico. Aquí en el ciber pasan cosas raras, igual que en las tomas de terrenos de Alto Hospicio. Prefiero estos ambientes. Me muevo mejor.
Estéfani tenía los pelos amarillos y tiesos, como si le hubieran exprimido diez limones en la cabeza, unos evasivos ojos color café y una sonrisa que dejaban ver sus dientes del mismo color de su cabellera. Dijo que a la vuelta de su casa “había”. Que preguntara por la señora Norma. No estaba la señora, pero di con su hija que sabía del tema.
Mientras mis ojos se perdían en una rata muerta, del tamaño de un gato, equilibrada en un alambre de corriente por el peso de su cuerpo y una piedra amarrada en su lampiña cola, la chica me invitó. Fumamos. Ambos nos quedamos quietos, congelados como si ese segundo valiera toda la vida. El grito de Estéfani nos sacó del espasmo, pero no era un grito cualquiera, sino que eran gritos de risas porque la rata por fin había caído del cielo.
Quispe era el padre de la adolescente y de Estéfani -según supe después- , y algo así como el esposo de la mujer. Todos conocían su casa. Era la mejor de todas, la más arreglada. En el techo tenía hasta un plato para captar televisión satelital. Quispe vivía cerca de Galleguillos, a dos cuadras. La casa de Galleguillos era como cualquier casa de las tomas, una construcción rápida levantada con palos y maderas, algunas lucían mejor que otras.
Quispe llegó en su Honda Accord blanco. No se sorprendió al verme en la puerta de su casa charlando con su hija. Ella me presentó. Le dijo que era periodista. Me estrechó su mano y me invitó a pasar. Era una hombre moreno, algo bajo, de marcada ascendencia aymara, su carácter amigable, a ratos salamero y su disposición con los niños del lugar lo hacía el preferido del sector. Nadie hablaba mal de Quispe, lo comprobé en las varias veces que lo visité. Confirmé que su objetivo era transformarse en concejal de Alto Hospicio, cuando a sabiendas que era periodista de El Nortino me habló de que había reunido más de mil firmas en el sector “La Negra” para lograr la anhelada red de alcantarillados. Saqué mi grabadora. Fue la primera vez que apareció en el diario. Me preguntó cómo podía pagarme.
Una mujer le da una patada a la puerta del baño. Siento la voz del pelado. Siento la voz de la mujer. Está media borracha. Son las 13.50 horas. El pelado dijo que llamaría a los pacos. Ya todos estábamos mirando. No somos bellos los que frecuentamos el ciber. La mujer que vestía como vagabunda y olía a perro muerto le intentó pegar. El pelado la redujo como si alguna vez en su vida hubiera sido paco. La encerró en el baño y llamó a los pacos. No valía la pena defender a la mujer.
Galleguillos igual tenía ideas sociales para Alto Hospicio. Una vez me dijo que estaba aburrido de que las autoridades los trataran como animales, como perros. Supongo que por mi condición de periodista, la gente me hablaba de sus sueños y delirios. Galleguillos agregó que era absurdo que más de dos mil personas no contaran con agua para sus necesidades básicas. El camión aljibe pasaba día por medio. También me dijo que la seguridad policial era nula y que por ello, cualquiera podía asesinar a alguien en la mayor impunidad. Así era Galleguillos. Los pacos llegaron rápido, para tranquilidad de nosotros. Ahora me puedo concentrar en esto...
“No tienen mal sabor los perros”. Si se trataba de hacer periodismo, entonces probemos perro, le propuse a un chico como de quince años, cuyos hermanos tenían el pelo tieso. El chico me miró con la misma cara que me pone el pelado del ciber cuando me entrega papel higiénico. Aquí en el ciber pasan cosas raras, igual que en las tomas de terrenos de Alto Hospicio. Prefiero estos ambientes. Me muevo mejor.
Estéfani tenía los pelos amarillos y tiesos, como si le hubieran exprimido diez limones en la cabeza, unos evasivos ojos color café y una sonrisa que dejaban ver sus dientes del mismo color de su cabellera. Dijo que a la vuelta de su casa “había”. Que preguntara por la señora Norma. No estaba la señora, pero di con su hija que sabía del tema.
Mientras mis ojos se perdían en una rata muerta, del tamaño de un gato, equilibrada en un alambre de corriente por el peso de su cuerpo y una piedra amarrada en su lampiña cola, la chica me invitó. Fumamos. Ambos nos quedamos quietos, congelados como si ese segundo valiera toda la vida. El grito de Estéfani nos sacó del espasmo, pero no era un grito cualquiera, sino que eran gritos de risas porque la rata por fin había caído del cielo.
Quispe era el padre de la adolescente y de Estéfani -según supe después- , y algo así como el esposo de la mujer. Todos conocían su casa. Era la mejor de todas, la más arreglada. En el techo tenía hasta un plato para captar televisión satelital. Quispe vivía cerca de Galleguillos, a dos cuadras. La casa de Galleguillos era como cualquier casa de las tomas, una construcción rápida levantada con palos y maderas, algunas lucían mejor que otras.
Quispe llegó en su Honda Accord blanco. No se sorprendió al verme en la puerta de su casa charlando con su hija. Ella me presentó. Le dijo que era periodista. Me estrechó su mano y me invitó a pasar. Era una hombre moreno, algo bajo, de marcada ascendencia aymara, su carácter amigable, a ratos salamero y su disposición con los niños del lugar lo hacía el preferido del sector. Nadie hablaba mal de Quispe, lo comprobé en las varias veces que lo visité. Confirmé que su objetivo era transformarse en concejal de Alto Hospicio, cuando a sabiendas que era periodista de El Nortino me habló de que había reunido más de mil firmas en el sector “La Negra” para lograr la anhelada red de alcantarillados. Saqué mi grabadora. Fue la primera vez que apareció en el diario. Me preguntó cómo podía pagarme.
Una mujer le da una patada a la puerta del baño. Siento la voz del pelado. Siento la voz de la mujer. Está media borracha. Son las 13.50 horas. El pelado dijo que llamaría a los pacos. Ya todos estábamos mirando. No somos bellos los que frecuentamos el ciber. La mujer que vestía como vagabunda y olía a perro muerto le intentó pegar. El pelado la redujo como si alguna vez en su vida hubiera sido paco. La encerró en el baño y llamó a los pacos. No valía la pena defender a la mujer.
Galleguillos igual tenía ideas sociales para Alto Hospicio. Una vez me dijo que estaba aburrido de que las autoridades los trataran como animales, como perros. Supongo que por mi condición de periodista, la gente me hablaba de sus sueños y delirios. Galleguillos agregó que era absurdo que más de dos mil personas no contaran con agua para sus necesidades básicas. El camión aljibe pasaba día por medio. También me dijo que la seguridad policial era nula y que por ello, cualquiera podía asesinar a alguien en la mayor impunidad. Así era Galleguillos. Los pacos llegaron rápido, para tranquilidad de nosotros. Ahora me puedo concentrar en esto...
Wednesday, January 03, 2007
5.
Quispe administró el rancho “Renacer” de Alto Hospicio cuando funcionaba como prostíbulo barato. Fue hace cuatro años. En las cercanías de la casona amarillenta se podían hallar BMW, destartalados taxis marca Lada y camiones con patentes de Bolivia o Paraguay. También radiopatrullas. Las chicas no eran exquisitas como en “Le Privade” de Iquique, pero había cantidad para elegir. Se exhibían semidesnudas en una suerte de escenario. Trabajaban varias peruanas, la mayoría ilegales. También habían chicas de Alto Hospicio. Muchas se iban con los clientes y no regresaban más. No había control. Otras cosas preocupaban a Quispe en ese tiempo.
Mary del Rosario Lovera López, de 17 años, no regresó nunca más al “Renacer”. Galleguillos me la presentó.Sigo resfriado. Esta semana tuve algo de fiebre. Si el resfrío persiste no tendré otra salida que ir al hospital. Esperaré hasta el viernes. Por este resfrío me cago de calor en el ciber, parece que tengo algo de fiebre. Son las 15.25 horas. Pagué 10 minutos. Creo que soy el único que ocupa los computadores. Esta vez me recibió un gueón medio pelado que debe ser el relevo de la mujer. Desvió su vista el muy mierda cuando me entregó el papel higiénico. De seguro que en su computador tiene abierta una página porno.
No lo imagino chateando.Cuando Mary se bajó del taxi, Galleguillos me reconoció que estaba caliente por la chica. Creo que reaccionó cuando vio mis ojos aterrizar como moscas en el protuberante culo de Mary. Era madre soltera y durante el día trabajaba en el minimarket de un servicentro. Representaba unos 23 años por eso me sorprendí cuando me enteré de su verdadera edad. Después la publicaríamos en el diario.
Galleguillos la iba a buscar a su trabajo. Desconozco si alcanzaron a ser amantes, aunque todo indicaba que sí. Mary no me habló de Galleguillos, me habló de Maikol.El cadáver de Mary no tenía los pezones. Una vez le conté a Galleguillos que Chikatilo tenía la costumbre de seccionarle los pechos a las chicas jóvenes. Era una manera de dominación.
No hubo escándalo por la desaparición de Mary. Después los detectives levantaron la hipótesis de que Mary se estaba prostituyendo en Santa Cruz de la Sierra. Ni siquiera investigaron.
Conocí a Maikol, su bebé, cuando la madre de Mary, una mujer gorda, de pelo amarillento y embrutecida por la vida en las tomas de terreno, llegó al diario reclamando a garabato limpio que los pacos no hacían nada por la desaparición de su hija. Los periodistas no la tomaron en serio, menos cuando dijo que su hija trabajaba en el “Renacer”.
Una noche Galleguillos me reconoció que estaba preocupado por Mary, y que sospechaba de Quispe. Galleguillos tenía un rasguño en su pómulo. Me dijo que había discutido con su mujer. No le creí.Escucho la voz de una mujer. Pidió papel higiénico...
Mary del Rosario Lovera López, de 17 años, no regresó nunca más al “Renacer”. Galleguillos me la presentó.Sigo resfriado. Esta semana tuve algo de fiebre. Si el resfrío persiste no tendré otra salida que ir al hospital. Esperaré hasta el viernes. Por este resfrío me cago de calor en el ciber, parece que tengo algo de fiebre. Son las 15.25 horas. Pagué 10 minutos. Creo que soy el único que ocupa los computadores. Esta vez me recibió un gueón medio pelado que debe ser el relevo de la mujer. Desvió su vista el muy mierda cuando me entregó el papel higiénico. De seguro que en su computador tiene abierta una página porno.
No lo imagino chateando.Cuando Mary se bajó del taxi, Galleguillos me reconoció que estaba caliente por la chica. Creo que reaccionó cuando vio mis ojos aterrizar como moscas en el protuberante culo de Mary. Era madre soltera y durante el día trabajaba en el minimarket de un servicentro. Representaba unos 23 años por eso me sorprendí cuando me enteré de su verdadera edad. Después la publicaríamos en el diario.
Galleguillos la iba a buscar a su trabajo. Desconozco si alcanzaron a ser amantes, aunque todo indicaba que sí. Mary no me habló de Galleguillos, me habló de Maikol.El cadáver de Mary no tenía los pezones. Una vez le conté a Galleguillos que Chikatilo tenía la costumbre de seccionarle los pechos a las chicas jóvenes. Era una manera de dominación.
No hubo escándalo por la desaparición de Mary. Después los detectives levantaron la hipótesis de que Mary se estaba prostituyendo en Santa Cruz de la Sierra. Ni siquiera investigaron.
Conocí a Maikol, su bebé, cuando la madre de Mary, una mujer gorda, de pelo amarillento y embrutecida por la vida en las tomas de terreno, llegó al diario reclamando a garabato limpio que los pacos no hacían nada por la desaparición de su hija. Los periodistas no la tomaron en serio, menos cuando dijo que su hija trabajaba en el “Renacer”.
Una noche Galleguillos me reconoció que estaba preocupado por Mary, y que sospechaba de Quispe. Galleguillos tenía un rasguño en su pómulo. Me dijo que había discutido con su mujer. No le creí.Escucho la voz de una mujer. Pidió papel higiénico...
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