Funerales (fotos gentileza Sergio Dávalos, Iquique).
bocetos de novela o novela sin editar o protonovela o fragmentos o crónicas o más bien, experimento
Monday, July 23, 2007
Monday, June 04, 2007
Tuesday, May 29, 2007
Monday, May 14, 2007
45
Escribo desde un ciber frente a una plaza, en Tacna, con las monedas que gané por vender mi alma a un par de misioneros –los mismos que me cargaron al hospital de Arica-.
Nadie me saca de la cabeza que Galleguillos fue mi arma.
Tacna, mayo, de 2007.
Nadie me saca de la cabeza que Galleguillos fue mi arma.
Tacna, mayo, de 2007.
Saturday, May 12, 2007
44
He visto a Galleguillos. Después de mis insultos escapó corriendo. Fui detrás hasta que caí.
Las moscas muerden en este ciber.
Las moscas muerden en este ciber.
Friday, May 11, 2007
43
Una silueta de mujer se me acercó cuando tosí. La detuve. Me abrazó y siguió buscando a su hija. Se fue por una calle estrecha hacia un cerro.
Esperé el amanecer junto a unos alcoholizados vagabundos. Me ofrecieron vino. Después lo vomité mezclado con el sabor amargo de la bilis.
En este ciber las moscas pican.
Esperé el amanecer junto a unos alcoholizados vagabundos. Me ofrecieron vino. Después lo vomité mezclado con el sabor amargo de la bilis.
En este ciber las moscas pican.
Monday, May 07, 2007
42

Esta mañana te vi desde mi habitación luminosa -por la falta de techo- cuando desayunabas desde un plato hondo una blancuchenta sopa espesa que parecía semen. Debe ser el jugo de los presos o los gendarmes después de la erección mañanera que ya no tengo por la fiebre, como hoy, cuando la enfermedad me absorbe y mi vida parece un billete viejo, desvalorado. He adelgazado bastante según leí en los ventanales brillosos de un banco y digo esto porque recuerdo un cuento que leí una tarde ociosa después que Natalia se fue a trabajar, y yo quedé en casa, junto a su hermana. Hacía frío, era invierno. Lee me dijo, está bueno, es de un japonés, y nos acurrucamos y mezclamos nuestros sabores. Creo que después bebí un vodka barato. La culpa se mata con alcohol, nos convencíamos riéndonos casi con burla. Sentí los minúsculos movimientos de Natalia, su leve intromisión en la cama y su olor a día de trabajo. Quise hacerle el amor. Me da frío bañarme –dijo-. Al otro día despertó como a las 6 de la mañana para irse a las 6.30 horas. A su hermana le gustaba leer, tenía amigos que escribían –no sé, hacían cuentos y ella también-. Nunca conocí a sus amigos. En el cuento el japonés detallaba su proceso de momificación. Desde hace unos días que pienso en ese cuento y culpo a mi dolor de estómago, al ácido que baja y sube hasta estrangularme la traquea y vomito. Muero a través de mi vomito, a través de mi sudor, a través de mi mierda acuosa e insípida.
No he conocido a nadie en esta ciudad calurosa. Y es que nadie quiere ser tu amigo después que te levantan del suelo y te lleves la mugre adherida en la espalda. He sentido que me han cargado, trasladado, tratado de ayudar. Me he despertado en la urgencia del hospital, y he vuelto de nuevo a la calle. En Arica no hay frío, ni viento, como para preocuparse de dormir en la intemperie. He dormido en pastos desconocidos, en la arena de la playa y en urgencia del Hospital, sobre un cartón afuera de una iglesia donde pregunté por el cura Sergio y donde otra vez me mandaron a la mierda.
No he conocido a nadie en esta ciudad calurosa. Y es que nadie quiere ser tu amigo después que te levantan del suelo y te lleves la mugre adherida en la espalda. He sentido que me han cargado, trasladado, tratado de ayudar. Me he despertado en la urgencia del hospital, y he vuelto de nuevo a la calle. En Arica no hay frío, ni viento, como para preocuparse de dormir en la intemperie. He dormido en pastos desconocidos, en la arena de la playa y en urgencia del Hospital, sobre un cartón afuera de una iglesia donde pregunté por el cura Sergio y donde otra vez me mandaron a la mierda.
Desde aquí observo como almuerzas Galleguillos, como tus mandíbulas aplastan, como la comida te salpica, como la comida te chorrea, mientras casi a esa misma hora, el ritual del almuerzo se repite en las casas de las familias de las chicas asesinadas en Alto Hospicio. Supongo que pensará en sus familias cuando almuerzas, en la posibilidad que les diste para que se alimentaran mejor, en tu desquiciada resta para mejorar la vida de los pobres. Y disfrutas de ese caldo proteico que te financia el gobierno y que podría estar escupido, pero está bueno, sabroso, mientras yo llevo cuatro días acá sin comer porque todo lo devuelvo.
(foto: El cuento "Me convertiré en momia" es del japonés Masahiko Shimada)
Sunday, May 06, 2007
41

No es tristeza ni pánico. Es una sensación de encogimiento e invalidez. Puede que quede tirado en la calle, me tapen con una frazada y tilden el paquete de paté como N.N. Sin embargo este golpeteo del teclado, a ratos furioso, me hace revivir.
Mi intención es que esto, de alguna manera, llegue a tus ojos de y se esparza por tu sistema nervioso y como si fuera cocaína recobres tu lucidez y te dejes de guevear haciéndote el inocente. Tal vez después de leer, consideres la tuya como una mala historia, carente de suspenso –se me ocurre-, egoísta, escrita desde mi lado, para salvarme solo. Puede también que la llegues a odiar por mi falta de arrojo, por mi cobardía, por mi afán exhibicionista. Dirás, con cara de resignado, que te puse como un microbio al lado de Chikatilo o Garavito. Lo eres. Quizás desees más detalles sobre la manera como le cortaste los pezones a una de las chicas (Te invito a escribir esos capítulos). Quizás desde tu imbecilidad actual recobres la memoria, y narres a tu manera los detalles más sórdidos de lo que hiciste. Tu ego te lo pide. Tu ego te pedirá más asesinatos. Sé que volverás a la calle y seguirás matando, es así, y le pedirás a otro periodista corrupto, enajenado, que te escriba la segunda parte de esta historia.
Se qué ahora eres una especie de santón que te sirves de las nauseabundas almas de unos imbéciles e ignorantes criminales, según el cura Sergio. Me dijo que estabas escribiendo un Apocalipsis. ¡Imbécil! ¿Quién te crees? ¿El Juan de la Biblia o algo parecido? Un Apocalipsis, el muy imbécil, el muy guevón. Desde tu cama clorada e iluminada con tubos fluorescentes asustas con el infierno a todo el mundo, con ese Apocalipsis bastardo, porque no entiendes que nuestra naturaleza es así: fornicaria, ladrona, homicida, adultera, avara, mala, timadora, deshonesta, envidiosa, difamante, orgullosa y desatinada ¿Supongo que también te crees el anticristo? Hay muchos anticristos en la calle, mírate tú, a tu alrededor y verás los anticristos que andan como moscas buscando un lugar donde arrancar una partícula de mierda, como si la mierda valiera tanto, como si la mierda fuera tan importante y trascendente. Recuerdo la frase del gringo Ted Bundy, un ser de tu calaña aunque era abogado, militante repúblicano y "encantador" el muy mierda, según sus amigos. Dijo: "Nosotros, los asesinos seriales, somos sus hijos, sus maridos, los que están en todas partes... Y claro, mañana muchos de ustedes van a despertarse muertos" -Fue apresado y ejecutado en la silla eléctrica, luego de ser condenado por el crimen de 14 mujeres, aunque se afirmaba que las víctimas ascendían a 100, hecho que nunca se probó-.
Tal vez el cura Sergio no exista y sea una fantasía para alcanzarte. No encontré su nombre por ningún lado en la guía de teléfonos. Se encogieron de hombres cuando pregunté en una iglesia católica ¿Busco a un sacerdote llamado Sergio? Le repito: ¿Conoce a usted un cura que se llama Sergio, y que trabaja con los presos de la cárcel? ¿Por favor conoce a usted a un puto cura que se llama Sergio?Después de entregar el taxi a un pariente de Julio, decidí quedarme en Arica, a esperar convertirme en un N.N. Recorrí una calles estrechas abultadas de comercio y barullo de hippie andinos. Leí letreros de comida vegetariana y sentí el vaho marihuano. Bebí un jugo de frutas y lo vomité, quise calmarme con un cigarro y volví a vomitar. No he comido nada desde el jugo. Siento un poco de hambre, pero el asco me doblega cuando huelo desde mis dedos el olor a transpiración desde mis axilas calientes.
Mi intención es que esto, de alguna manera, llegue a tus ojos de y se esparza por tu sistema nervioso y como si fuera cocaína recobres tu lucidez y te dejes de guevear haciéndote el inocente. Tal vez después de leer, consideres la tuya como una mala historia, carente de suspenso –se me ocurre-, egoísta, escrita desde mi lado, para salvarme solo. Puede también que la llegues a odiar por mi falta de arrojo, por mi cobardía, por mi afán exhibicionista. Dirás, con cara de resignado, que te puse como un microbio al lado de Chikatilo o Garavito. Lo eres. Quizás desees más detalles sobre la manera como le cortaste los pezones a una de las chicas (Te invito a escribir esos capítulos). Quizás desde tu imbecilidad actual recobres la memoria, y narres a tu manera los detalles más sórdidos de lo que hiciste. Tu ego te lo pide. Tu ego te pedirá más asesinatos. Sé que volverás a la calle y seguirás matando, es así, y le pedirás a otro periodista corrupto, enajenado, que te escriba la segunda parte de esta historia.
Se qué ahora eres una especie de santón que te sirves de las nauseabundas almas de unos imbéciles e ignorantes criminales, según el cura Sergio. Me dijo que estabas escribiendo un Apocalipsis. ¡Imbécil! ¿Quién te crees? ¿El Juan de la Biblia o algo parecido? Un Apocalipsis, el muy imbécil, el muy guevón. Desde tu cama clorada e iluminada con tubos fluorescentes asustas con el infierno a todo el mundo, con ese Apocalipsis bastardo, porque no entiendes que nuestra naturaleza es así: fornicaria, ladrona, homicida, adultera, avara, mala, timadora, deshonesta, envidiosa, difamante, orgullosa y desatinada ¿Supongo que también te crees el anticristo? Hay muchos anticristos en la calle, mírate tú, a tu alrededor y verás los anticristos que andan como moscas buscando un lugar donde arrancar una partícula de mierda, como si la mierda valiera tanto, como si la mierda fuera tan importante y trascendente. Recuerdo la frase del gringo Ted Bundy, un ser de tu calaña aunque era abogado, militante repúblicano y "encantador" el muy mierda, según sus amigos. Dijo: "Nosotros, los asesinos seriales, somos sus hijos, sus maridos, los que están en todas partes... Y claro, mañana muchos de ustedes van a despertarse muertos" -Fue apresado y ejecutado en la silla eléctrica, luego de ser condenado por el crimen de 14 mujeres, aunque se afirmaba que las víctimas ascendían a 100, hecho que nunca se probó-.
Tal vez el cura Sergio no exista y sea una fantasía para alcanzarte. No encontré su nombre por ningún lado en la guía de teléfonos. Se encogieron de hombres cuando pregunté en una iglesia católica ¿Busco a un sacerdote llamado Sergio? Le repito: ¿Conoce a usted un cura que se llama Sergio, y que trabaja con los presos de la cárcel? ¿Por favor conoce a usted a un puto cura que se llama Sergio?Después de entregar el taxi a un pariente de Julio, decidí quedarme en Arica, a esperar convertirme en un N.N. Recorrí una calles estrechas abultadas de comercio y barullo de hippie andinos. Leí letreros de comida vegetariana y sentí el vaho marihuano. Bebí un jugo de frutas y lo vomité, quise calmarme con un cigarro y volví a vomitar. No he comido nada desde el jugo. Siento un poco de hambre, pero el asco me doblega cuando huelo desde mis dedos el olor a transpiración desde mis axilas calientes.
(La foto es de Ted Bundy).
Friday, May 04, 2007
40
En esta espera de que el té se enfríe y el queso se derrita en las tostadas tibias y mezquinas que compré en este ciber, ubicado en el terminal de buses de Arica, pienso que pude lanzarme desde los más alto de la Cuesta de Camarones, cuando observaba el valle, mientras el par de músicos que traje insistía en que yo manejaba ebrio y que me denunciarían al llegar a Arica, porque corrían peligro con tipos como yo: otro enajenado e irresponsable conductor de mierda. Los justifico porque cualquiera no entiende que un taxista detenga el auto en lo más alto de una cuesta –como la de Camarones, a 50 o más kilómetros de Arica- y se baje y ni siquiera orine. No se dónde me vieron alas, pero las vieron, de ahí sus gritos de pánico cuando abrí los brazos y por unos segundos me dejé llevar por el viento. Las piernas me temblaban por el choque del viento, mientras sentía las bocinas de los autos como empujándome, como pateándome el culo hacia el infinito. Sentí una erección, la mejor de hace tiempo. Sentí los musculosos contraerse, mi cuerpo reducirse. El valle parecía una ínfima vena verdosa cruzando una dermis pálida. En los cerros vi incrustados -como frutas secas en pan de pascua- el níquel luminoso de algún auto volcado, neumáticos y cajones de verduras. Me vi incrustado en la tierra, como piedra. Recordé a Galleguillos incinerando sus camisas en la cuesta zigzagueante que baja de Iquique a Alto Hospicio. Sentí el calor, el olor a bencina y los gritos de las chicas. Sentí el brazo de un hombre apretando mi cuello y después el suelo. Todavía tengo tierra en el cuero cabelludo, me pica. Imagino que cuando pasamos por la cárcel de Acha yo era como un especie de primate balbuceante amarrado en el asiento del copiloto. Pudieron llevarme a la comisaría o al hospital, pero me dejaron aquí cerca del terminal de buses, con el Chevy Nova intacto y con el dinero del viaje. Creo que no volveré a conducir.
Wednesday, May 02, 2007
39
A mis pasajeros les importaría si dormí anoche. Se repitieron los ruidos y el aroma a plástico quemado. “Pancho” me pidió plata, urgente -imposible recordar la hora-. Siguió fumando. No lo compadezco ni lo ayudo. Cuando almorzamos hablamos de otros temas. Tampoco le he preguntado porque le falta un dedo -el anular de la mano derecha-. Cumplió con la plata. No fue mucho. Mil pesos para seguir escribiendo, le dije. Sonrió. Estoy en el centro, en Vivar con Latorre. En este ciber destaca un afiche de Jimi Hendrix. Se deduce el tipo de música que escucha el dependiente, un chico de pelo largo que viste una polo de un conjunto de rock que desconozco –otro chico en serie-. Pienso en Toña. Ya sería estúpido que la llamara. Imposible. Debe estar con su chico ameba, relajada, feliz en el mall, como siempre. No la desprendo del mall. Van juntos. Nos conocimos allá, después del cine. Me pidió que la comprara cabritas. Relájate, me dijo. Después la acompañé a comprar un disco. Dijo que le habían recomendado las crónicas vampíricas de Anne Rice. Estaban en oferta. Le compré un libro. Dejamos el libro en el suelo y su CD de un grupo que desconozco lo pusimos en mi equipo de música. Fue como jabonarme con chocolate caliente. Me dejó su número en mi celular. Es lo mejor que me sucedió en estos últimos cuatro años. Me hace bien recordar a Toña, en medio de este delirio sobre Galleguillos que a ratos no resisto. Nunca he sentido culpa, dijo Galleguillos. Para él era lo mismo ser infiel a su mujer que asesinar a una chica. Era libre. En mi caso, la culpa me arruinó, me enfermó.
Tal vez me inventé este blog para deshacerme a pedazos de esta enfermedad. Tal vez contagio a otros con esta mierda.
He pensado mutilarme los dedos de las manos por cada crimen. Quiero sentir el ardor después del corte. Quiere ver la carne colgando de mis manos. Quiero unas manos inútiles, deformes. Necesito una marca física para sobrevivir. Algo. Algo que me indique que ese tiempo murió.
En una hora más parto a Arica –depende de a qué hora lleguen los pasajeros-. Dormiré allá. Julio me pidió que la primera semana hiciera eso. Primero debes ubicarte bien, dijo.
Voy.
Tal vez me inventé este blog para deshacerme a pedazos de esta enfermedad. Tal vez contagio a otros con esta mierda.
He pensado mutilarme los dedos de las manos por cada crimen. Quiero sentir el ardor después del corte. Quiere ver la carne colgando de mis manos. Quiero unas manos inútiles, deformes. Necesito una marca física para sobrevivir. Algo. Algo que me indique que ese tiempo murió.
En una hora más parto a Arica –depende de a qué hora lleguen los pasajeros-. Dormiré allá. Julio me pidió que la primera semana hiciera eso. Primero debes ubicarte bien, dijo.
Voy.
Tuesday, May 01, 2007
38
Detengo a un taxi amarillo en una avenida húmeda de Iquique, frente al mar. Bajo el parabrisas el rostro de un hombre misterioso. Distingo a Travis de Taxi Driver. Sin decirle a donde voy, me deja en mi destino. Meto la llave a la cerradura después que Travis desaparece por Héroes de la Concepción con Tarapacá.
El portamaletas del Chevy Nova es amplio, como todo en ese auto. Hay espacio como para esconder un arma. Se me ocurre una catana tipo samurai que venden el Zofri. Los cuchillos siempre son más intensos, más rituales. Tal vez me detenga en el desierto y me haga una harakiri, ante mis pasajeros. Serán cuatro. Tres atrás y uno a mi lado. Les contaré mi sueño recurrente con Travis. Después le pasaré el diario de la ciudad que siempre tiene un crimen en la portada. Luego vendrá mi aventura con el psicópata de Alto Hospicio, desde el principio, mientras escucharemos un disco de Rudy La Scala –un cantante de telenovelas que le gusta a Julio-. Algunos se quedarán dormidos con la mezcla: historia y música; otros dirán que también lo conocieron, y otros se revelarán con rabia y odio. “Usted que hizo para detener los crímenes”, me dirá. En ese tiempo fui periodista, le diré, fui testigo privilegiado de la tragedia, nadie como yo conoce los hechos. Usted también es asesino por no hacer nada, por lavarse las manos, por dejar que ese guevón de mierda asesinara a sangre fría. Usted es un indolente, un sicópata como esa mierda, una escoria, un cobarde, la peor basura.
Creo que será el momento para detener el auto y sacar la catana.
Escribo esto desde el computador de un centro de llamadas telefónicas, en la Zofri.
El portamaletas del Chevy Nova es amplio, como todo en ese auto. Hay espacio como para esconder un arma. Se me ocurre una catana tipo samurai que venden el Zofri. Los cuchillos siempre son más intensos, más rituales. Tal vez me detenga en el desierto y me haga una harakiri, ante mis pasajeros. Serán cuatro. Tres atrás y uno a mi lado. Les contaré mi sueño recurrente con Travis. Después le pasaré el diario de la ciudad que siempre tiene un crimen en la portada. Luego vendrá mi aventura con el psicópata de Alto Hospicio, desde el principio, mientras escucharemos un disco de Rudy La Scala –un cantante de telenovelas que le gusta a Julio-. Algunos se quedarán dormidos con la mezcla: historia y música; otros dirán que también lo conocieron, y otros se revelarán con rabia y odio. “Usted que hizo para detener los crímenes”, me dirá. En ese tiempo fui periodista, le diré, fui testigo privilegiado de la tragedia, nadie como yo conoce los hechos. Usted también es asesino por no hacer nada, por lavarse las manos, por dejar que ese guevón de mierda asesinara a sangre fría. Usted es un indolente, un sicópata como esa mierda, una escoria, un cobarde, la peor basura.
Creo que será el momento para detener el auto y sacar la catana.
Escribo esto desde el computador de un centro de llamadas telefónicas, en la Zofri.
Monday, April 30, 2007
37.
Estoy en la cabina 12 de un ciber indecente. El muro que está a mi derecha tiene un mapa de secreciones secas. En el basurero duerme una bolsa de papel café tipo McDonald, un vaso plástico de bebida y un tejido de papel higiénico. Me apunta una luz fluor que sobresale de un globo ocular de plástico encerrado en una caja de latón en cuyo costado aparece una cadena de perro; también distingo un candado pequeño.
El tipo que estuvo aquí tenía raras costumbres sexuales. Ya no me sorprenden los historiales de los computadores. Son las 18 horas. Siento la voz -a pesar de mi otitis- de un tipo instando a otro hacer algo que no quiere. Siento humor de cigarro. El tipo se decide y ríen. La risa se camufla con algo de reggaeton que expele un parlante de auto pegado en el techo. No tengo nada contra el reggaeton, ni tampoco contra esa Shakira que brota como maleza en el dial.
Hace media hora que estoy acá. Es un ciber barato. 500 pesos vale la hora. Alto Hospicio siempre será más económico que Iquique.
Pruebo el Chevy Nova. Es un auto ancho, rugidor y petrolero. Da gusto manejarlo. Huele a limpio, a desodorante de auto –a coco-. Desde mi ventana en la pensión observé como Julio lo limpiaba. Está en sus manos maestro, me dijo con una sonrisa amigable después del almuerzo. El tipo está obsesionado conmigo o no sé porque mierda sacó que yo era un buen conductor, responsable. Tal vez tengo cara de taxista, o me estoy mimetizando con Galleguillos. No sé que vio en mí. Deben estar muy jodidos sus vecinos.
Acabo de recorrer algunas calles estrechas, nuevas. Alto Hospicio cada vez se parece más a esas ciudades de los países socialistas de antaño. Todas las casas iguales o parecidas, hechos en serie por el Minvu. Los edificios son chatos y gordos, y dejan poco espacio para colgar ropa. Otra detalle es que la mayoría de las botillerías tiene rejas para atender. El tipo que me vendió la cerveza me dijo que era por la pasta base.
Me detuve en el Renacer. Ahora es una restaurant que se llama “El Rancho de Carlitos”. Venden parrilladas. Un garzón me dijo que no conocía a Quispe, pero llamó a otro. El lugar está cambiado. Pedro me saludó afectuosamente. Recordó algunos detalles aunque me dijo que era imposible ubicar a Quispe. De repente se aparece por acá, afirmó. Le dejé mi número telefónico sin esperanza que me llame en todo caso.
Recién hubo un corte de luz en el ciber. La mitad de los computadores se apagaron, incluido el mío (tuve que reescribir este fragmento). Gracias al corte conocí a mis vecinos. Sus caras y expresiones son fáciles de descifrar. Ninguno me miró a los ojos. Tal vez les da vergüenza estar aquí. Tal vez pensaron que soy de su misma especie.
El miércoles pasaré frente a la cárcel de Acha, en Arica.
El tipo que estuvo aquí tenía raras costumbres sexuales. Ya no me sorprenden los historiales de los computadores. Son las 18 horas. Siento la voz -a pesar de mi otitis- de un tipo instando a otro hacer algo que no quiere. Siento humor de cigarro. El tipo se decide y ríen. La risa se camufla con algo de reggaeton que expele un parlante de auto pegado en el techo. No tengo nada contra el reggaeton, ni tampoco contra esa Shakira que brota como maleza en el dial.
Hace media hora que estoy acá. Es un ciber barato. 500 pesos vale la hora. Alto Hospicio siempre será más económico que Iquique.
Pruebo el Chevy Nova. Es un auto ancho, rugidor y petrolero. Da gusto manejarlo. Huele a limpio, a desodorante de auto –a coco-. Desde mi ventana en la pensión observé como Julio lo limpiaba. Está en sus manos maestro, me dijo con una sonrisa amigable después del almuerzo. El tipo está obsesionado conmigo o no sé porque mierda sacó que yo era un buen conductor, responsable. Tal vez tengo cara de taxista, o me estoy mimetizando con Galleguillos. No sé que vio en mí. Deben estar muy jodidos sus vecinos.
Acabo de recorrer algunas calles estrechas, nuevas. Alto Hospicio cada vez se parece más a esas ciudades de los países socialistas de antaño. Todas las casas iguales o parecidas, hechos en serie por el Minvu. Los edificios son chatos y gordos, y dejan poco espacio para colgar ropa. Otra detalle es que la mayoría de las botillerías tiene rejas para atender. El tipo que me vendió la cerveza me dijo que era por la pasta base.
Me detuve en el Renacer. Ahora es una restaurant que se llama “El Rancho de Carlitos”. Venden parrilladas. Un garzón me dijo que no conocía a Quispe, pero llamó a otro. El lugar está cambiado. Pedro me saludó afectuosamente. Recordó algunos detalles aunque me dijo que era imposible ubicar a Quispe. De repente se aparece por acá, afirmó. Le dejé mi número telefónico sin esperanza que me llame en todo caso.
Recién hubo un corte de luz en el ciber. La mitad de los computadores se apagaron, incluido el mío (tuve que reescribir este fragmento). Gracias al corte conocí a mis vecinos. Sus caras y expresiones son fáciles de descifrar. Ninguno me miró a los ojos. Tal vez les da vergüenza estar aquí. Tal vez pensaron que soy de su misma especie.
El miércoles pasaré frente a la cárcel de Acha, en Arica.
Saturday, April 28, 2007
36
Me despertaron las sirenas. Me tapé la cabeza con la frazada hedionda a humedad. Eran las 8.30 horas. Aquí todo tiene un fétido aroma a toalla húmeda. La vieja me dijo que si quería, podía comprar mi propia “ropa de cama”. En la Zofri son baratas las sábanas Canon, agregó. Estos días tuve recaída por otro resfrío mal cuidado. Volví al hospital, a urgencia. Estoy cerca. Dos cuadras más abajo, por calle Oscar Bonilla con Tarapacá. La gente de la pensión es solidaria después de todo. Me han traído pastilla y me sirven té. Hay una mujer muda –de 40 años hacia adelante- que es la más preocupada. Parece que mantiene una relación con “Pancho”, un grueso vendedor ambulante de edad desconocida. “Pancho” siempre me cuenta de su juventud, en el sur, en Concepción. Almuerzo al frente. En la casa de la señora Charo. Es barato, no sé si bueno –a estas alturas no estoy como para regodearme-.
El marido de la señora Charo, Julio, me ofreció conducir uno de sus taxis. Es un Chevy Nova amarillo de los años 80, pero con un motor nuevo, rugidor como avioneta. Quiere que haga el trayecto de Iquique a Arica, ida y vuelta. Son como tres horas de viaje –o menos-. Le dije que la próxima semana partía. Me gusta la idea, por un tiempo, tal vez un mes, lo justo para lo que me resta, aunque no sé como responda. Acepté porque así tendré una comunicación más directa con el cura Sergio. No me ha respondido los últimos mails. Tal vez se sintió manipulado o encontró este blog.
La señora Charo se atrasó con el almuerzo. Pasó toda la mañana frente a una casa, en la otra cuadra, junto a la vieja de la pensión y todo el barrio. Sólo alcancé a ver la camioneta rectangular del Servicio Médico Legal. El crimen fue desmenuzado en el almuerzo. Todos conocían a la mujer, parecía tranquila, también a su marido. Los hijos de ambos jugaban en la cuadra. Fue un crimen pasional, me dijo la señora Charo con cara de contarme la historia. Parecía disfrutar los detalles sórdidos, mientras cortaba rodajas de tomate con un cuchillo. Concluyó que adoptaría a uno de los hijos de la pareja, si tuviera dinero. “Ellos no merecieron a esa clase de padres”. Nadie elige a sus padres, le dije. Y agregué esas frases que uno dice cuando almuerza con una señora de ese tipo: “los hijos son el mejor regalo del amor”.
-Si hubieran querido más a sus hijos, no habría asesinado a su marido, ni se habría matado ¿Qué destino tendrán ahora los pobrecitos?- afirmó.
-Tal vez a futuro ellos hagan lo mismo- dije.
-¿Cómo?- dijo.
-Maten a sus parejas y después se maten ellos- dije.
Estoy en el computador de la hija de la señora Charo. Es lento, algo anticuado, pero me sale gratis. Le envié otro mail al padre Sergio.
El marido de la señora Charo, Julio, me ofreció conducir uno de sus taxis. Es un Chevy Nova amarillo de los años 80, pero con un motor nuevo, rugidor como avioneta. Quiere que haga el trayecto de Iquique a Arica, ida y vuelta. Son como tres horas de viaje –o menos-. Le dije que la próxima semana partía. Me gusta la idea, por un tiempo, tal vez un mes, lo justo para lo que me resta, aunque no sé como responda. Acepté porque así tendré una comunicación más directa con el cura Sergio. No me ha respondido los últimos mails. Tal vez se sintió manipulado o encontró este blog.
La señora Charo se atrasó con el almuerzo. Pasó toda la mañana frente a una casa, en la otra cuadra, junto a la vieja de la pensión y todo el barrio. Sólo alcancé a ver la camioneta rectangular del Servicio Médico Legal. El crimen fue desmenuzado en el almuerzo. Todos conocían a la mujer, parecía tranquila, también a su marido. Los hijos de ambos jugaban en la cuadra. Fue un crimen pasional, me dijo la señora Charo con cara de contarme la historia. Parecía disfrutar los detalles sórdidos, mientras cortaba rodajas de tomate con un cuchillo. Concluyó que adoptaría a uno de los hijos de la pareja, si tuviera dinero. “Ellos no merecieron a esa clase de padres”. Nadie elige a sus padres, le dije. Y agregué esas frases que uno dice cuando almuerza con una señora de ese tipo: “los hijos son el mejor regalo del amor”.
-Si hubieran querido más a sus hijos, no habría asesinado a su marido, ni se habría matado ¿Qué destino tendrán ahora los pobrecitos?- afirmó.
-Tal vez a futuro ellos hagan lo mismo- dije.
-¿Cómo?- dijo.
-Maten a sus parejas y después se maten ellos- dije.
Estoy en el computador de la hija de la señora Charo. Es lento, algo anticuado, pero me sale gratis. Le envié otro mail al padre Sergio.
Tuesday, April 24, 2007
35
Teme que me aparezca afuera del canal con la pose desquiciada de Jack Nicholson en El Resplandor. Película que vimos una noche cualquiera de verano -a principios de los años 90-. Tuve suerte de ubicarla. Me contestó bien, de buen ánimo. Me preguntó hasta como estaba y como me sentía. Raro. Tal vez su nueva pareja le dijo que me tratara con algo psicología o derechamente se asustó cuando le dije que iría a Santiago. Fue generosa. Le está yendo bien. “Todo los meses te puedo depositar lo mismo, pero por favor no te vengas a meter acá”. Bien, pero igual iré. Gracias a ella regresé a un ciber decente: con café de máquina, buena música -creo que es Moby- y ambiente turístico, relajado. Le dije que me conformaba con mirarla por televisión. Se río, tosió y colgó.
Creo que Natalia me quiso demasiado, aunque ahora reaccionó por miedo. Es natural casarse enamorado, ambos lo estábamos. En ese momento fue lo mejor vivir donde mis suegros. Había espacio y comodidad en la casa. Nuestra relación pareció mejorar cuando entró a trabajar al canal. Yo hacía trabajos pequeños para una revista de decoración. En la revista le fui infiel. Después perdí la cuenta de mis infidelidades. Ella parecía normal aunque a veces llegaba tarde. Siempre se justificaba de manera creíble, yo también. A su hermana le gustaba la misma música que yo.
Galleguillos decía que uno partía siendo infiel y terminaba asesinando. El partió al revés.
Su madre le dijo que estaba aburrido que el gueón le pegara. El tipo no tenía un trabajo estable. Si bien sacó a su madre de la prostitución, después cuando bebía la trataba de puta y la golpeaba. Esperaron el momento y actuaron. Galleguillos me dijo que no le costó. Más difícil le resultó tranquilizar a su madre. “Ella murió con la culpa de haberle quitado la vida a alguien. Sentía que se iba a ir al infierno”, me dijo.
Nunca hablamos de su período en Linares. En televisión y con toda la bulla que se armó con su detención recuerdo un reportaje donde le achacaron algunos crímenes en esa ciudad. Nunca se comprobó su autoría, ni se investigó sobre el tema.
Me dijo en broma que por diversas circunstancias –atropellos- acarreaba una docena de muertos.
Matar bajo la mirada de una madre es algo que no cualquiera lo puede decir. Fue ella quien me metió en esto, dijo suelto de cuerpo.
Creo que Natalia me quiso demasiado, aunque ahora reaccionó por miedo. Es natural casarse enamorado, ambos lo estábamos. En ese momento fue lo mejor vivir donde mis suegros. Había espacio y comodidad en la casa. Nuestra relación pareció mejorar cuando entró a trabajar al canal. Yo hacía trabajos pequeños para una revista de decoración. En la revista le fui infiel. Después perdí la cuenta de mis infidelidades. Ella parecía normal aunque a veces llegaba tarde. Siempre se justificaba de manera creíble, yo también. A su hermana le gustaba la misma música que yo.
Galleguillos decía que uno partía siendo infiel y terminaba asesinando. El partió al revés.
Su madre le dijo que estaba aburrido que el gueón le pegara. El tipo no tenía un trabajo estable. Si bien sacó a su madre de la prostitución, después cuando bebía la trataba de puta y la golpeaba. Esperaron el momento y actuaron. Galleguillos me dijo que no le costó. Más difícil le resultó tranquilizar a su madre. “Ella murió con la culpa de haberle quitado la vida a alguien. Sentía que se iba a ir al infierno”, me dijo.
Nunca hablamos de su período en Linares. En televisión y con toda la bulla que se armó con su detención recuerdo un reportaje donde le achacaron algunos crímenes en esa ciudad. Nunca se comprobó su autoría, ni se investigó sobre el tema.
Me dijo en broma que por diversas circunstancias –atropellos- acarreaba una docena de muertos.
Matar bajo la mirada de una madre es algo que no cualquiera lo puede decir. Fue ella quien me metió en esto, dijo suelto de cuerpo.
Saturday, April 21, 2007
34.
Esta mañana un chico de cuatro años -calculo- me apuntó con su ametralladora luminosa en la sala de espera del hospital. Disparó contra mí varias veces. Se sorprendió al comprobar que no moría. Luego intentó con una mujer que estaba a mi lado. Ella tenía fiebre. El chico se sonrío cuando la mujer cerró los ojos y se hizo la muerta. Después apuntó la pistola a una máquina de café. Su madre, en tanto, lo miraba con pasividad, con ojos enfermos.
El niño siguió disparando después que su mamá se perdió tras la pesada puerta de la sala de urgencia.
Imaginé a un niño Cho Seung-Hui –el surcoreano autor de la matanza de la universidad de Virginia Tech- jugando con su ametralladora luminosa.
¿Qué habría pensado Galleguillos del surcoreano? Galleguillos se habría enterado por el diario, al otro día. El nunca siguió la CNN y ni tampoco veía noticieros. Trabajaba a la hora de los noticieros. En todo caso yo se lo habría contado en el V16, con los detalles, como debe ser.
Pienso que Cho partió con una masturbación frente al espejo. Sus testículos dispararon hasta el cansancio sobre su imagen.
¿Qué culpa tuvieron los universitarios? ¿Qué culpa tuvieron las chicas de Alto Hospicio? Galleguillos como Cho o Chikatilo trascendieron a su desgraciada manera. Se me ocurren los tantos otros que trascendieron como ellos, asesinando. En la historia reciente de Chile hay muchas justificaciones –porque este país es de justificadores- para cubrir los asesinatos masivos o los asesinatos en cadena o los asesinatos por una causa inclusive (mientras los desaparecidos seguirán ahí, bajo tierra, fondeados en hoyos, en fosas, al fondo del mar, esperando).
Pienso –aquí entre las bocanadas de fritura que expele el rectángulo de aluminio cargado de aceite y papas, en este ciber marginal- en la congoja cínica de Bush, de padre de su familia, cuando se lamenta por los chicos asesinados por Cho, y el contraste con su guerra: con sus marines humillando a los prisioneros. Si Cho hubiera sido norcoreano, ya Bush le habría declarado la guerra a Corea del Norte. Ganas le sobran a Bush.
Le tengo bronca a ese Bush como a Cho. Son esa clase de sicópatas mediáticos que se vienen; sicópatas que buscan el aplauso universal; sicópatas de ametralladores luminosas.
Galleguillos, en cambio, fue el perfecto sicópata de una despreciada toma de terreno de Alto Hospicio, donde la CNN no llega ni los noticieros impactan; donde los crimenes son pan de cada día y donde cada uno trata de salvarse como puede. Galleguillos es un sicópata tercermundista, como el Monstruo de los Andes o Garavito. Me dijo que sentía como un hormigón, un insecto controlador de polillas. Le dije que era un fascista de mierda. Se río como hiena, como siempre.
También me reí después que Natalia, hace media hora, me dijera que mi dinero estaba en el banco. Es sábado, le dije. Tendré que esperar hasta el lunes para ocuparlo.
El niño siguió disparando después que su mamá se perdió tras la pesada puerta de la sala de urgencia.
Imaginé a un niño Cho Seung-Hui –el surcoreano autor de la matanza de la universidad de Virginia Tech- jugando con su ametralladora luminosa.
¿Qué habría pensado Galleguillos del surcoreano? Galleguillos se habría enterado por el diario, al otro día. El nunca siguió la CNN y ni tampoco veía noticieros. Trabajaba a la hora de los noticieros. En todo caso yo se lo habría contado en el V16, con los detalles, como debe ser.
Pienso que Cho partió con una masturbación frente al espejo. Sus testículos dispararon hasta el cansancio sobre su imagen.
¿Qué culpa tuvieron los universitarios? ¿Qué culpa tuvieron las chicas de Alto Hospicio? Galleguillos como Cho o Chikatilo trascendieron a su desgraciada manera. Se me ocurren los tantos otros que trascendieron como ellos, asesinando. En la historia reciente de Chile hay muchas justificaciones –porque este país es de justificadores- para cubrir los asesinatos masivos o los asesinatos en cadena o los asesinatos por una causa inclusive (mientras los desaparecidos seguirán ahí, bajo tierra, fondeados en hoyos, en fosas, al fondo del mar, esperando).
Pienso –aquí entre las bocanadas de fritura que expele el rectángulo de aluminio cargado de aceite y papas, en este ciber marginal- en la congoja cínica de Bush, de padre de su familia, cuando se lamenta por los chicos asesinados por Cho, y el contraste con su guerra: con sus marines humillando a los prisioneros. Si Cho hubiera sido norcoreano, ya Bush le habría declarado la guerra a Corea del Norte. Ganas le sobran a Bush.
Le tengo bronca a ese Bush como a Cho. Son esa clase de sicópatas mediáticos que se vienen; sicópatas que buscan el aplauso universal; sicópatas de ametralladores luminosas.
Galleguillos, en cambio, fue el perfecto sicópata de una despreciada toma de terreno de Alto Hospicio, donde la CNN no llega ni los noticieros impactan; donde los crimenes son pan de cada día y donde cada uno trata de salvarse como puede. Galleguillos es un sicópata tercermundista, como el Monstruo de los Andes o Garavito. Me dijo que sentía como un hormigón, un insecto controlador de polillas. Le dije que era un fascista de mierda. Se río como hiena, como siempre.
También me reí después que Natalia, hace media hora, me dijera que mi dinero estaba en el banco. Es sábado, le dije. Tendré que esperar hasta el lunes para ocuparlo.
Wednesday, April 18, 2007
El monstruo de Los Andes
... López (el monstruo de Los Andres) actuó a finales de los años 70 y principios de los 80, tiempos convulsionados por dictaduras, guerrillas y narcotráfico. Pudieron haberle achacado más asesinatos (era un delincuente marginal). Reconoció 300. La sacó barata: se ganó la perpetua en una cárcel de Ecuador. Ni la policía de Ecuador creyó en la desaparición de alrededor de alrededor 100 mujeres (en Perú y Colombia sumó el resto). Las autoridades concluyeron que las desapariciones se estaba produciendo debido al crecimiento de la demanda de esclavos sexuales y trata de blancas, hasta que alguién encontró una fosa común, un hoyo... (del fragmento 33)33.
Por Pedro Alonso López, “El monstruo de los Andes”, pude saber algo de su niñez y su relación con su madre.
Galleguillos no se convencía de que López -colombiano- asesinara a 300 mujeres entre Ecuador, Perú y Colombia. Yo tampoco. López actuó a finales de los años 70 y principios de los 80, tiempos convulsionados por dictaduras, guerrillas y narcotráfico. Pudieron achacarle más asesinatos (era un delincuente marginal). Reconoció 300. La sacó barata: se ganó la perpetua en una cárcel de Ecuador.
Ni la policía de Ecuador creyó en la desaparición de alrededor de alrededor 100 mujeres. Concluyeron que las desapariciones respondían al crecimiento de la demanda de esclavos sexuales y trata de blancas, hasta que alguien descubrió una fosa común, un hoyo.
Para nadie debe resultar grato reconocer que su madre fue prostituta. Por eso me crio mi abuela, me dijo. López fue hijo de una prostituta; el séptimo de 13 hermanos, nunca tuvo una infancia normal. Galleguillos tampoco. La madre de López era una mujer dominadora. Llegó a torturar a su hijo. Indiferente a sus obligaciones en el hogar, cualquier pretexto era bueno si le permitía estar en las calles.
Así comenzó a delinquir. Ignoro a que edad Galleguillos cometió su primer crimen, pero partió en el sur –según me dijo- después de la muerte de su abuela.
Pedro Alonso partió en la cárcel a los 18 años. Asesinó a sus cuatro violadores.
Nunca pensé que viviría en este sector -cerca del hospital-. La pensión es barata. Las habitaciones son de una madera que parece corcho. Hay olor a pasta base después de las 22 horas. Mis vecinos son vendedores ambulantes y fuman cuando pueden. Siempre me invitan. Creo que les intrigo. A estas alturas no sé que mierda parezco. A la dueña de la pensión, Teresa, le pagué dos semanas. Todas las noches he escuchado sus gemidos secos. No me preguntó siquiera el nombre, menos que hacía. Sólo me recomendó que tratara de no fumar dentro de la habitación. Es buen lugar para ocultarse. Hoy cuando llamé a Toña, me contestó un chico.
“Papa ciber” se llama esta porquería donde estoy ahora. Mientras escribo esto, a un metro hay un gueón friendo papas. Es un ciber hediondo, pero barato. Intanteré con Natalia: todavía me debe plata.
Cuando murió su abuela, Galleguillos, con 14 años, regresó a vivir con su madre, coincidió con el tiempo en que conoció a Ana, su primer amor.
Me justificó que su primer crimen fue por defender a su madre.
Galleguillos no se convencía de que López -colombiano- asesinara a 300 mujeres entre Ecuador, Perú y Colombia. Yo tampoco. López actuó a finales de los años 70 y principios de los 80, tiempos convulsionados por dictaduras, guerrillas y narcotráfico. Pudieron achacarle más asesinatos (era un delincuente marginal). Reconoció 300. La sacó barata: se ganó la perpetua en una cárcel de Ecuador.
Ni la policía de Ecuador creyó en la desaparición de alrededor de alrededor 100 mujeres. Concluyeron que las desapariciones respondían al crecimiento de la demanda de esclavos sexuales y trata de blancas, hasta que alguien descubrió una fosa común, un hoyo.
Para nadie debe resultar grato reconocer que su madre fue prostituta. Por eso me crio mi abuela, me dijo. López fue hijo de una prostituta; el séptimo de 13 hermanos, nunca tuvo una infancia normal. Galleguillos tampoco. La madre de López era una mujer dominadora. Llegó a torturar a su hijo. Indiferente a sus obligaciones en el hogar, cualquier pretexto era bueno si le permitía estar en las calles.
Así comenzó a delinquir. Ignoro a que edad Galleguillos cometió su primer crimen, pero partió en el sur –según me dijo- después de la muerte de su abuela.
Pedro Alonso partió en la cárcel a los 18 años. Asesinó a sus cuatro violadores.
Nunca pensé que viviría en este sector -cerca del hospital-. La pensión es barata. Las habitaciones son de una madera que parece corcho. Hay olor a pasta base después de las 22 horas. Mis vecinos son vendedores ambulantes y fuman cuando pueden. Siempre me invitan. Creo que les intrigo. A estas alturas no sé que mierda parezco. A la dueña de la pensión, Teresa, le pagué dos semanas. Todas las noches he escuchado sus gemidos secos. No me preguntó siquiera el nombre, menos que hacía. Sólo me recomendó que tratara de no fumar dentro de la habitación. Es buen lugar para ocultarse. Hoy cuando llamé a Toña, me contestó un chico.
“Papa ciber” se llama esta porquería donde estoy ahora. Mientras escribo esto, a un metro hay un gueón friendo papas. Es un ciber hediondo, pero barato. Intanteré con Natalia: todavía me debe plata.
Cuando murió su abuela, Galleguillos, con 14 años, regresó a vivir con su madre, coincidió con el tiempo en que conoció a Ana, su primer amor.
Me justificó que su primer crimen fue por defender a su madre.
Tuesday, April 17, 2007
32.
Me fue mal con su encargo pero averigue algunos datos que le pueden servir.
Los presos me dijeron que estaba en tratamiento. No insistí. Me explicaron que el tratamiento consistía en drogas para dormir. A veces pasa tres días sin dormir, leyendo o escribiendo. Un gendarme me dijo que habitualmente pedía libros de ciencia ficción -a la biblioteca-. El último que leyó fue Los Astronautas de Yavé de J.J Benítez.
Me llamó la atención que escriba su propia versión del Apocalipsis: “...Dios no tendrá piedad ni misericordia con nadie, exterminará a todos los impíos y triunfante cabalgará junto a su ejército sobre la ciudad destruida por el fuego celestial”. Me lo recitó de memoria Javier, un boliviano que está preso por narcotráfico. El es uno de los que está convencido en la inocencia de Galleguillos. “Por sus manos escribe Dios”, me aseguró.
Al igual que usted me interesa el tema de Galleguillos. Sé que es culpable porque creo en la justicia, aunque trataré de ganarme su confianza para que reconozca sus crímenes y le pida perdón a Dios y a las familias involucradas.
Bendiciones, Sergio. (Posiblemente el viernes intentaré acercarme a él. No se preocupe cuando tenga la oportunidad le preguntaré si lo recuerda).
Vengo de caminar por la playa. Siento arena dentro de las zapatillas. Estoy en una casa, frente a Cavancha, que a la fuerza fue dispuesta como ciber. Son las 15.30 horas. A mi lado hay una gringa media gruesa que mueve los dedos como enajenada. Ni siquiera tuvo la amabilidad de mirarme cuando me senté a su lado. Lo primero que haría sería echarle desodorante. A este ciber le falta ventilación.
Me puede ayudar, me dijo con su acento gringo.
Claro, le dije.
Cuando me agaché a conectar el cable de su cámara fotográfica al PC me encontré con el rostro de Charles Manson tatuado en su pantorrilla. Pensé en la manera en que recordarán a Galleguillos. Tal vez en 20 años más la gente se olvide.
Los presos me dijeron que estaba en tratamiento. No insistí. Me explicaron que el tratamiento consistía en drogas para dormir. A veces pasa tres días sin dormir, leyendo o escribiendo. Un gendarme me dijo que habitualmente pedía libros de ciencia ficción -a la biblioteca-. El último que leyó fue Los Astronautas de Yavé de J.J Benítez.
Me llamó la atención que escriba su propia versión del Apocalipsis: “...Dios no tendrá piedad ni misericordia con nadie, exterminará a todos los impíos y triunfante cabalgará junto a su ejército sobre la ciudad destruida por el fuego celestial”. Me lo recitó de memoria Javier, un boliviano que está preso por narcotráfico. El es uno de los que está convencido en la inocencia de Galleguillos. “Por sus manos escribe Dios”, me aseguró.
Al igual que usted me interesa el tema de Galleguillos. Sé que es culpable porque creo en la justicia, aunque trataré de ganarme su confianza para que reconozca sus crímenes y le pida perdón a Dios y a las familias involucradas.
Bendiciones, Sergio. (Posiblemente el viernes intentaré acercarme a él. No se preocupe cuando tenga la oportunidad le preguntaré si lo recuerda).
Gracias padre. He pensado que por ahora es mejor que no le pregunte por mí. Apelando a su buena voluntad me interesa que me siga contando a través de estos mail, más detalles sobre su actual situación. Me interesa también ese apocalipsis que escribe. Le insisto: escribo un reportaje sobre Galleguillos, para una revista de México. Saludos y en las próximas semanas me apareceré por allá.
Un abrazo y gracias nuevamente por su aporte.
Vengo de caminar por la playa. Siento arena dentro de las zapatillas. Estoy en una casa, frente a Cavancha, que a la fuerza fue dispuesta como ciber. Son las 15.30 horas. A mi lado hay una gringa media gruesa que mueve los dedos como enajenada. Ni siquiera tuvo la amabilidad de mirarme cuando me senté a su lado. Lo primero que haría sería echarle desodorante. A este ciber le falta ventilación.
Me puede ayudar, me dijo con su acento gringo.
Claro, le dije.
Cuando me agaché a conectar el cable de su cámara fotográfica al PC me encontré con el rostro de Charles Manson tatuado en su pantorrilla. Pensé en la manera en que recordarán a Galleguillos. Tal vez en 20 años más la gente se olvide.
Sunday, April 15, 2007
31.
Marta Belmar tenía un parecido físico a su primera novia.
Conoció a Ana –creo que tenía otro nombre- en una liceo de Linares. Me mostró las cicatrices en su muñeca. La chica regresó con él para que no se matara. Después la golpeó por puta.
Marta Belmar subió al V16. La saludó con un beso en la mejilla, afectuosamente. Vivían cerca. Era la madrugada de un día de verano, hacía calor. Abrí la ventana del auto. La chica bailaba en un grupo folclórico. La encontramos afuera del Club Deportivo Norteamérica, en calle O’Higgins –donde todos los fines de semana se organizaban tambos-. Veníamos de jugar fútbol y beber cervezas. Le preguntó cuánto le cobraba a La Negra. Te llevo gratis, pero si me esperas unos minutos. Vamos, respondió la chica.
Esta tarde le dejé unos bombones a Marta Belmar y a Sarita Soto. Una mujer que estaba en la animita me preguntó si me burlaba de la desgracia ajena. Le dije, de manera irónica, que era una especie de ritual psicomágico. Me puso cara de incrédula como si tratara con el peor charlatán. Ahora estoy en un ciber, en avenida Los Cóndores en Alto Hospicio. Espero la respuesta del cura Sergio.
El padre de Marta no cree que su hija esté muerta. Hace un tiempo pidió la exhumación de los cadáveres. Marta tenía buenas calificaciones en el liceo, además destacaba en el grupo folclórico. Era morena, delgada, de caderas gruesas y pelo negro. Sus piernas eran largas y carnosas, bellas. Sobresalía en la diablada que participaba. Era devota a la Virgen del Carmen, como su familia. En julio peregrinaban a La Tirana.
Era la única de hija de Luis Belmar, el pelado como le decía Quispe.
La chica no se sorprendió cuando me bajé en el último rincón de la población Jorge Inostrosa. "El Colocolo" –el trafi- tampoco. Cuando lo encendí, Marta afirmó que su pololo fumaba. Me pidió una quemada, mientras Galleguillos permanecía quieto, como gato aguardando a una paloma.
Ana quedó embarazada de su padrastro. Galleguillos quiso matar al padrastro, pero este le sacó la mierda antes por golpear a su hija. Le dijo que a la próxima lo mataría.
Marta propuso ir a la discoteca Kamikaze, a comprobar si su pololo la engañaba. Pásate para adelante, le dijo Galleguillos. La chica le hizo caso. Nos paramos en los estacionamientos del Kamikaze. Aproveché de beber más cerveza y quemar un resto. Galleguillos y la chica estaban al acecho. Gueones tontos, le dije. Marta tuvo razón con su pololo. Galleguillos aceleró y alcanzó a golpearlo. Retrocedimos como a 100 por hora y nos largamos hasta la salida sur de Iquique. Pasamos Los Verdes. Marta estaba borracha, yo igual.
El papá de Marta recorrió prostíbulos de Tacna, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz de la Sierra. No la encontró. Por eso le redactó una carta al presidente Lagos.
La chica accedió a los besos de Galleguillos. No le costó desnudarla. Sus senos eran grandes y blandos. En medio del acto le vino un ataque de epilepsia. El resto fue buscar una manera como tranquilizarla, hasta que Galleguillos se descontroló.
Sentimos paz cuando terminamos.
Conoció a Ana –creo que tenía otro nombre- en una liceo de Linares. Me mostró las cicatrices en su muñeca. La chica regresó con él para que no se matara. Después la golpeó por puta.
Marta Belmar subió al V16. La saludó con un beso en la mejilla, afectuosamente. Vivían cerca. Era la madrugada de un día de verano, hacía calor. Abrí la ventana del auto. La chica bailaba en un grupo folclórico. La encontramos afuera del Club Deportivo Norteamérica, en calle O’Higgins –donde todos los fines de semana se organizaban tambos-. Veníamos de jugar fútbol y beber cervezas. Le preguntó cuánto le cobraba a La Negra. Te llevo gratis, pero si me esperas unos minutos. Vamos, respondió la chica.
Esta tarde le dejé unos bombones a Marta Belmar y a Sarita Soto. Una mujer que estaba en la animita me preguntó si me burlaba de la desgracia ajena. Le dije, de manera irónica, que era una especie de ritual psicomágico. Me puso cara de incrédula como si tratara con el peor charlatán. Ahora estoy en un ciber, en avenida Los Cóndores en Alto Hospicio. Espero la respuesta del cura Sergio.
El padre de Marta no cree que su hija esté muerta. Hace un tiempo pidió la exhumación de los cadáveres. Marta tenía buenas calificaciones en el liceo, además destacaba en el grupo folclórico. Era morena, delgada, de caderas gruesas y pelo negro. Sus piernas eran largas y carnosas, bellas. Sobresalía en la diablada que participaba. Era devota a la Virgen del Carmen, como su familia. En julio peregrinaban a La Tirana.
Era la única de hija de Luis Belmar, el pelado como le decía Quispe.
La chica no se sorprendió cuando me bajé en el último rincón de la población Jorge Inostrosa. "El Colocolo" –el trafi- tampoco. Cuando lo encendí, Marta afirmó que su pololo fumaba. Me pidió una quemada, mientras Galleguillos permanecía quieto, como gato aguardando a una paloma.
Ana quedó embarazada de su padrastro. Galleguillos quiso matar al padrastro, pero este le sacó la mierda antes por golpear a su hija. Le dijo que a la próxima lo mataría.
Marta propuso ir a la discoteca Kamikaze, a comprobar si su pololo la engañaba. Pásate para adelante, le dijo Galleguillos. La chica le hizo caso. Nos paramos en los estacionamientos del Kamikaze. Aproveché de beber más cerveza y quemar un resto. Galleguillos y la chica estaban al acecho. Gueones tontos, le dije. Marta tuvo razón con su pololo. Galleguillos aceleró y alcanzó a golpearlo. Retrocedimos como a 100 por hora y nos largamos hasta la salida sur de Iquique. Pasamos Los Verdes. Marta estaba borracha, yo igual.
El papá de Marta recorrió prostíbulos de Tacna, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz de la Sierra. No la encontró. Por eso le redactó una carta al presidente Lagos.
La chica accedió a los besos de Galleguillos. No le costó desnudarla. Sus senos eran grandes y blandos. En medio del acto le vino un ataque de epilepsia. El resto fue buscar una manera como tranquilizarla, hasta que Galleguillos se descontroló.
Sentimos paz cuando terminamos.
Friday, April 13, 2007
30.
...entiendo que se cree un semidios (o los presos lo hacen sentir así). Es inteligente, manipulador, en comparación a otros criminales que he conocido.
No está aislado. Si bien no recuerda -o no quiere reconocer- los crímenes, su presencia y los prejuicios hacen que uno sienta que está frente a un criminal. Su mirada es penetrante. Sus dedos son cortos, sus manos anchas y sus brazos fuertes. No podría decir si está más flaco o gordo. Sólo vi las fotos que todos conocen cuando se declaró culpable. Entiendo que uno siempre se fija en detalles como las manos o la mirada cuando se trata de asesinos. Inconcientemente uno lo imagina matando.
Me saludó vigorosamente. Me aclaró de entrada que estaba decepcionado de Dios -había olor a cloro en el cuarto-, que se aburrió de la Biblia y que Alto Hospicio era un pueblo perdido en el desierto, un lugar hecho por el gobierno para arrinconar a los pobres, a los marginales; un perfecto sótano de Iquique...
Me dijo que como taxista vio muchas cosas terribles, pero trató de ayudar en contraste con otros que se cruzaron de manos. Me habló de rescatar como el pescador de hombres. Se silenció unos minutos, y me habló de la vida eterna, de la trascendencia de la muerte, del paraiso.
Gesticuló con sus manos para decirme que su misión en la tierra era ayudar a otros para alcanzar la vida eterna, al mismo Dios. La conversación estaba siendo grabada por una cámara ubicada en el techo de la sala.
Dijo que Dios le había dicho que se declarara culpable.
Después recordó ver a chicas adolescentes prostituyéndose por droga. Culpó al gobierno y a Soria, el alcalde de Iquique.
Al final me dijo estaba preso por un complot en su contra tramado por el comisario de Alto Hospicio, un tal Marambio.
Esto fue ayer. Ojalá te sirva, bendiciones.
Sergio
(Me han dicho que los gendarmes lo utilizan de monitor antidrogas y que se ha ganado el respeto de los otros presos, aunque en el pabellón comparte con peruanos y bolivianos que cayeron por narcotráfico).
Tal vez el domingo pueda conversar con él.
Pregúntele por mí. Gracias.
No está aislado. Si bien no recuerda -o no quiere reconocer- los crímenes, su presencia y los prejuicios hacen que uno sienta que está frente a un criminal. Su mirada es penetrante. Sus dedos son cortos, sus manos anchas y sus brazos fuertes. No podría decir si está más flaco o gordo. Sólo vi las fotos que todos conocen cuando se declaró culpable. Entiendo que uno siempre se fija en detalles como las manos o la mirada cuando se trata de asesinos. Inconcientemente uno lo imagina matando.
Me saludó vigorosamente. Me aclaró de entrada que estaba decepcionado de Dios -había olor a cloro en el cuarto-, que se aburrió de la Biblia y que Alto Hospicio era un pueblo perdido en el desierto, un lugar hecho por el gobierno para arrinconar a los pobres, a los marginales; un perfecto sótano de Iquique...
Me dijo que como taxista vio muchas cosas terribles, pero trató de ayudar en contraste con otros que se cruzaron de manos. Me habló de rescatar como el pescador de hombres. Se silenció unos minutos, y me habló de la vida eterna, de la trascendencia de la muerte, del paraiso.
Gesticuló con sus manos para decirme que su misión en la tierra era ayudar a otros para alcanzar la vida eterna, al mismo Dios. La conversación estaba siendo grabada por una cámara ubicada en el techo de la sala.
Dijo que Dios le había dicho que se declarara culpable.
Después recordó ver a chicas adolescentes prostituyéndose por droga. Culpó al gobierno y a Soria, el alcalde de Iquique.
Al final me dijo estaba preso por un complot en su contra tramado por el comisario de Alto Hospicio, un tal Marambio.
Esto fue ayer. Ojalá te sirva, bendiciones.
Sergio
(Me han dicho que los gendarmes lo utilizan de monitor antidrogas y que se ha ganado el respeto de los otros presos, aunque en el pabellón comparte con peruanos y bolivianos que cayeron por narcotráfico).
Tal vez el domingo pueda conversar con él.
Pregúntele por mí. Gracias.
Tuesday, April 10, 2007
29.
Galleguillos dijo que yo era como su Mateo -el de la Biblia-.
Fue después de una fiesta en la comisaría, cuando amanecía. Las chicas que nos acompañaban rieron de manera burlesca. Galleguillos les siguió el juego. Me sorprendió tanta complicidad. Parecían amigos. Estaban medias aturdidas por la noche y con el cutis brilloso. Podía oler su sexo blandusco, chorreante. Una me dijo que yo parecía un oficinista alcohólico, de esos con doble vida. Eran tres. Abrí la ventana. El viento de la madrugada limpió la oxidada atmósfera. Ibamos rápido, a 140 km por hora según el tablero del V16. Pensé que Galleguillos se dormía y terminaban las desapariciones, pero ya estábamos en Iquique, por la circunvalación en dirección a la Zofri. Andaban armadas, según Galleguillos. Con cuchillos. Las dejamos en su casa, en la Jorge Inostrosa. Le dicen “las chicas superpoderosa” y son primas, afirmó Galleguillos.
Unos meses después una de esas chicas, Mariela –creo que se llamaba- me acusó de que esa noche le robé una cadena de oro.
En el hospital, una enfermera me habló de la niña heroína. La atendió después del ataque del psicópata. La chica hablaba bastante, de su pololo, de su mamá… no parecía shockeada, a pesar de lo que se decía. Hace una hora pasé por el lugar donde vivió la chica, según me dijeron los vecinos. Había una mediagua habitada por unos hermanos ecuatorianos cesantes, que por oídas sabían de la historia. También pasé por la casa de Galleguillos. Es un montón de escombros, pero hay indicaciones, como unos graffitis, que indican que hay vivió el psicópata de la conchesumadre...
Su mujer me invitó a pasar. Le dije que no se preocupara, que esperaba afuera a su marido, pero insistió. Recuerdo que las paredes estaban decoradas por unos cuadros chinos de color rojo. La sala estaba ordenada y destacaba un florero con unas rosas medias marchitas. La mujer me sirvió un vaso de Bilz y encendió el televisor. La dejó en un partido de fútbol inglés. Me preguntó si venía a buscar a su marido para jugar. Le respondí que era taxista, y venía por un asunto del auto. A los cinco minutos apareció Galleguillos, con una mochila. Vuelvo de madrugada, le dijo a la mujer que asintió con una expresión de conformidad. Le ofreció si la preparaba un sándwich. Demoró diez minutos.
Esa noche asesinó a Sarita Soto Rubilar.
A la fiesta de Marambio llegamos como a las cinco de la madrugada. La bulla de la comisaría podía escucharse en toda la cuadra. Los vecinos estaban resignados. Galleguillos recibió la llamada de Marambio cuando se aprestaba a quemar su camisa ensangrentada. Justificó la muerte de Sarita porque no tenía otro futuro más que la miseria. Fue un golpe certero en la cabeza. La chica no sufrió en comparación a Marta Belmar.
Fue después de una fiesta en la comisaría, cuando amanecía. Las chicas que nos acompañaban rieron de manera burlesca. Galleguillos les siguió el juego. Me sorprendió tanta complicidad. Parecían amigos. Estaban medias aturdidas por la noche y con el cutis brilloso. Podía oler su sexo blandusco, chorreante. Una me dijo que yo parecía un oficinista alcohólico, de esos con doble vida. Eran tres. Abrí la ventana. El viento de la madrugada limpió la oxidada atmósfera. Ibamos rápido, a 140 km por hora según el tablero del V16. Pensé que Galleguillos se dormía y terminaban las desapariciones, pero ya estábamos en Iquique, por la circunvalación en dirección a la Zofri. Andaban armadas, según Galleguillos. Con cuchillos. Las dejamos en su casa, en la Jorge Inostrosa. Le dicen “las chicas superpoderosa” y son primas, afirmó Galleguillos.
Unos meses después una de esas chicas, Mariela –creo que se llamaba- me acusó de que esa noche le robé una cadena de oro.
En el hospital, una enfermera me habló de la niña heroína. La atendió después del ataque del psicópata. La chica hablaba bastante, de su pololo, de su mamá… no parecía shockeada, a pesar de lo que se decía. Hace una hora pasé por el lugar donde vivió la chica, según me dijeron los vecinos. Había una mediagua habitada por unos hermanos ecuatorianos cesantes, que por oídas sabían de la historia. También pasé por la casa de Galleguillos. Es un montón de escombros, pero hay indicaciones, como unos graffitis, que indican que hay vivió el psicópata de la conchesumadre...
Su mujer me invitó a pasar. Le dije que no se preocupara, que esperaba afuera a su marido, pero insistió. Recuerdo que las paredes estaban decoradas por unos cuadros chinos de color rojo. La sala estaba ordenada y destacaba un florero con unas rosas medias marchitas. La mujer me sirvió un vaso de Bilz y encendió el televisor. La dejó en un partido de fútbol inglés. Me preguntó si venía a buscar a su marido para jugar. Le respondí que era taxista, y venía por un asunto del auto. A los cinco minutos apareció Galleguillos, con una mochila. Vuelvo de madrugada, le dijo a la mujer que asintió con una expresión de conformidad. Le ofreció si la preparaba un sándwich. Demoró diez minutos.
Esa noche asesinó a Sarita Soto Rubilar.
A la fiesta de Marambio llegamos como a las cinco de la madrugada. La bulla de la comisaría podía escucharse en toda la cuadra. Los vecinos estaban resignados. Galleguillos recibió la llamada de Marambio cuando se aprestaba a quemar su camisa ensangrentada. Justificó la muerte de Sarita porque no tenía otro futuro más que la miseria. Fue un golpe certero en la cabeza. La chica no sufrió en comparación a Marta Belmar.
Sunday, April 08, 2007
28.
Hace una hora salí del hospital. Son las 20.30 horas. Estoy en un ciber hediondo a fritura, estrecho. Las cosas no salieron como quería. Pudo ser una gripe degenerada, los palos del taxista o cualquier otra infección.
Me atendieron bien, aunque no faltó quien me puso cara de asco.
Superhugo se acordó. Una negra lo acompaña en la foto. Dice que es colombiana, de Envigado. Es nueva. 30 mil sale la hora, con derecho a un trago. Su sauna se llama Annaiss. Está cerca de aquí, aunque no tengo ni plata ni ganas.
El cura de Arica también se acordó. Dice que me puede contactar con Galleguillos. Lo verá en dos semanas, a finales de abril. Tengo tiempo para seguir con esto. Mañana subo a Alto Hospicio.
Me atendieron bien, aunque no faltó quien me puso cara de asco.
Superhugo se acordó. Una negra lo acompaña en la foto. Dice que es colombiana, de Envigado. Es nueva. 30 mil sale la hora, con derecho a un trago. Su sauna se llama Annaiss. Está cerca de aquí, aunque no tengo ni plata ni ganas.
El cura de Arica también se acordó. Dice que me puede contactar con Galleguillos. Lo verá en dos semanas, a finales de abril. Tengo tiempo para seguir con esto. Mañana subo a Alto Hospicio.
Thursday, March 29, 2007
27.
Disparó tres veces contra la cabeza de María Elizabeth. Fue como reventar una bolsa de agua.
El retrato de Galleguillos era del perfecto matarife de ganado. Estaba ensangrentado, pero tranquilo, como si matar fuera algo normal, un oficio después de todo.
Cantó, incluso, una antigua canción (...blanca y radiante va la novia) de Antonio Prieto, que emitía la radio. “Ese gueón es de Iquique”, me dijo por Prieto, mientras su pie derecho aplastaba la mano del cadáver. “Chao gueón enfermo”, le dije.
Después supe que el arma pertenecía a Marambio.
Esa noche nos juntamos para hablar sobre Quispe. No nos llamaba. Sospechaba. Todos los diarios nacionales habían sacado amplios reportajes sobre Alto Hospicio, al igual que los canales de televisión. Se hablaba de hasta 12 desaparecidas. La gente se atrevió a denunciar. Ya los pacos no les iban a decir que sus hijas eran putas. Alguna policía seguía con la tesis de trata de blancas, tal vez a esas alturas para despistar al criminal.
María Elizabeth vivía cerca de Galleguillos. A pocas cuadras, me dijo. La mujer de Galleguillos conocía a la madre de la chica. De ahí que esporádicamente Galleguillos la llevara al liceo. Días antes del crimen, María Elizabeth no quiso subirse al V16.
Todavía me duele la muñeca. Le dejé un mensaje a Toña. Ella es la única que me puede decir si las cosas por allá siguen igual. He revisado los diarios por internet y no encontré nada. Estoy en una central de llamadas teléfonicas, que tiene un computador. No es el mejor lugar para conectarse a internet.
Recuerdo que María Elizabeth tenía hambre. Nos detuvimos en unos locales de comida rápida, en la subida de Iquique a Alto Hospicio. Galleguillos no daba señales, ni tampoco dijo que me fuera. Parecía normal. Comimos una grasosa porción de papas fritas. Luego compramos cervezas. Estacionamos frente al Terminal Agropecuario. Nos reíamos de los líos amorosos de María Elizabeth. La chica era alegre. Sin embargo cometió la torpeza de decirle a Galleguillos que desconfiaba de él. Ya estaba media borracha. Que incluso tenía cara de sicópata. No le encontraí la cara, me dijo, y se rió de manera burlesca. Soy degenerado vos gueón, le dijo. Mi mamá dice que vos tenís algo que ver con los crímenes.
Galleguillos, en vez de seguirle el juego, se silenció como acusando el golpe. La chica se iba al lado mío. Me coqueteaba. Traté de besarla, pero en su borrachera me detuvo. No seai patudo gueón, me dijo. Galleguillos escuchaba a Luis Dimas.
Galleguillos propuso que fuéramos al mirador del Cerro Dragón. Antes compró más cerveza. María Elizabeth comenzó a dormitar en mi hombro hasta que se apagó.
Pendeja culia, repetía Galleguillos. No le vai hacer nada gueón, porque te funai y yo te cago, le dije. Cállate conchetumare, no seais gueón, mira tenís a la media mina ahí borracha, en tu hombro, y no le vai a hacer nada, estai loco. Aprovecha.
El gueón le metió las manos en la vagina. La chica tuvo la mala ocurrencia de gritar.
El retrato de Galleguillos era del perfecto matarife de ganado. Estaba ensangrentado, pero tranquilo, como si matar fuera algo normal, un oficio después de todo.
Cantó, incluso, una antigua canción (...blanca y radiante va la novia) de Antonio Prieto, que emitía la radio. “Ese gueón es de Iquique”, me dijo por Prieto, mientras su pie derecho aplastaba la mano del cadáver. “Chao gueón enfermo”, le dije.
Después supe que el arma pertenecía a Marambio.
Esa noche nos juntamos para hablar sobre Quispe. No nos llamaba. Sospechaba. Todos los diarios nacionales habían sacado amplios reportajes sobre Alto Hospicio, al igual que los canales de televisión. Se hablaba de hasta 12 desaparecidas. La gente se atrevió a denunciar. Ya los pacos no les iban a decir que sus hijas eran putas. Alguna policía seguía con la tesis de trata de blancas, tal vez a esas alturas para despistar al criminal.
María Elizabeth vivía cerca de Galleguillos. A pocas cuadras, me dijo. La mujer de Galleguillos conocía a la madre de la chica. De ahí que esporádicamente Galleguillos la llevara al liceo. Días antes del crimen, María Elizabeth no quiso subirse al V16.
Todavía me duele la muñeca. Le dejé un mensaje a Toña. Ella es la única que me puede decir si las cosas por allá siguen igual. He revisado los diarios por internet y no encontré nada. Estoy en una central de llamadas teléfonicas, que tiene un computador. No es el mejor lugar para conectarse a internet.
Recuerdo que María Elizabeth tenía hambre. Nos detuvimos en unos locales de comida rápida, en la subida de Iquique a Alto Hospicio. Galleguillos no daba señales, ni tampoco dijo que me fuera. Parecía normal. Comimos una grasosa porción de papas fritas. Luego compramos cervezas. Estacionamos frente al Terminal Agropecuario. Nos reíamos de los líos amorosos de María Elizabeth. La chica era alegre. Sin embargo cometió la torpeza de decirle a Galleguillos que desconfiaba de él. Ya estaba media borracha. Que incluso tenía cara de sicópata. No le encontraí la cara, me dijo, y se rió de manera burlesca. Soy degenerado vos gueón, le dijo. Mi mamá dice que vos tenís algo que ver con los crímenes.
Galleguillos, en vez de seguirle el juego, se silenció como acusando el golpe. La chica se iba al lado mío. Me coqueteaba. Traté de besarla, pero en su borrachera me detuvo. No seai patudo gueón, me dijo. Galleguillos escuchaba a Luis Dimas.
Galleguillos propuso que fuéramos al mirador del Cerro Dragón. Antes compró más cerveza. María Elizabeth comenzó a dormitar en mi hombro hasta que se apagó.
Pendeja culia, repetía Galleguillos. No le vai hacer nada gueón, porque te funai y yo te cago, le dije. Cállate conchetumare, no seais gueón, mira tenís a la media mina ahí borracha, en tu hombro, y no le vai a hacer nada, estai loco. Aprovecha.
El gueón le metió las manos en la vagina. La chica tuvo la mala ocurrencia de gritar.
Wednesday, March 28, 2007
26.
Me duele escribir. Tengo la muñeca dolorida. Cuando salí del taxi me golpeé con algo. No le tomé la patente al gueón.
Toña no contesta. Seguro que ahora está en la plazoleta del mall, comiendo helado y con su chico de cutis grasoso y polo estampada con la banda de moda. Toña escucha a Linkin Park. Eligió el CD en la Feria del Disco, en el mall. Le había ofrecido uno de The Who, una recopilación. No pretendas influenciarme, me dijo. Antes habíamos comido helado junto al chico de cutis grasoso. No recuerdo el nombre. Me presentó como su tío, el hermano de su padre que venía de sur. El chico nunca me miró bien la cara. Parecía tímido aunque seguro le provocaba algún tipo de repulsión. Toña me buscaba la mirada, mientras sus dedos acariciaban los brazos del chico. Antes, habíamos tenido sexo. Fue como a las 15 horas, en la pensión, después de almorzar juntos en un restaurante de comida brasileña, donde conversamos de sexo, de su blog (http://puttafina.blogspot.com/) y bebimos unas cervezas. Su llamada me despertó como a las 9 horas. Siempre me buscó.
En buena hora me utilizó. Estaba aburrida de los niñitos eyaculadores precoces, de los niñitos pajeros, de los niñitos mamones como ese pendejo.
Ni el recuerdo de Toña me lo endurece. Me acabo de tomar un antibiótico. Tengo fiebre. Me pasó la cuenta la noche. Son las 18 horas y hoy sólo salí a la farmacia, también compré una agua mineral.
En una hora más comenzarán a ocupar el resto de las habitaciones. La encargada me habló de tres alojados. De entrada me aclaró que era un hotel parejero. Le dije que no me interesaba. Tal vez me mire distinto después de anoche. Recuerdo que golpeé la puerta como loco. Venía agitado, delirante, y quizás con qué rostro.
Ese taxista de mierda pudo haberme jodido, pero le faltó experiencia. Fue demasiado directo. Me subí a su taxi como drogadicto y me bajé como víctima de un drogadicto. En cambio la única vez que temí de Galleguillos fue cuando me apuntó con una pistola. Quise salvar a María Elizabeth.
Toña no contesta. Seguro que ahora está en la plazoleta del mall, comiendo helado y con su chico de cutis grasoso y polo estampada con la banda de moda. Toña escucha a Linkin Park. Eligió el CD en la Feria del Disco, en el mall. Le había ofrecido uno de The Who, una recopilación. No pretendas influenciarme, me dijo. Antes habíamos comido helado junto al chico de cutis grasoso. No recuerdo el nombre. Me presentó como su tío, el hermano de su padre que venía de sur. El chico nunca me miró bien la cara. Parecía tímido aunque seguro le provocaba algún tipo de repulsión. Toña me buscaba la mirada, mientras sus dedos acariciaban los brazos del chico. Antes, habíamos tenido sexo. Fue como a las 15 horas, en la pensión, después de almorzar juntos en un restaurante de comida brasileña, donde conversamos de sexo, de su blog (http://puttafina.blogspot.com/) y bebimos unas cervezas. Su llamada me despertó como a las 9 horas. Siempre me buscó.
En buena hora me utilizó. Estaba aburrida de los niñitos eyaculadores precoces, de los niñitos pajeros, de los niñitos mamones como ese pendejo.
Ni el recuerdo de Toña me lo endurece. Me acabo de tomar un antibiótico. Tengo fiebre. Me pasó la cuenta la noche. Son las 18 horas y hoy sólo salí a la farmacia, también compré una agua mineral.
En una hora más comenzarán a ocupar el resto de las habitaciones. La encargada me habló de tres alojados. De entrada me aclaró que era un hotel parejero. Le dije que no me interesaba. Tal vez me mire distinto después de anoche. Recuerdo que golpeé la puerta como loco. Venía agitado, delirante, y quizás con qué rostro.
Ese taxista de mierda pudo haberme jodido, pero le faltó experiencia. Fue demasiado directo. Me subí a su taxi como drogadicto y me bajé como víctima de un drogadicto. En cambio la única vez que temí de Galleguillos fue cuando me apuntó con una pistola. Quise salvar a María Elizabeth.
Monday, March 26, 2007
Taxi Driver
Le pregunté si había visto “Taxi Driver”. “No entendí el final… pero igual, es buena, yo también fui milico como el loquito de la película y quedé algo traumado. Aquí los milicos son locos (lanzó una bocanada larga) ...después cuando salí a taxear de noche, quise matar al primer gueón raro que se me cruzara en el camino... esta ciudad está podrida, hay mucho gueón que te quiere cagar--Te creís Robert De Niro- le dije, en tono de broma... (del capítulo 25).
25.
Compramos. El taxista manejaba un Hyundai –no sé qué modelo-, mal cuidado y con una rotura provocada por el golpe de algo contundente en el vidrio trasero.
El tipo aceptó una quemada. Era moreno, delgado y hasta que se bajó, no supe bien su estatura. Fuimos cerca del puerto. Le interesó que fuera periodista. Me dijo que la parecía humano verme así... Pensaba que todos los periodistas eran como los guevones que salen en la tele, leyendo noticias, como ese Amaro. Imaginó que tenía mucha plata como para pagar el vidrio roto.
Me indicó donde estaban las mejores movidas, las mejores minas (hablaba con soltura aunque su seseo me molestaba).
Le pregunté si había visto “Taxi Driver”. “No entendí el final… pero igual, es buena, yo también fui milico como el loquito de la película y quedé algo traumado. Aquí los milicos son locos (lanzó una bocanada larga) ...después cuando salí a taxear de noche, quise matar al primer gueón raro que se me cruzara en el camino... esta ciudad está podrida, hay mucho gueón que te quiere cagar-
-Te creís Robert De Niro- le dije, en tono de broma.-
-¿Tenís plata para comprar unas cervezas?- dijo
-( me revise la billetera...)
-¿Cuánto tenís? – me preguntó con firmeza, como milico.
- Termino con esto y me vas a dejar. Mañana debo estar en Arica.
- Sabís que atrás, en el maletero, tengo un palo, y acá adelante, al costado, tengo un fierro (no era grande).
-Estai más armado que el chapulín colorado. Le dije. El gueón estaba serio.
-No cualquiera trabaja de noche en esta ciudad.- me dijo
-¿Y en Alto Hospicio?-
-Tengo sed gueón, porque no compraí una cerveza-
-¿Haces carrera a Alto Hospicio? ¿Sí o no?- le dije
-Te cobro 10 lucas a esta hora.
-¿Mucho asalto en Alto Hospicio?
-Mucho gueón drogo anda en la noche, se pone difícil. Hay que saber distinguirlos. Una vez le saqué la mierda con este fierro a uno que me pidió plata-
-¿Vamos a comprar cervezas? - le dije
-¿Oye gueón y porqué mierda me rompiste el vidrio de atrás? (con el fierro en la mano mientras con la otra sostenía el volante)- dijo casi gritando.
-Qué vidrio gueón-
-El de atrás pus gueón, vos fuiste... Págame la guevaá.
-Estai loco (Detuvo el auto en la luz roja del semáforo a un costado la Plaza Prat, frente al Hotel Prat)
-Págame la guevaá conchetumare, diez lucas por el vidrio que rompiste, maricón.
-Chao tonto gueón (me bajé e hice como me iba a meter al hotel).
-El gueón se bajó con el fierro-.
El cuidador del hotel lo amenazó con los pacos. El gueón dijo que me encontraría.
El tipo aceptó una quemada. Era moreno, delgado y hasta que se bajó, no supe bien su estatura. Fuimos cerca del puerto. Le interesó que fuera periodista. Me dijo que la parecía humano verme así... Pensaba que todos los periodistas eran como los guevones que salen en la tele, leyendo noticias, como ese Amaro. Imaginó que tenía mucha plata como para pagar el vidrio roto.
Me indicó donde estaban las mejores movidas, las mejores minas (hablaba con soltura aunque su seseo me molestaba).
Le pregunté si había visto “Taxi Driver”. “No entendí el final… pero igual, es buena, yo también fui milico como el loquito de la película y quedé algo traumado. Aquí los milicos son locos (lanzó una bocanada larga) ...después cuando salí a taxear de noche, quise matar al primer gueón raro que se me cruzara en el camino... esta ciudad está podrida, hay mucho gueón que te quiere cagar-
-Te creís Robert De Niro- le dije, en tono de broma.-
-¿Tenís plata para comprar unas cervezas?- dijo
-( me revise la billetera...)
-¿Cuánto tenís? – me preguntó con firmeza, como milico.
- Termino con esto y me vas a dejar. Mañana debo estar en Arica.
- Sabís que atrás, en el maletero, tengo un palo, y acá adelante, al costado, tengo un fierro (no era grande).
-Estai más armado que el chapulín colorado. Le dije. El gueón estaba serio.
-No cualquiera trabaja de noche en esta ciudad.- me dijo
-¿Y en Alto Hospicio?-
-Tengo sed gueón, porque no compraí una cerveza-
-¿Haces carrera a Alto Hospicio? ¿Sí o no?- le dije
-Te cobro 10 lucas a esta hora.
-¿Mucho asalto en Alto Hospicio?
-Mucho gueón drogo anda en la noche, se pone difícil. Hay que saber distinguirlos. Una vez le saqué la mierda con este fierro a uno que me pidió plata-
-¿Vamos a comprar cervezas? - le dije
-¿Oye gueón y porqué mierda me rompiste el vidrio de atrás? (con el fierro en la mano mientras con la otra sostenía el volante)- dijo casi gritando.
-Qué vidrio gueón-
-El de atrás pus gueón, vos fuiste... Págame la guevaá.
-Estai loco (Detuvo el auto en la luz roja del semáforo a un costado la Plaza Prat, frente al Hotel Prat)
-Págame la guevaá conchetumare, diez lucas por el vidrio que rompiste, maricón.
-Chao tonto gueón (me bajé e hice como me iba a meter al hotel).
-El gueón se bajó con el fierro-.
El cuidador del hotel lo amenazó con los pacos. El gueón dijo que me encontraría.
Saturday, March 24, 2007
24.
La puta llegó como a la 1 de la madrugada. Se presentó como Amanda, de La Serena. Le dije que era minero; que estaba de paso; que era mi primera vez con un puta. Tenía como 22 años, el cuerpo delgado, el poto duro y parado y los senos pequeños, y también duros. Manejaba su lengua como cuchillo untador de mantequilla. Aquello le daba valor agregado a su performance. Fue bueno, rico. Me dijo que tenía varios clientes, algunos enamorados. Pensé en la manera de utilizar su lengua. Original la gueona. Extrañé un poco de cocaína -tal vez para endurecerme-. Tiramos como una hora. Me cobró 30 lucas. Mucha plata, pero valió la pena.
Después de tirar, otra vez quise cortarme los testículos. Ya estaba borracho. Antes, pedí otra Cuba Libre. Sabía a pisco barato con Coca Cola. Pensé en Bukowsky. Ya me daba lo mismo que me engañaran. Por citófono pedí una gillete para mutilarme los testículos –dije- y el gueón me trajo una guevaá parecida a una peineta.
Sigo desnudo y olor a sexo -recién me lleve los dedos a las narices y recuerdo a esta puta de La Serena, estaba rica-. Playboy sigue chisporroteando guevaás. Arriba y al lado siguen tirando. Pienso en lo nefasto de los testículos. Nunca aportaron a la estética. Se ven feas las huevas colgando, pero tienen poder de decisión, como un cerebro atrofiado. Dominan y enceguecen. La justicia debió castrar a Galleguillos y a Marambio, pero los gueones siguen ahí calentándose las bolas. Galleguillos se las calienta en la cárcel ¿Cuántas pajas lleva ya? Hasta los gueones le ponen papel higiénico. Marambio era más normal que Galleguillos… me da risa esta última afirmación ¿Yo soy más normal que esos dos guevones? Jejejeje.
Se me viene la imagen de Galleguillos masturbándose mientras el perro de Marambio se violaba a la puta gorda. Me voy. Son las 3 de la madrugada. Voy a calle Thompson, a la altura de Juan Martínez. No sé qué mierda voy a buscar.
Después de tirar, otra vez quise cortarme los testículos. Ya estaba borracho. Antes, pedí otra Cuba Libre. Sabía a pisco barato con Coca Cola. Pensé en Bukowsky. Ya me daba lo mismo que me engañaran. Por citófono pedí una gillete para mutilarme los testículos –dije- y el gueón me trajo una guevaá parecida a una peineta.
Sigo desnudo y olor a sexo -recién me lleve los dedos a las narices y recuerdo a esta puta de La Serena, estaba rica-. Playboy sigue chisporroteando guevaás. Arriba y al lado siguen tirando. Pienso en lo nefasto de los testículos. Nunca aportaron a la estética. Se ven feas las huevas colgando, pero tienen poder de decisión, como un cerebro atrofiado. Dominan y enceguecen. La justicia debió castrar a Galleguillos y a Marambio, pero los gueones siguen ahí calentándose las bolas. Galleguillos se las calienta en la cárcel ¿Cuántas pajas lleva ya? Hasta los gueones le ponen papel higiénico. Marambio era más normal que Galleguillos… me da risa esta última afirmación ¿Yo soy más normal que esos dos guevones? Jejejeje.
Se me viene la imagen de Galleguillos masturbándose mientras el perro de Marambio se violaba a la puta gorda. Me voy. Son las 3 de la madrugada. Voy a calle Thompson, a la altura de Juan Martínez. No sé qué mierda voy a buscar.
Friday, March 23, 2007
23.
Superhugo: Te gustaron las fotos?
J1: ricas
Superhugo: la negra de la derecha llegó hace una semana. Es colombiana.
J1: Estoy en Iquique
Superhugo: ¿?
J1: Todavia vivis acá gueón?
Superhugo: no seas sapo
J1: Me gustaría hablar
Superhugo: paso ocupado. Debís imaginarte en que trabajo
J1: guardia, cafiche, gueaas de putas, etc
Superhugo: compra el diario, ubica las páginas económicas, avisos no sometidos a clasificación… la tercera agencia de maracas es la mía…jejejeje
J1: te jactaí gueon
Superhugo: jejejeje
J1: más rato te llamo
Superhugo: Y pa qué querís verme gueón
J1: por Galleguillos
Superhugo: y porque no te vai a la mierda, loco culiao…
J1: tranquilo gueón.
Superhugo: no seai majadero, gueon.
J1: tranquilo maraco feo
Superhugo: si venis por Galleguillos, andate a la mierda…en serio
J1: te voy a llamar gueón
Superhugo: a qué hora, pa no contestarte…. chao
Se ponen gritones los pendejos con el Play. Lennon me saludó con cara de resignado. Desde anoche estoy en el hostal J. Pérez, a un par de cuadras de aquí. Pude ir a otro ciber, pero llegué para verle la cara a Lennon. Antes me tomé unas cervezas, las necesitaba. Los niños le dicen tío. Lo imagino vestido de Boy Scout. No me dan confianza los gueones viejos que se hacen amables con los niños. Me molesta este gueón….
Le dije que era un pedófilo de mierda. Los niños me miraron asustados. Uno salió corriendo cuando le tiré las monedas en la cara. Salté, cuando el gueón me lanzó una especie de fierro o palanca, no sé. Vi sus lentes caer.
Escribo esto en mi habitación del hostal. Decidí no llamar a Marambio. Seguro que después se conectará al chat para mandarme sus fotos cachondas. Me ha enviado fotos hasta de Cuba y siempre lo mismo. Debe estar realizado con su puterío. Tuvo suerte. Como paco, el gueón se supo proteger. En algún momento pensé que este gueón había delatado a Galleguillos. Los ratis los interrogaron varias veces. Era el comisario de Alto Hospicio en el tiempo de los crímenes. Su desidia le costó su carrera de paco.
Galleguillos me lo presentó. Andaba de civil, pero igual lo conocía. Ibamos a buscar unos paquetes donde Quispe, pero nos quedamos comiendo asado, bebiendo y después tirando líneas de coca. El paco era como imbécil para la coca. Yo igual. Me dijo que si hacía la vista gorda seríamos amigos. Galleguillos nos miraba mientras bebía vino. Quispe, como era su costumbre, seguía ofreciendo guevaás. Mejor para nosotros. Como a la una de la madrugada salimos hacia Pozo Almonte. Había neblina. Cerca de la plaza, Galleguillos entregó el paquete a un camionero que iba para el sur, supongo que a Santiago. Marambio y yo éramos de la idea de seguir gueveando. Pozo Almonte es un pueblo puto: hay de todo lo que les gusta a los mineros, pero en dosis pequeñas, justas. Nos metimos a un bar, el más luminoso. Esta vez Galleguillos decidió tirarse una línea; había bebido dos piscolas y tenía que manejar. Quedó como robot. Después pidió más. Salimos con un par de chicas, putas, que a la altura de la carretera, cerca del desvío a La Tirana, se urgieron: ¿Dónde vamos? ¿A dónde mierda nos llevan degenerados culiaos?... (Chikatilo conducía).
Me alojé en este hostal a sabiendas que es parejero. Arriba hay guevones tirando. El gueón se queja más que la mina. Me aburre ver en el canal Playboy a tanta gueona rubia, tetona, tipo californiana; prefiero las negras brasileñas o colombianas, ricas… tal vez más rato llame a la agencia de Marambio para que me mande a una negra.
Les dije a las putas que se tranquilizaran –era lo mejor- cuando tomamos un desvío cerca de La Huayca. Estábamos en medio de la pampa de El Tamarugal –un especie de bosque de tamarugos-, y Marambio, con los ojos desorbitados, le mostraba a las chicas su pistola de servicio y su pene. Galleguillos conducía tranquilo, como chofer de funeraria. En tanto yo seguía pensando en tirarme otra raya entre medio de las tetas de las maracas. Galleguillos detuvo el auto y subió el volumen a la radio. Sonaba una canción de The Sacados: ritmo, ritmo de la noche...
Las chicas se bajaron como dispuestas a ser fusiladas. Recordé a los milicos y quise pegarle un botellazo al paco. (Me acaba de llegar un vaso de ron y una coca cola a la pieza, y en quince minutos más me llegará una chica) Marambio culiao, le comenzó a pegar patadas a una de las chicas, a la más gorda, que ya estaba desnuda. Hacía frío. Galleguillos fumaba y yo trataba de buscarle por la buena besos a la otra puta, que estaba nerviosa viendo como el otro gueón pateaba en el suelo a su colega. Temí una guevaá más rara cuando Galleguillos tomó el arma de Marambio.
Mi puta se fue por la buena, incluso pude tirarme una línea sobres sus tetas. Galleguillos no quiso meterlo, a pesar de la insistencia de Marambio. Dejamos a la gorda sangrando por la boca y desnuda, junto a su amiga, y un poco de pisco para el frío. El imbécil de Marambio les dijo que no se volvieran a meter con los pacos y que desaparecerían si nos denunciaban.
J1: ricas
Superhugo: la negra de la derecha llegó hace una semana. Es colombiana.
J1: Estoy en Iquique
Superhugo: ¿?
J1: Todavia vivis acá gueón?
Superhugo: no seas sapo
J1: Me gustaría hablar
Superhugo: paso ocupado. Debís imaginarte en que trabajo
J1: guardia, cafiche, gueaas de putas, etc
Superhugo: compra el diario, ubica las páginas económicas, avisos no sometidos a clasificación… la tercera agencia de maracas es la mía…jejejeje
J1: te jactaí gueon
Superhugo: jejejeje
J1: más rato te llamo
Superhugo: Y pa qué querís verme gueón
J1: por Galleguillos
Superhugo: y porque no te vai a la mierda, loco culiao…
J1: tranquilo gueón.
Superhugo: no seai majadero, gueon.
J1: tranquilo maraco feo
Superhugo: si venis por Galleguillos, andate a la mierda…en serio
J1: te voy a llamar gueón
Superhugo: a qué hora, pa no contestarte…. chao
Se ponen gritones los pendejos con el Play. Lennon me saludó con cara de resignado. Desde anoche estoy en el hostal J. Pérez, a un par de cuadras de aquí. Pude ir a otro ciber, pero llegué para verle la cara a Lennon. Antes me tomé unas cervezas, las necesitaba. Los niños le dicen tío. Lo imagino vestido de Boy Scout. No me dan confianza los gueones viejos que se hacen amables con los niños. Me molesta este gueón….
Le dije que era un pedófilo de mierda. Los niños me miraron asustados. Uno salió corriendo cuando le tiré las monedas en la cara. Salté, cuando el gueón me lanzó una especie de fierro o palanca, no sé. Vi sus lentes caer.
Escribo esto en mi habitación del hostal. Decidí no llamar a Marambio. Seguro que después se conectará al chat para mandarme sus fotos cachondas. Me ha enviado fotos hasta de Cuba y siempre lo mismo. Debe estar realizado con su puterío. Tuvo suerte. Como paco, el gueón se supo proteger. En algún momento pensé que este gueón había delatado a Galleguillos. Los ratis los interrogaron varias veces. Era el comisario de Alto Hospicio en el tiempo de los crímenes. Su desidia le costó su carrera de paco.
Galleguillos me lo presentó. Andaba de civil, pero igual lo conocía. Ibamos a buscar unos paquetes donde Quispe, pero nos quedamos comiendo asado, bebiendo y después tirando líneas de coca. El paco era como imbécil para la coca. Yo igual. Me dijo que si hacía la vista gorda seríamos amigos. Galleguillos nos miraba mientras bebía vino. Quispe, como era su costumbre, seguía ofreciendo guevaás. Mejor para nosotros. Como a la una de la madrugada salimos hacia Pozo Almonte. Había neblina. Cerca de la plaza, Galleguillos entregó el paquete a un camionero que iba para el sur, supongo que a Santiago. Marambio y yo éramos de la idea de seguir gueveando. Pozo Almonte es un pueblo puto: hay de todo lo que les gusta a los mineros, pero en dosis pequeñas, justas. Nos metimos a un bar, el más luminoso. Esta vez Galleguillos decidió tirarse una línea; había bebido dos piscolas y tenía que manejar. Quedó como robot. Después pidió más. Salimos con un par de chicas, putas, que a la altura de la carretera, cerca del desvío a La Tirana, se urgieron: ¿Dónde vamos? ¿A dónde mierda nos llevan degenerados culiaos?... (Chikatilo conducía).
Me alojé en este hostal a sabiendas que es parejero. Arriba hay guevones tirando. El gueón se queja más que la mina. Me aburre ver en el canal Playboy a tanta gueona rubia, tetona, tipo californiana; prefiero las negras brasileñas o colombianas, ricas… tal vez más rato llame a la agencia de Marambio para que me mande a una negra.
Les dije a las putas que se tranquilizaran –era lo mejor- cuando tomamos un desvío cerca de La Huayca. Estábamos en medio de la pampa de El Tamarugal –un especie de bosque de tamarugos-, y Marambio, con los ojos desorbitados, le mostraba a las chicas su pistola de servicio y su pene. Galleguillos conducía tranquilo, como chofer de funeraria. En tanto yo seguía pensando en tirarme otra raya entre medio de las tetas de las maracas. Galleguillos detuvo el auto y subió el volumen a la radio. Sonaba una canción de The Sacados: ritmo, ritmo de la noche...
Las chicas se bajaron como dispuestas a ser fusiladas. Recordé a los milicos y quise pegarle un botellazo al paco. (Me acaba de llegar un vaso de ron y una coca cola a la pieza, y en quince minutos más me llegará una chica) Marambio culiao, le comenzó a pegar patadas a una de las chicas, a la más gorda, que ya estaba desnuda. Hacía frío. Galleguillos fumaba y yo trataba de buscarle por la buena besos a la otra puta, que estaba nerviosa viendo como el otro gueón pateaba en el suelo a su colega. Temí una guevaá más rara cuando Galleguillos tomó el arma de Marambio.
Mi puta se fue por la buena, incluso pude tirarme una línea sobres sus tetas. Galleguillos no quiso meterlo, a pesar de la insistencia de Marambio. Dejamos a la gorda sangrando por la boca y desnuda, junto a su amiga, y un poco de pisco para el frío. El imbécil de Marambio les dijo que no se volvieran a meter con los pacos y que desaparecerían si nos denunciaban.
Wednesday, March 21, 2007
22.
Haga que no mira, me dijo, y desde un costado de la animita extrajo un bulto pequeño.
Hace rato que me observaba. En algún momento pensé en un asalto. Tenía cara de angustiado por la droga. Me miró fijo. Hablaba mal, algo gangoso. Noté que el gueón se calmó cuando le expliqué que era tío de una de las chicas, de Gretel Contreras. Después lo vi tomar un taxi con dirección a Iquique.
Dejé los bombones bajo el nombre de Gretel y bajé como a las 18 horas. Estoy en un ciber, entre las calles Vivar y Bulnes, en el centro. A mi lado hay escolares, de básica. La mayoría juega Play. El encargado de esta guevada piensa que soy otro cesante. Usa gafas redondas tipo Lennon y tiene el pelo ensortijado. Está acostumbrado a tratar con niños. Cuando le hable de imprimir me dijo que el currículum cuesta 150 pesos. Sácame la cuenta por 25 hojas, tamaño carta, le dije. Me miró con cara de alumno. Me recordó la cara de Galleguillos, cuando le conté que el caníbal de Rotemburgo congelaba carne humana en bolsas selladas.
-Las comía en momentos especiales, con champagne, vino chileno, caviar, camarones y otras guevadas… Para el maraco era un ritual de amor. Ambos se fundían en los intestinos-. dije
-Jajajajaja, me estai gueveando- me dijo.
-En el fondo es una historia de amor...-
-Jajajajajaja... el gueón sufría entonces cuando iba a cagar,- me dijo.
Galleguillos no puso un aviso en internet como el caníbal.
Se paró frente al liceo de Alto Hospicio después de las 19 horas. La imagen me recuerda a cualquier gueón eligiendo carne en un supermercado.
Estuve presente cuando Gretel Contreras se subió al auto, como también cuando la agarró del cuello y con un cuchillo en dirección al ojo, le dijo: cállate conchetumare, cállate… que si gritai te saco el ojo, gueona maraca…
Desde algunos metros observé lo que parecía una violación, mientras bebía media botella de pisco con Coca Cola. No sé cómo hizo este gueón para asear el V16.
Eran como las 20 horas. Caminé varios minutos en dirección a la carretera y tomé un taxi. Esa noche seguí bebiendo en un bar frente a Playa Brava.
Después de 3 días me reencontré con Galleguillos. Teníamos un acuerdo tácito de no hablar de los actos, pero en broma me dijo que aquella noche recuperó el gusto por el vino chileno. Le puse cara de asco.
Se lo dejo en 3.500 pesos, me dijo. Sume dos impresiones más, pero a color. Cuando el gueón vio las fotos de las chicas de Superhugo me miró con la misma cara que le puse a Galleguillos.
Hace rato que me observaba. En algún momento pensé en un asalto. Tenía cara de angustiado por la droga. Me miró fijo. Hablaba mal, algo gangoso. Noté que el gueón se calmó cuando le expliqué que era tío de una de las chicas, de Gretel Contreras. Después lo vi tomar un taxi con dirección a Iquique.
Dejé los bombones bajo el nombre de Gretel y bajé como a las 18 horas. Estoy en un ciber, entre las calles Vivar y Bulnes, en el centro. A mi lado hay escolares, de básica. La mayoría juega Play. El encargado de esta guevada piensa que soy otro cesante. Usa gafas redondas tipo Lennon y tiene el pelo ensortijado. Está acostumbrado a tratar con niños. Cuando le hable de imprimir me dijo que el currículum cuesta 150 pesos. Sácame la cuenta por 25 hojas, tamaño carta, le dije. Me miró con cara de alumno. Me recordó la cara de Galleguillos, cuando le conté que el caníbal de Rotemburgo congelaba carne humana en bolsas selladas.
-Las comía en momentos especiales, con champagne, vino chileno, caviar, camarones y otras guevadas… Para el maraco era un ritual de amor. Ambos se fundían en los intestinos-. dije
-Jajajajaja, me estai gueveando- me dijo.
-En el fondo es una historia de amor...-
-Jajajajajaja... el gueón sufría entonces cuando iba a cagar,- me dijo.
Galleguillos no puso un aviso en internet como el caníbal.
Se paró frente al liceo de Alto Hospicio después de las 19 horas. La imagen me recuerda a cualquier gueón eligiendo carne en un supermercado.
Estuve presente cuando Gretel Contreras se subió al auto, como también cuando la agarró del cuello y con un cuchillo en dirección al ojo, le dijo: cállate conchetumare, cállate… que si gritai te saco el ojo, gueona maraca…
Desde algunos metros observé lo que parecía una violación, mientras bebía media botella de pisco con Coca Cola. No sé cómo hizo este gueón para asear el V16.
Eran como las 20 horas. Caminé varios minutos en dirección a la carretera y tomé un taxi. Esa noche seguí bebiendo en un bar frente a Playa Brava.
Después de 3 días me reencontré con Galleguillos. Teníamos un acuerdo tácito de no hablar de los actos, pero en broma me dijo que aquella noche recuperó el gusto por el vino chileno. Le puse cara de asco.
Se lo dejo en 3.500 pesos, me dijo. Sume dos impresiones más, pero a color. Cuando el gueón vio las fotos de las chicas de Superhugo me miró con la misma cara que le puse a Galleguillos.
Monday, March 19, 2007
21.
A Galleguillos le dio un ataque de amnesia.
Al tercer día sin dormir se declaró culpable. Luego y pensando que por fin se relajaría, le indicó el lugar a los ratis. Después durmió sedado durante 20 horas para olvidarse de todo y declarase, el muy mierda, inocente. A la fecha mantiene su afirmación de inocencia y argumenta que fueron otros los responsables de los crímenes. Dice ser víctima de una mafia y que está amenazado de muerte. Como asegura padecer amnesia, supongo que no se acordará de mí.
Hoy me contacté con un cura que periódicamente visita a un grupo de internos de la cárcel de Acha, en Arica. Dijo que me podía ayudar aunque es complicado acceder a Galleguillos. Le dije que el viernes estaría por allá.
Son las 11 horas y esta mañana leí en internet que viene la segunda parte de la película “Hostel”. Los amigos freak del pobre Dyango se pondrán contentos. Disfrutan del cine gore. Yo la encontré un bodrio, una caricatura de una película de terror, aunque no me extrañaría que existan clubes de tortura repartidos por los países del postsocialismo o los del tercer mundo. Así, podría explicar las desapariciones de las chicas en Ciudad de Juárez o de los miles de indocumentados que cruzan México con dirección a Estados Unidos. Alto Hospicio me parece ideal para un club de tortura. Están dadas las condiciones: ciudad fronteriza, desierto, salitreras abandonadas, inmigrantes ilegales y pobreza. Sumemos que por historia Chile es un país de desaparecidos... pero como sea, insisto: "Hostel" es un bodrio.
Nunca hablamos con Galleguillos sobre qué hizo en los años de Pinochet. Supongo que estaba en el sur, en Linares o algo así. Tengo claro que llegó a Alto Hospicio a mediados de los 90. Lo hizo solo. Una vez este gueón me sorprendió cuando se comparó con Pinochet y con Hitler.
-En su lugar habría hecho lo mismo- dijo-
¿Cómo?-
-Limpiar al país para gobernar tranquilo-me dijo-
-Pero si el gueón nunca gobernó tranquilo, siempre tuvo problemas, acuérdate de las crisis económicas, las protestas, el atentado… al final el gueón sólo generó rechazo.-
-Yo habría hecho una depuración más profunda, a lo Hitler-
-Te creo gueón… pero Hitler igual perdió la guerra y se transformó en el peor gueón de la historia.
-Creo que los gringos hicieron bien las cosas... esos guevones exterminaron a los indios, echaron a los mexicanos, quemaron a los japoneses y silenciosamente se transformaron en lo mismo que quería Hitler… Los gueones son igual de racistas que Hitler, si nos pueden exterminar, lo hacen…
- La diferencia es que ellos hacen las cosas bien, diplomáticamente, pero igual te lo ponen- le respondí.-
¿Y cuándo le vas a dedicar un capítulo al “Guatón” Romo, el torturador más famoso de Chile?- dijo.
-No sé... tuvo suerte ese gueón, encontró el contexto para desarrollarse como sicópta, como tú.
Al tercer día sin dormir se declaró culpable. Luego y pensando que por fin se relajaría, le indicó el lugar a los ratis. Después durmió sedado durante 20 horas para olvidarse de todo y declarase, el muy mierda, inocente. A la fecha mantiene su afirmación de inocencia y argumenta que fueron otros los responsables de los crímenes. Dice ser víctima de una mafia y que está amenazado de muerte. Como asegura padecer amnesia, supongo que no se acordará de mí.
Hoy me contacté con un cura que periódicamente visita a un grupo de internos de la cárcel de Acha, en Arica. Dijo que me podía ayudar aunque es complicado acceder a Galleguillos. Le dije que el viernes estaría por allá.
Son las 11 horas y esta mañana leí en internet que viene la segunda parte de la película “Hostel”. Los amigos freak del pobre Dyango se pondrán contentos. Disfrutan del cine gore. Yo la encontré un bodrio, una caricatura de una película de terror, aunque no me extrañaría que existan clubes de tortura repartidos por los países del postsocialismo o los del tercer mundo. Así, podría explicar las desapariciones de las chicas en Ciudad de Juárez o de los miles de indocumentados que cruzan México con dirección a Estados Unidos. Alto Hospicio me parece ideal para un club de tortura. Están dadas las condiciones: ciudad fronteriza, desierto, salitreras abandonadas, inmigrantes ilegales y pobreza. Sumemos que por historia Chile es un país de desaparecidos... pero como sea, insisto: "Hostel" es un bodrio.
Nunca hablamos con Galleguillos sobre qué hizo en los años de Pinochet. Supongo que estaba en el sur, en Linares o algo así. Tengo claro que llegó a Alto Hospicio a mediados de los 90. Lo hizo solo. Una vez este gueón me sorprendió cuando se comparó con Pinochet y con Hitler.
-En su lugar habría hecho lo mismo- dijo-
¿Cómo?-
-Limpiar al país para gobernar tranquilo-me dijo-
-Pero si el gueón nunca gobernó tranquilo, siempre tuvo problemas, acuérdate de las crisis económicas, las protestas, el atentado… al final el gueón sólo generó rechazo.-
-Yo habría hecho una depuración más profunda, a lo Hitler-
-Te creo gueón… pero Hitler igual perdió la guerra y se transformó en el peor gueón de la historia.
-Creo que los gringos hicieron bien las cosas... esos guevones exterminaron a los indios, echaron a los mexicanos, quemaron a los japoneses y silenciosamente se transformaron en lo mismo que quería Hitler… Los gueones son igual de racistas que Hitler, si nos pueden exterminar, lo hacen…
- La diferencia es que ellos hacen las cosas bien, diplomáticamente, pero igual te lo ponen- le respondí.-
¿Y cuándo le vas a dedicar un capítulo al “Guatón” Romo, el torturador más famoso de Chile?- dijo.
-No sé... tuvo suerte ese gueón, encontró el contexto para desarrollarse como sicópta, como tú.
Saturday, March 17, 2007
20.
No encontré los bombones en la animita.
Compré otra caja de bombones y la dejé bajo el nombre de Karina Trigo Fernández. La primera caja fue para Mary Lobera.
En el lapso de una hora y algo más –no llevo reloj- escuché varios comentarios, mientras intentaba leer el fome diario de Iquique. La mayoría de la gente eran turistas –antofagastinos y calameños que viajan el fin de semana a comprar a la Zofri-. Todos repetían lo mismo: pobrecitas; que terrible; que el gueón (Galleguillos) era un maldito y que ahora las niñas deben ser unos angelitos. Una adolescente de uniforme escolar se puso a rezar. Después me pidió un encendedor para la vela. Le dije que primero encendiera el diario que ya lo había transformado en un cambucho y después la vela. La invité a un cigarro. Me preguntó qué hacía ahí, si era familiar de las chicas.
-Primera vez lo que veo por acá- agregó.
-Vengo por trabajo- le dije.
-¿Cómo?-.dijo
-Soy periodista y estoy haciendo un texto sobre la animitas de las chicas asesinadas por el psicópata-
-Entrevísteme entonces...- me dijo con cara de coqueta para después mirarse los zapatos, cuyas puntas estaban sucias, por la tierra.
-¿Dónde vives?-
-Para allá... detrás de la población ésa...
-¿En las tomas?
-Correcto.
-¿Tu familia no es de acá?-
-Correcto.
-Pero cuéntame de tu familia ¿Quieres otro cigarro?
-Bueno (por el cigarro) ...Vivo con mi madre, mi abuela y mis hermanos.
-¿No eres de acá?-
-Somos de Quillota. Llegamos hace un año con mi mamá y mis hermanos. Después se vino mi abuela.
-¿Conociste a las chicas?
-Mmm... yo estaba como séptimo básico, en la escuela. Ellas estaban en el liceo o algunas no estudiaban, no sé. Igual conocí a Cristina, la niña heroína. Vivía cerca de mi casa. Después se fue junto a su familia. Dicen que ahora está en Santiago y que el gobierno le regaló una casa... Me tengo que ir.
-¿Te puedo sacar una foto?
-Bueno y ¿Cómo?.
-Ponte ahí, como mirando la foto de ella...
Es la foto normal para un diario, con el significado de una escolar de Alto Hospicio frente a la tumba de las chicas asesinadas. No le pregunté el nombre ni tampoco se interesó por el mío.
Compré otra caja de bombones y la dejé bajo el nombre de Karina Trigo Fernández. La primera caja fue para Mary Lobera.
En el lapso de una hora y algo más –no llevo reloj- escuché varios comentarios, mientras intentaba leer el fome diario de Iquique. La mayoría de la gente eran turistas –antofagastinos y calameños que viajan el fin de semana a comprar a la Zofri-. Todos repetían lo mismo: pobrecitas; que terrible; que el gueón (Galleguillos) era un maldito y que ahora las niñas deben ser unos angelitos. Una adolescente de uniforme escolar se puso a rezar. Después me pidió un encendedor para la vela. Le dije que primero encendiera el diario que ya lo había transformado en un cambucho y después la vela. La invité a un cigarro. Me preguntó qué hacía ahí, si era familiar de las chicas.
-Primera vez lo que veo por acá- agregó.
-Vengo por trabajo- le dije.
-¿Cómo?-.dijo
-Soy periodista y estoy haciendo un texto sobre la animitas de las chicas asesinadas por el psicópata-
-Entrevísteme entonces...- me dijo con cara de coqueta para después mirarse los zapatos, cuyas puntas estaban sucias, por la tierra.
-¿Dónde vives?-
-Para allá... detrás de la población ésa...
-¿En las tomas?
-Correcto.
-¿Tu familia no es de acá?-
-Correcto.
-Pero cuéntame de tu familia ¿Quieres otro cigarro?
-Bueno (por el cigarro) ...Vivo con mi madre, mi abuela y mis hermanos.
-¿No eres de acá?-
-Somos de Quillota. Llegamos hace un año con mi mamá y mis hermanos. Después se vino mi abuela.
-¿Conociste a las chicas?
-Mmm... yo estaba como séptimo básico, en la escuela. Ellas estaban en el liceo o algunas no estudiaban, no sé. Igual conocí a Cristina, la niña heroína. Vivía cerca de mi casa. Después se fue junto a su familia. Dicen que ahora está en Santiago y que el gobierno le regaló una casa... Me tengo que ir.
-¿Te puedo sacar una foto?
-Bueno y ¿Cómo?.
-Ponte ahí, como mirando la foto de ella...
Es la foto normal para un diario, con el significado de una escolar de Alto Hospicio frente a la tumba de las chicas asesinadas. No le pregunté el nombre ni tampoco se interesó por el mío.
Wednesday, March 14, 2007
Psicópata pop

...recuerdo a Charles Manson y el pánico que provocó entre los guevones de Hollywood, con el asesinato de Sharon Tate. Tal vez me falte escribir el capítulo sobre Manson en asesinos en series. Galleguillos me preguntó qué cuándo lo iba a ser. Nunca me gustó el tufo pop de Manson. Hasta el imbécil de Axel Roses andaba con poleras de Manson. Fue el primer psicópata superstar, pop o algo por estilo. Creo que el gueón todavía está vivo gracias a sus miles de fans que le escriben guevonas cartas hinchándole los testículos. Su imagen en las polos es tan inofensiva como la del Che Guevara. Manson es un bebé al lado de Chikatilo o nuestro (por lo latinoamericano) Garavito. Si Manson fue un bebé, entonces: Galleguillos es un feto o quizás un espermatozoide..
19.
Esta guevona de Natalia otra vez me mandó a la mierda. La llamé como a las 18 horas, al canal. Le dije que estaba en Iquique. Nada. Después y con insulto de por medio –que te creí conchetumadre, que te creís... - me dijo que no la siguiera gueveando. Llegua. A fin de mes estaré en Santiago y deberá escucharme. Ya imagino ese momento en las afueras de Chilevisión. Iré medio curado, seguro que jalado. Saldrá por la puerta y: ¡Crac! …podría desvanecerla con un trapo con éter aunque ese método me suena retrogrado. Lo mejor es ponerle una pistola en la espalda y después a caminar, no se dónde mierda, pero a caminar hasta la ladera de un cerro. Tengo un amigo que vive en el San Cristóbal, por Recoleta. Tal vez se transforme en la primera periodista de farándula asesinada; una mártir de la farándula… qué estúpido. Recuerdo a Charles Manson y el pánico que provocó entre los guevones de Hollywood, con el asesinato de Sharon Tate. Tal vez me falte escribir el capítulo sobre Manson para asesinos en series. Galleguillos me preguntó que cuándo lo haría. Nunca me gustó el tufo pop de Manson. Hasta el imbécil de Axel Roses andaba con poleras de Manson. Fue el primer psicópata superstar o algo por estilo. Creo que el gueón todavía esta vivo gracias a sus miles de fans que le escriben guevonas cartas hinchándole su ego. Su imagen en las polos es tan inofensiva como la del Che Guevara. Manson es un bebé al lado de Chikatilo o nuestro (por lo latinoamericano) Garavito. Si Manson fue un bebé, entonces: Galleguillos es un feto o quizás un espermatozoide. Ayer y hoy estuve en Alto Hospicio, y puedo decir que lo de Galleguillos fue un estado de paranoia, locura o estupidez entendible en el contexto. Pude haber matado a alguien, y las cosas seguirían igual. Uno menos no se nota en Alto Hospicio.
Son las 1.17 (de la madrugada) y escucho el reventar de las olas. Mi balcón da a Playa Brava. Pasan autos, buses y varios gueones a pié. Tal vez más rato salga a caminar.
Alto Hospicio, en tanto, está más largo que hace dos años, pero igual después de todo. Sentí el mismo olor y escuché –en el supermercado- las mismas conversaciones sobre supervivencia. Fui al servicentro donde trabajaba Mary Lobera. Pregunté por Mary… el gueón que me atendió puso cara de imbécil. Me comí un hot dog. Después tomé un taxi que me dejó en la animita de las chicas desaparecidas. Les dejé una caja de bombones en forma de corazón. Seguro que el chocolate se derritió o se lo robaron, me da igual. También estaba el nombre de Mary. Galleguillos de mierda nunca me dijo que la mató. Según el informe del médico legal, su cráneo estaba destrozado. Este gueón bruto usó piedras. Se ensañó. Ella no lo quería; nunca lo quiso. Fue una puta; una puta del Renacer que se acostaba con cualquier gueón. Tuvo motivos para ajusticiarla.
Galleguillos declaró que la recogió a las 20 horas en el servicentro. Luego bajaron a Iquique, donde bebieron cervezas en el Papa Gallo –a unos metros de dónde estoy ahora-. Regresaron como a las 23 horas a Alto Hospicio. Tuvieron sexo en el auto (aquí me suena que esté gueón la obligó a tener sexo). Habrían discutido ¿Por mí? Fu fuerte la cosa para que este gueón agarrara una piedra y le destrozara la cabeza. Imbécil de mierda. Estoy a cuatro horas de Arica, como para ir a visitarlo en la cárcel: podría rechazarme cuándo le digan quién soy o me salude y respondatodas mis preguntas a sabiendas que le publicaré un reportaje. Tal vez me cobre como Garavito.
(…Señor Pallomari, le aviso que mañana a las 12 habrá check out…
Me quedo el fin de semana en Iquique y no moleste-
Disculpe señor-)
Son las 1.17 (de la madrugada) y escucho el reventar de las olas. Mi balcón da a Playa Brava. Pasan autos, buses y varios gueones a pié. Tal vez más rato salga a caminar.
Alto Hospicio, en tanto, está más largo que hace dos años, pero igual después de todo. Sentí el mismo olor y escuché –en el supermercado- las mismas conversaciones sobre supervivencia. Fui al servicentro donde trabajaba Mary Lobera. Pregunté por Mary… el gueón que me atendió puso cara de imbécil. Me comí un hot dog. Después tomé un taxi que me dejó en la animita de las chicas desaparecidas. Les dejé una caja de bombones en forma de corazón. Seguro que el chocolate se derritió o se lo robaron, me da igual. También estaba el nombre de Mary. Galleguillos de mierda nunca me dijo que la mató. Según el informe del médico legal, su cráneo estaba destrozado. Este gueón bruto usó piedras. Se ensañó. Ella no lo quería; nunca lo quiso. Fue una puta; una puta del Renacer que se acostaba con cualquier gueón. Tuvo motivos para ajusticiarla.
Galleguillos declaró que la recogió a las 20 horas en el servicentro. Luego bajaron a Iquique, donde bebieron cervezas en el Papa Gallo –a unos metros de dónde estoy ahora-. Regresaron como a las 23 horas a Alto Hospicio. Tuvieron sexo en el auto (aquí me suena que esté gueón la obligó a tener sexo). Habrían discutido ¿Por mí? Fu fuerte la cosa para que este gueón agarrara una piedra y le destrozara la cabeza. Imbécil de mierda. Estoy a cuatro horas de Arica, como para ir a visitarlo en la cárcel: podría rechazarme cuándo le digan quién soy o me salude y respondatodas mis preguntas a sabiendas que le publicaré un reportaje. Tal vez me cobre como Garavito.
(…Señor Pallomari, le aviso que mañana a las 12 habrá check out…
Me quedo el fin de semana en Iquique y no moleste-
Disculpe señor-)
Monday, March 12, 2007
18.
He visto a Natalia por televisión. Fueron como dos minutos. Estaba más delgada, más huesuda. Entrevistaba a un cantante. Me dieron ganas de llamarla. Decirle que en dos semanas nos juntemos en Santiago. Todavía me urge aclarar lo que sucedió. Fue la única mujer que quise. Me mandará a la mierda si la llamo, seguro. Pero no pierdo nada. Cuando termine el programa la llamaré.
Estoy en Iquique, en un hotel, frente a Playa Brava. La ciudad está igual. Hay gueones corriendo por la playa. También hay perros vagos. Son las 10.30 horas y siento unos retorcijones de tripas. Tomé desayuno –huevos revueltos y leche- junto a una delegación de ancianos. Los viejos fueron amables. Una vieja me dijo que me alimentara mejor. Tengo cara de enfermo, supongo, aunque desde hace una semana no me afeito. No me parezco al gueón de febrero.
El Sony Vaio se conectó solo a internet. Me gusta este computador. Tal vez ahora me de el ánimo para recordar algunos detalles de los crímenes.
Esta tarde subiré a Alto Hospicio.
Estoy en Iquique, en un hotel, frente a Playa Brava. La ciudad está igual. Hay gueones corriendo por la playa. También hay perros vagos. Son las 10.30 horas y siento unos retorcijones de tripas. Tomé desayuno –huevos revueltos y leche- junto a una delegación de ancianos. Los viejos fueron amables. Una vieja me dijo que me alimentara mejor. Tengo cara de enfermo, supongo, aunque desde hace una semana no me afeito. No me parezco al gueón de febrero.
El Sony Vaio se conectó solo a internet. Me gusta este computador. Tal vez ahora me de el ánimo para recordar algunos detalles de los crímenes.
Esta tarde subiré a Alto Hospicio.
Wednesday, February 28, 2007
...Y SEGUIMOS
DESDE HOY ESTE TRABAJO SE SOMETERA A UN PERIODO DE CUARENTENA (MAS BIEN EDICIÓN Y RECONSTRUCCION). EN ESPECIAL DEL TEXTO 10 EN ADELANTE.. (gracias por los comentarios: axoloton y tirilla)
Sunday, February 25, 2007
El Verano de Sam
17.
La casa está fétida. Este hippie de mierda dijo que hoy solucionaría el problema. Son las 14 horas y escribo esto en el notebook de Víctor, un argentino de Salta, peluquero, solitario, que desde el lunes aloja aquí. El gueón amenazó con irse esta noche, parece decidido. Está aburrido de la hediondez. Lo único que me importa de este gueón es su notebook: un Sony Vaio que se conecta solo a internet.
Diango no apareció en toda la semana. Diango siempre quiso joderme con plata. Diango nunca me tomó en serio. Diango dejó alguna comida pudriéndose -de otra forma no se explica el olor-. Dejó la ventana cerrada y la puerta trabada. Imagino un shapsui podrido en una bandeja de aluminio y algunos bichos voladores ahogados en el caldo.
Aquí, en la habitación de Víctor, hay un espejo grande. Lo compró para su trabajo. Anoche me ofreció cortarme gratis el cabello. Dijo que mi cabello necesitaba de masajes con unas cremas que él tenía en la peluquería y que mi cutis era "simplemente un desastre". No me interesan sus juicios de peluquero marica.
El espejo refleja a un hombre canoso, ojos claros, boca pequeña y rostro huesudo. Estoy 15 kilos por debajo de mi peso normal. Mido 1.78. Todavía tengo a Toña -aunque no me conteste por su teléfono- y mi película favorita es el "Verano de Sam" de Spike Lee, donde Pete Townshend canta "Baba O’Riley " (mi canción favorita).
En marzo cumpliré un año viviendo aquí. No es el mejor lugar, pero puedo hacer lo que se me de la gana.
Diango no apareció en toda la semana. Diango siempre quiso joderme con plata. Diango nunca me tomó en serio. Diango dejó alguna comida pudriéndose -de otra forma no se explica el olor-. Dejó la ventana cerrada y la puerta trabada. Imagino un shapsui podrido en una bandeja de aluminio y algunos bichos voladores ahogados en el caldo.
Aquí, en la habitación de Víctor, hay un espejo grande. Lo compró para su trabajo. Anoche me ofreció cortarme gratis el cabello. Dijo que mi cabello necesitaba de masajes con unas cremas que él tenía en la peluquería y que mi cutis era "simplemente un desastre". No me interesan sus juicios de peluquero marica.
El espejo refleja a un hombre canoso, ojos claros, boca pequeña y rostro huesudo. Estoy 15 kilos por debajo de mi peso normal. Mido 1.78. Todavía tengo a Toña -aunque no me conteste por su teléfono- y mi película favorita es el "Verano de Sam" de Spike Lee, donde Pete Townshend canta "Baba O’Riley " (mi canción favorita).
En marzo cumpliré un año viviendo aquí. No es el mejor lugar, pero puedo hacer lo que se me de la gana.
Saturday, February 24, 2007
16.
Me convenzo, otra vez, que la naturaleza es cruel. Revisé la secuencia fotográfica de un leopardo devorando a una pequeña cebra. En el texto encontré frases como: “matar para sobrevivir” o “naturaleza cruel” o “naturaleza salvaje”. Me suenan a títulos de un programa de Animal Planet. El fotógrafo que captó la muerte de la cebra pudo interferir, pero actuó como profesional y como tal, vendió su trabajo a la National Geographic.
No interferí en los hechos a diferencia de Galleguillos. Karina Trigo iba a ser madre (soltera como la mayoría de las chicas de su edad en las tomas). Karina tenía tres meses de embarazo, -según el informe del Médico Legal-, cuando se subió al V16 cerca de la botillería.
Puede declararme como autor intelectual o cómplice aunque me siento como un periodista que hizo su labor profesional y que ahora redacta lo vivido. Si usted me juzga entonces yo hago con los mismo con Quispe o Marambio. Cada gueón, en su medida, estuvo involucrado.
Sé -como cualquier persona- lo de ayudar a otro, de rescatar a otro, pero cuando el contexto está podrido... qué mierda importa… recuerdo los problemas por el agua: los insultos y amenazas contra el chofer del camión cisterna. El tipo disparando al aire con una especie de escopeta (Después aclaró que era de fogueo). La gente apedreando el camión. Después los pacos. Después el alcalde. Después las piedras e insultos contra el alcalde y los pacos. Después los pacos lanzando lacrimógenas. Luego las ancianas y niños ahogados por el gas. En ese contexto imagino a Karina Trigo con los dolores del parto. El hospital estaba en Iquique, a media hora de la toma.
Al hijo de Karina lo habría criado la abuela. Karina habría buscado trabajo. Karina habría dejado el liceo. Karina habría llegado al Renacer...
Pienso que no estaban dadas las condiciones para nacer.
No interferí en los hechos a diferencia de Galleguillos. Karina Trigo iba a ser madre (soltera como la mayoría de las chicas de su edad en las tomas). Karina tenía tres meses de embarazo, -según el informe del Médico Legal-, cuando se subió al V16 cerca de la botillería.
Puede declararme como autor intelectual o cómplice aunque me siento como un periodista que hizo su labor profesional y que ahora redacta lo vivido. Si usted me juzga entonces yo hago con los mismo con Quispe o Marambio. Cada gueón, en su medida, estuvo involucrado.
Sé -como cualquier persona- lo de ayudar a otro, de rescatar a otro, pero cuando el contexto está podrido... qué mierda importa… recuerdo los problemas por el agua: los insultos y amenazas contra el chofer del camión cisterna. El tipo disparando al aire con una especie de escopeta (Después aclaró que era de fogueo). La gente apedreando el camión. Después los pacos. Después el alcalde. Después las piedras e insultos contra el alcalde y los pacos. Después los pacos lanzando lacrimógenas. Luego las ancianas y niños ahogados por el gas. En ese contexto imagino a Karina Trigo con los dolores del parto. El hospital estaba en Iquique, a media hora de la toma.
Al hijo de Karina lo habría criado la abuela. Karina habría buscado trabajo. Karina habría dejado el liceo. Karina habría llegado al Renacer...
Pienso que no estaban dadas las condiciones para nacer.
Thursday, February 22, 2007
Garavito: Psicópata y sinvergüenza
...Le hablaba sobre un reportaje –para la serie de sicópatas- sobre Luis Alfredo Garavito, el mayor asesino en serie de Colombia. Garavito violaba, torturaba y decapitaba a sus víctimas. Se río cuando le dijo que el cabrón ése, ahora desde la cárcel, cobraba a los periodistas por contar detalles de los más de 140 crímenes que cometió –extraoficialmente se calculan 200- . Los detalles más sórdidos valían más caro.15.
Galleguillos era obsesivo con la limpieza. El V16 parecía un espejo. Siempre estaba afeitado y perfumado con un Fahrenheit de Dior que mantenía en la guantera. Prefería los perfumes franceses. Iba seguido a la Zofri a comprar perfumes, desodorantes y otras guevadas en ese estilo. Era un bicho raro entre los taxistas. La mayoría andaba mal afeitado, como yo. Por machismo –influencia familiar- relacioné la obsesión de Galleguillos por la limpieza con la homosexualidad. Alguna vez temí que me agarrara el paquete aunque nunca me coqueteó, digamos: nunca me dijo que escribía bien. Era mi lector sólo porque le interesaban los sicópatas.
La policía no encontró sangre en el V16.
Lo vi quemar varias camisas empapadas de sangre en un desvío de la carretera entre Alto Hospicio a Iquique. Era como un rito; el punto final de una historia y el comienzo de otra. Tenía claro que en algún minuto yo escribiría esto. Me había elegido.
No lo tomé en serio cuando me lo propuso. Estaba medio borracho. Había bebido las tres cuartas partes de un Stolichnaya. Le dije que fuéramos al Renacer. En un WC me tiré unas culebras de coca. Salí como robot. Eran como las 2 de la madrugada. Galleguillos tomó avenida los Cóndores, se metió por unos pasajes cortos y detuvo el V16. Recordé la música de la película Tiburón. A media cuadra había una botillería donde entraban y salían chicos. Por algún lugar había una fiesta. Eran chicos como de quince años –no más-, estudiantes. Espera, me dijo. Espera le respondí y baje a comprar cigarros a la botillería.
En el auto encendí un Belmont, mientras me daban tirones para volver al Renacer. La coca también me pone más hablador. Le hablaba sobre un reportaje –para la serie de sicópatas- sobre Luis Alfredo Garavito, el mayor asesino en serie de Colombia. Garavito violaba, torturaba y decapitaba a sus víctimas. Se río cuando le dijo que el cabrón ése, ahora desde la cárcel, cobraba a los periodistas por contar detalles de los más de 140 crímenes que cometió –extraoficialmente se calculan 200- . Los detalles más sórdidos valían más caro.
Estaba en eso, cuando una chica, pelirroja, tetas grandes, carnosa desde donde se le mire, le pidió a este gueón que la llevara por mil pesos al Boro. Lo miré. Me dio el vamos con un movimiento de cejas. La chica no se dio cuenta cuando nos fuimos a La Negra, al sur de Alto Hospicio –El Boro era como el límite norte-. Habrá pensado que yo era un pasajero. Galleguillos puso su CD favorito. Me repelía la nueva ola, y peor Lucho Dimas. Le aclaré a la chica que primero me dejaría a mí. La chica puso cara de resignación. Cruzamos el basural. Mientras yo pensaba en otra culebra de coca, Galleguillos algo nervioso me demostró que estaba para aparecer en la colección que partió con Chikatilo. Los gritos de la chica no me provocaron nada, tampoco la ira y movimientos de Galleguillos. Sólo quería volver al Renacer. Después de una hora volvimos. Eran como a las cuatro de la madrugada, pero podían ser la dos. Me tiré otra culebra. Antes, habíamos parado en la carretera.
Se llamaba Karina Trigo Fernández.
La policía no encontró sangre en el V16.
Lo vi quemar varias camisas empapadas de sangre en un desvío de la carretera entre Alto Hospicio a Iquique. Era como un rito; el punto final de una historia y el comienzo de otra. Tenía claro que en algún minuto yo escribiría esto. Me había elegido.
No lo tomé en serio cuando me lo propuso. Estaba medio borracho. Había bebido las tres cuartas partes de un Stolichnaya. Le dije que fuéramos al Renacer. En un WC me tiré unas culebras de coca. Salí como robot. Eran como las 2 de la madrugada. Galleguillos tomó avenida los Cóndores, se metió por unos pasajes cortos y detuvo el V16. Recordé la música de la película Tiburón. A media cuadra había una botillería donde entraban y salían chicos. Por algún lugar había una fiesta. Eran chicos como de quince años –no más-, estudiantes. Espera, me dijo. Espera le respondí y baje a comprar cigarros a la botillería.
En el auto encendí un Belmont, mientras me daban tirones para volver al Renacer. La coca también me pone más hablador. Le hablaba sobre un reportaje –para la serie de sicópatas- sobre Luis Alfredo Garavito, el mayor asesino en serie de Colombia. Garavito violaba, torturaba y decapitaba a sus víctimas. Se río cuando le dijo que el cabrón ése, ahora desde la cárcel, cobraba a los periodistas por contar detalles de los más de 140 crímenes que cometió –extraoficialmente se calculan 200- . Los detalles más sórdidos valían más caro.
Estaba en eso, cuando una chica, pelirroja, tetas grandes, carnosa desde donde se le mire, le pidió a este gueón que la llevara por mil pesos al Boro. Lo miré. Me dio el vamos con un movimiento de cejas. La chica no se dio cuenta cuando nos fuimos a La Negra, al sur de Alto Hospicio –El Boro era como el límite norte-. Habrá pensado que yo era un pasajero. Galleguillos puso su CD favorito. Me repelía la nueva ola, y peor Lucho Dimas. Le aclaré a la chica que primero me dejaría a mí. La chica puso cara de resignación. Cruzamos el basural. Mientras yo pensaba en otra culebra de coca, Galleguillos algo nervioso me demostró que estaba para aparecer en la colección que partió con Chikatilo. Los gritos de la chica no me provocaron nada, tampoco la ira y movimientos de Galleguillos. Sólo quería volver al Renacer. Después de una hora volvimos. Eran como a las cuatro de la madrugada, pero podían ser la dos. Me tiré otra culebra. Antes, habíamos parado en la carretera.
Se llamaba Karina Trigo Fernández.
Wednesday, February 21, 2007
14.
Luis, el tipo que me arrienda la pieza, me preguntó si he visto al universitario de la pieza 2. No he tenido la suerte, le respondí. Hace varios días que Diango no aparece. Seguro que se gastó la plata de la mensualidad y no quiere verle la cara a Luis, quien aparenta ser una persona relajada aunque a nadie le gusta que lo jodan con plata. Luis dijo que dejará pasar esta semana-ya estamos a miércoles- y que el domingo, recién, le sacará todas sus pilchas a la calle. No me imaginó a ése gueón enojado. Es como pacífico, medio hippie, más artesano que hippie –lo de hippie puede sonar a vago-. Fabrica unos horribles zapatos de cuero y otras porquerías. Tiene su clientela, tipos como él. No me perderé, en todo caso, el desalojo.
Le pude dar el número del celular del universitario, si Luis, claro, me lo hubiera pedido, pero ignora mi vínculo con el chico. Mejor que sea de esa manera.
Le pude dar el número del celular del universitario, si Luis, claro, me lo hubiera pedido, pero ignora mi vínculo con el chico. Mejor que sea de esa manera.
Monday, February 19, 2007
13.
Lagos nos reunió cuando inauguró una multicancha en La Negra.
El papá de Marta Belmar, unas de las chicas desaparecidas, le entregó una carta al presidente. Las fotos de las chicas ya aparecían en los diarios, en televisión y en internet, aunque nadie hacía mucho caso. Marta, quince años, estudiante, tez morena, ojos café y pelo negro (además de la foto)… cualquier información comunicarse a los siguientes teléfonos… decían unos carteles pegoteados en los alrededores de la multicancha. A la chica se la había tragado la tierra al igual que a otras de la misma edad y de similares rasgos. El papá de Marta había relacionado los casos por eso puso lo que puso en la carta para el presidente. Un psicópata ni siquiera se le pasaba por la cabeza al ocupado Lagos. Tal vez Lagos nunca leyó la carta. En todo caso los diarios de Iquique publicaron completa la carta del papá de Marta.
Yo trabajaba para el diario; Galleguillos estaba con cara de asoleado junto a su mujer y sus hijastras en las graderías de la multicancha; un muy encorbatado Quispe sudaba y estrechaba su mano pequeña cuando podía a las autoridades pues por su condición de dirigente social era el que más cerca estaba del presidente; Marambio, en tanto, permanecía rígido como cualquier paco en una ceremonia oficial del gobierno.
Después supe que esa tarde también estaba Cristina, a quien la prensa bautizó como la niña heroína. Ella denunció a Galleguillos. Cristina era amiga de la hija mayor de Quispe. Vivían cerca e iban en el mismo curso: segundo medio en el liceo de Alto Hospicio. Cristina era menos bella en comparación a las víctimas. Era demasiado delgada (o casi anoréxica), senos pequeños –a diferencia del resto- y algo de acné en los pómulos. La hija de Quispe contaba que Cristina se acostó con varios camioneros paraguayos conocidos de su padre. Los paraguayos pernoctaban en sus camiones a la entrada de La Negra. Cristina y unas amigas –según la hija de Quispe- cobraban por chupárselo a los camioneros. Eran adictas a la pasta base.
Había faltado más de un mes a clases –contaba la hija de Quispe para Chilevisión-, pero la seguíamos viendo por ahí…
La espalda de Cristina o su cabeza encapuchada aparecieron en todos los canales de televisión. Recuerdo su casaca de jeans y sus botas de vaquero cuando unos orangutanes de la policía la condujeron a los tribunales. Parecía distinta, otra mujer. Quizás la policía o a esas alturas el ministerio del interior temió represalias. No la hubiera reconocido. Dudé que se tratara de la misma niña desaliñada que algunas veces me pidió plata cuando iba a ver a Quispe. Una noche Galleguillos le dio dos mil pesos.
No sé que mierda vio Galleguillos en ella. No obstante al tipo le asqueaban los camioneros paraguayos.
“Gracias a Cristina, a su valentía, terminó una de las historias policiales más sórdidas y aleccionadoras de los últimos años en Chile…" así presentaban el caso en la tv. Mi diario como el resto de los medios locales y nacionales subrayaban el ridículo que hizo la policía con sus prejuicios absurdos. Creyeron que eran putitas que partieron a Japón (o cualquier otro país desarrollado). Después Lagos dio disculpas públicas. Fue irrisorio lo de la policía, pero normal. Aquí siempre la condición social de la víctima pesó al momento de una investigación policial. De Galleguillos también se dijo de todo. Nada bueno (obvio). Pudieron averiguar sobre el (supuesto) talento artístico del psicópata, por ejemplo… a quién mierda le importaba que el hombre fuese un buen baterista o que alguna vez tocara todo un verano en el Casino de Arica junto a una banda tributo a la nueva ola. Al fin y al cabo Galleguillos había logrado ser conocido, famoso y célebre, un anhelo que buscó desde su adolescencia, según me contó.
Siempre admiró a Luis Dimas. Me reí en su cara. –Como vai a querer ser como ese gueón que parece una mala copia de Tom Jones-
-¿Quién es Tom Jones?- me dijo
-Es un gringo sudoroso, algo hinchado y de ojos saltones, que vende el cuento de animal sexual… sex bomb, sex bomb, sex bomb… así es su canción-
-…Tuve la oportunidad de conocer a Lucho Dimas. Fue en una presentación que realizó en el carnaval (de Iquique). Me dio la mano y me firmó este disco.-
Un twist de Lucho Dimas fue lo último que escuchó Marta. Cristina recordó una canción de Lucho Dimas en su declaración a los ratis.
El papá de Marta Belmar, unas de las chicas desaparecidas, le entregó una carta al presidente. Las fotos de las chicas ya aparecían en los diarios, en televisión y en internet, aunque nadie hacía mucho caso. Marta, quince años, estudiante, tez morena, ojos café y pelo negro (además de la foto)… cualquier información comunicarse a los siguientes teléfonos… decían unos carteles pegoteados en los alrededores de la multicancha. A la chica se la había tragado la tierra al igual que a otras de la misma edad y de similares rasgos. El papá de Marta había relacionado los casos por eso puso lo que puso en la carta para el presidente. Un psicópata ni siquiera se le pasaba por la cabeza al ocupado Lagos. Tal vez Lagos nunca leyó la carta. En todo caso los diarios de Iquique publicaron completa la carta del papá de Marta.
Yo trabajaba para el diario; Galleguillos estaba con cara de asoleado junto a su mujer y sus hijastras en las graderías de la multicancha; un muy encorbatado Quispe sudaba y estrechaba su mano pequeña cuando podía a las autoridades pues por su condición de dirigente social era el que más cerca estaba del presidente; Marambio, en tanto, permanecía rígido como cualquier paco en una ceremonia oficial del gobierno.
Después supe que esa tarde también estaba Cristina, a quien la prensa bautizó como la niña heroína. Ella denunció a Galleguillos. Cristina era amiga de la hija mayor de Quispe. Vivían cerca e iban en el mismo curso: segundo medio en el liceo de Alto Hospicio. Cristina era menos bella en comparación a las víctimas. Era demasiado delgada (o casi anoréxica), senos pequeños –a diferencia del resto- y algo de acné en los pómulos. La hija de Quispe contaba que Cristina se acostó con varios camioneros paraguayos conocidos de su padre. Los paraguayos pernoctaban en sus camiones a la entrada de La Negra. Cristina y unas amigas –según la hija de Quispe- cobraban por chupárselo a los camioneros. Eran adictas a la pasta base.
Había faltado más de un mes a clases –contaba la hija de Quispe para Chilevisión-, pero la seguíamos viendo por ahí…
La espalda de Cristina o su cabeza encapuchada aparecieron en todos los canales de televisión. Recuerdo su casaca de jeans y sus botas de vaquero cuando unos orangutanes de la policía la condujeron a los tribunales. Parecía distinta, otra mujer. Quizás la policía o a esas alturas el ministerio del interior temió represalias. No la hubiera reconocido. Dudé que se tratara de la misma niña desaliñada que algunas veces me pidió plata cuando iba a ver a Quispe. Una noche Galleguillos le dio dos mil pesos.
No sé que mierda vio Galleguillos en ella. No obstante al tipo le asqueaban los camioneros paraguayos.
“Gracias a Cristina, a su valentía, terminó una de las historias policiales más sórdidas y aleccionadoras de los últimos años en Chile…" así presentaban el caso en la tv. Mi diario como el resto de los medios locales y nacionales subrayaban el ridículo que hizo la policía con sus prejuicios absurdos. Creyeron que eran putitas que partieron a Japón (o cualquier otro país desarrollado). Después Lagos dio disculpas públicas. Fue irrisorio lo de la policía, pero normal. Aquí siempre la condición social de la víctima pesó al momento de una investigación policial. De Galleguillos también se dijo de todo. Nada bueno (obvio). Pudieron averiguar sobre el (supuesto) talento artístico del psicópata, por ejemplo… a quién mierda le importaba que el hombre fuese un buen baterista o que alguna vez tocara todo un verano en el Casino de Arica junto a una banda tributo a la nueva ola. Al fin y al cabo Galleguillos había logrado ser conocido, famoso y célebre, un anhelo que buscó desde su adolescencia, según me contó.
Siempre admiró a Luis Dimas. Me reí en su cara. –Como vai a querer ser como ese gueón que parece una mala copia de Tom Jones-
-¿Quién es Tom Jones?- me dijo
-Es un gringo sudoroso, algo hinchado y de ojos saltones, que vende el cuento de animal sexual… sex bomb, sex bomb, sex bomb… así es su canción-
-…Tuve la oportunidad de conocer a Lucho Dimas. Fue en una presentación que realizó en el carnaval (de Iquique). Me dio la mano y me firmó este disco.-
Un twist de Lucho Dimas fue lo último que escuchó Marta. Cristina recordó una canción de Lucho Dimas en su declaración a los ratis.
Tuesday, February 13, 2007
Bar Porno
Thursday, February 08, 2007
12.
J1: Te llegaron las fotos
Superhugo: Cuales
J1: La de la mina…
Superhugo: Estaba rica, pero no me interesa
J1: Adivina la edad
Superhugo: Mas de 18 aunque debe tener menos. No me interesa…
J1: Soy exigente gueon…. jajajajajajajajajaja
Superhugo: fijate en la foto bl1
J1: espera
Superhugo: llego la guevaá
J1: no pasa nada, cuéntame por mientras en qué estás…
Superhugo: trabajando en lo mío… no seas sapo
J1: está bien… me llegó la guevaá… seguí igual de depravado gueón.
Superhugo: jejejejejeje
J1: de cuándo es?
Superhugo: no seas sapo
J1: jejejeje… estai más cagao que yo, cochino… jejejeje
Superhugo: no me trati haci gueon… pero está rica… es de la semana pasada. Es ecuatoriana
J1: está rica gueon… Cuéntame como lo hacís
Superhugo: quedate tranquilo gueón, que después te envió más, chao.
Son las 19.30 horas. Este computador lo ocupó un marica. El gueón dejó varias páginas gays en el historial. Tengo la costumbre de leer el historial de los computadores donde trabajo, lo hago de sapo. Con todo los historiales que he visto puedo decir que somos un país de reprimidos. No todos, pero un porcentaje significativo, jejejeje… Supongo que este marica es un gueón de esos con familia, que tarde descubrió la estimulación prostática a través de la penetración anal. Razón para juntarse en secreto, como secta, por Chat con otros adictos al estímulo prostático. De ahí me explico las varias fotos de los tipos exhibiendo sus pijas, que encontré también en el historial. Otros salen tirando. Se ve que la pasan bien. Se dan duro los gueones. Uno tiene cara de dolor. Deben ser sus buenos centímetros (Recuerdo mi proyecto de bar (porno) "John Holmes" -en honor a ese mismo- ...en todo caso por ahora no tengo plata para ese tipo de empresas).
Si revisarán mi historial también encontrarían sorpresas… ¿Sorpresas? Jejeje (ando revoltoso). Superhugo es el responsable.
Tal vez cuando me vaya, el pelado del ciber revise mi historial o tal vez esté confabulado con esos periodistas mamones del programa “Contacto” o con los ratis. No me imagino a Superhugo como cazador de los ratis, pero por su pasado podría haber alguna conexión. Imagino al gueón como guardia de seguridad de un supermercado.
Superhugo: Cuales
J1: La de la mina…
Superhugo: Estaba rica, pero no me interesa
J1: Adivina la edad
Superhugo: Mas de 18 aunque debe tener menos. No me interesa…
J1: Soy exigente gueon…. jajajajajajajajajaja
Superhugo: fijate en la foto bl1
J1: espera
Superhugo: llego la guevaá
J1: no pasa nada, cuéntame por mientras en qué estás…
Superhugo: trabajando en lo mío… no seas sapo
J1: está bien… me llegó la guevaá… seguí igual de depravado gueón.
Superhugo: jejejejejeje
J1: de cuándo es?
Superhugo: no seas sapo
J1: jejejeje… estai más cagao que yo, cochino… jejejeje
Superhugo: no me trati haci gueon… pero está rica… es de la semana pasada. Es ecuatoriana
J1: está rica gueon… Cuéntame como lo hacís
Superhugo: quedate tranquilo gueón, que después te envió más, chao.
Son las 19.30 horas. Este computador lo ocupó un marica. El gueón dejó varias páginas gays en el historial. Tengo la costumbre de leer el historial de los computadores donde trabajo, lo hago de sapo. Con todo los historiales que he visto puedo decir que somos un país de reprimidos. No todos, pero un porcentaje significativo, jejejeje… Supongo que este marica es un gueón de esos con familia, que tarde descubrió la estimulación prostática a través de la penetración anal. Razón para juntarse en secreto, como secta, por Chat con otros adictos al estímulo prostático. De ahí me explico las varias fotos de los tipos exhibiendo sus pijas, que encontré también en el historial. Otros salen tirando. Se ve que la pasan bien. Se dan duro los gueones. Uno tiene cara de dolor. Deben ser sus buenos centímetros (Recuerdo mi proyecto de bar (porno) "John Holmes" -en honor a ese mismo- ...en todo caso por ahora no tengo plata para ese tipo de empresas).
Si revisarán mi historial también encontrarían sorpresas… ¿Sorpresas? Jejeje (ando revoltoso). Superhugo es el responsable.
Tal vez cuando me vaya, el pelado del ciber revise mi historial o tal vez esté confabulado con esos periodistas mamones del programa “Contacto” o con los ratis. No me imagino a Superhugo como cazador de los ratis, pero por su pasado podría haber alguna conexión. Imagino al gueón como guardia de seguridad de un supermercado.
Wednesday, February 07, 2007
11.
Compré un disco de grandes éxitos de David Bowie. No escuchaba a Bowie desde que estaba con Natalia. Recuerdo algunas cosas buenas de ella, mientras por la radio suena Ashes to Ashes. La chica no se complicó para cambiar la Corazón. El problema de este ciber es que desde todos los rincones se puede ver tu pantalla. No es apto para pedófilos.
Natalia está en Santiago. La he visto por televisión como periodista de un programa de farándula. Está más gorda, más rubia. Hace dos años que no hablamos. Esa vez me mandó a la mierda. La llamé -del diario- para contarle que estaba con Cristián Soto, un gueón que fue compañero nuestro en la universidad. A Soto lo había enviado La Nación para hacer un reportaje sobre las desapariciones en Alto Hospicio. Natalia tenía razones para odiarme. Por eso no le será extraña mi amistad con Galleguillos -si llega a leer esto -. Recuerdo que en octubre –no sé de qué año- su familia me echó. No hizo nada para reternerme. Siempre las cagadas pasan en dos minutos. Natalia tiene una hermana menor. Pamela debe tener ahora 17 años.
Acompañé a Soto y su fotógrafo a Alto Hospicio. Esa vez nos entrevistamos con la mamá de María Elizabeth Caces Godoy. La mujer habló pestes de Quispe. Soto anotaba que Quispe atraía a personajes extraños a La Negra, como bolivianos o paraguayos -todos camioneros que trasladaban carga desde la Zofri hacia sus países-. Los camioneros eran clientes del rancho “Renacer”.
Después nos fuimos al “Renacer”. Quispe le ofreció el copete gratis. Soto sólo reía -de inrédulo-. En medio de una botella Jack Daniels, Soto abrazó a una de las chicas. Después la besó y se fueron. Yo me quedé con el fotógrafo. Se llamaba Alvaro. Quispe me dijo que el gueón parecía rati. Nada. El gueón sólo quería coca. Se quedó con las ganas. Cuando traté de comprar apareció el famoso capitán Hugo Marambio, de la comisaría de Alto Hospicio. Era habitué del “Renacer”. Evidente podía ser el interés de Quispe hacía el paco, sin embargo entre los dos hombres había cierta amistad o complicidad. Las fiestas con putas del “Renacer” en la comisaría eran comentario en Alto Hospicio. Comenzaban después que cerraban los locales nocturnos, como a las 5 de la madrugada. La ciudad quedaba sin resguardo policial. A esa hora, varias veces con Galleguillos contemplamos desde el auto riñas y asaltos.En una ocasión mi compañero (no me creo lo de compañero... ) me detuvo cuando estuve a punto de socorrer a una mujer, parecía borracha, que estaba siendo pateada en el suelo por un gueón de mierda. Al final Galleguillos aceleró el auto y sin asco se lo tiró. El gueón salió volando. Quedó con la cabeza tendida en la cuneta. Sangraba por la nariz. Parecía inconsciente. La mujer alcanzó a escapar de la embestida, pero Galleguillos la alcanzó a pie. Con una mano le agarró el cuello y le azotó la cabeza con la muralla. Cálmate gueón, le grité. Encendí un cigarro. La mujer tuvo la mala idea de decirle: “cálmase papito…cálmese” ...Así que puta... gueona, maraca… puta, puta… le dijo con ira. Me pidió el cigarro y lo apagó en el párpado de la puta, mientras la insultaba. Una vieja sapa de un departamento cercano amenazó con los pacos. Galleguillos le gritó que éramos ratis.En el auto me dijo que esos gueones nunca más saldrán a guear de madrugada. Te creís Batman, le dije. Se río. Bajé el vidrio y encendí otro cigarro. El ruido de unos pájaros era señal que estaba por amanecer.Mary Lobera me había contado que a Marambio le gustaba tirarse a mujeres morenas, en especial peruanas o ecuatorianas. De ahí su ligazón con una ecuatoriana llamada Carola -según me enteré después-. La sacó del “Renacer” y la mantuvo por varios meses en un departamento nuevo -de esos por subsidio del gobierno- ubicado en la avenida Los Cóndores. Al igual que Mary y el resto de las chicas, nadie supo qué mierda pasó con la ecuatoriana. Nunca llegó de vuelta al “Renacer”. Galleguillos me dejó marcando ocupado cuando me porfió que vio a la ecuatoriana caminando de noche cerca del Casino de Iquique. Tal vez se confundió. Había varias mujeres como Carola en Iquique. Cada vez llegaban más extranjeros.Marambio era un tipo afable, poco rígido en comparación a otros pacos y bastante amistoso. Tenía mucha llegada con la gente de la ciudad, no así en las tomas de terreno. Los radiopatrullas llegaban a las tomas sólo cuando había algún crimen. En La Negra vivían más de cinco mil personas. También estaban las tomas de El Boro y la autoconstrucción. Alrededor de quince mil personas vivían sin ningún tipo de resguardo policial, escribió Soto en el reportaje que sacó para su diario. Después de la cuarta desaparición un grupo de vecinos de La Negra se organizó en grupos de vigilancia. Además de las sospechas de un posible sicópata, en la toma eran habituales las violaciones, las riñas entre pandillas de adolescentes y el microtráfico de pasta base y paraguayo –marihuana prensada-.El lapso entre la cuarta desaparecida y la quinta fue de cinco meses. El tiempo más extenso, tal vez por la aparición de esa junta de viejos borrachos. Los viejos andaban con palos y cuchillos. Sin embargo el grupo no llegaba al basural.María Elizabeth estaba en cuarto medio del Liceo de Alto Hospicio. Su familia había llegado de Santiago. Se instalaron en La Negra y allí esperaban una mejor oportunidad. Su padrastro trabajaba en Iquique como guachimán, mientras su madre se quedaba al cuidado de sus tres hermanos menores. Galleguillos me presentó a María Elizabeth. Cuando podía la llevaba gratis al liceo.Una madrugada la encontramos en Iquique, en los estacionamientos de la discoteca Pharos. Galleguillos le hizo una seña y ella se acercó a saludarlo. La mirada celosa de su pololo, un flaco con pose de rapero marginal impidió que subiera al auto. Ya la veía sentada en mis muslos, gimiendo. Su cabello era negro y le llegaba hasta la cintura. Su rostro era algo redondo, pero conjugaba bien con sus grandes ojos café claros. Sus tetas eran grandes y parecían blandas.Galleguillos le dijo que la podía llevar gratis a Alto Hospicio, pero sola.
Soto y Alvaro, en cambio, la pegaron a Galleguillos $5 mil pesos para que los llevara del Renacer hasta el Hotel Charlie Inn de Iquique.
La mina volvió a la Radio Corazón.
Natalia está en Santiago. La he visto por televisión como periodista de un programa de farándula. Está más gorda, más rubia. Hace dos años que no hablamos. Esa vez me mandó a la mierda. La llamé -del diario- para contarle que estaba con Cristián Soto, un gueón que fue compañero nuestro en la universidad. A Soto lo había enviado La Nación para hacer un reportaje sobre las desapariciones en Alto Hospicio. Natalia tenía razones para odiarme. Por eso no le será extraña mi amistad con Galleguillos -si llega a leer esto -. Recuerdo que en octubre –no sé de qué año- su familia me echó. No hizo nada para reternerme. Siempre las cagadas pasan en dos minutos. Natalia tiene una hermana menor. Pamela debe tener ahora 17 años.
Acompañé a Soto y su fotógrafo a Alto Hospicio. Esa vez nos entrevistamos con la mamá de María Elizabeth Caces Godoy. La mujer habló pestes de Quispe. Soto anotaba que Quispe atraía a personajes extraños a La Negra, como bolivianos o paraguayos -todos camioneros que trasladaban carga desde la Zofri hacia sus países-. Los camioneros eran clientes del rancho “Renacer”.
Después nos fuimos al “Renacer”. Quispe le ofreció el copete gratis. Soto sólo reía -de inrédulo-. En medio de una botella Jack Daniels, Soto abrazó a una de las chicas. Después la besó y se fueron. Yo me quedé con el fotógrafo. Se llamaba Alvaro. Quispe me dijo que el gueón parecía rati. Nada. El gueón sólo quería coca. Se quedó con las ganas. Cuando traté de comprar apareció el famoso capitán Hugo Marambio, de la comisaría de Alto Hospicio. Era habitué del “Renacer”. Evidente podía ser el interés de Quispe hacía el paco, sin embargo entre los dos hombres había cierta amistad o complicidad. Las fiestas con putas del “Renacer” en la comisaría eran comentario en Alto Hospicio. Comenzaban después que cerraban los locales nocturnos, como a las 5 de la madrugada. La ciudad quedaba sin resguardo policial. A esa hora, varias veces con Galleguillos contemplamos desde el auto riñas y asaltos.En una ocasión mi compañero (no me creo lo de compañero... ) me detuvo cuando estuve a punto de socorrer a una mujer, parecía borracha, que estaba siendo pateada en el suelo por un gueón de mierda. Al final Galleguillos aceleró el auto y sin asco se lo tiró. El gueón salió volando. Quedó con la cabeza tendida en la cuneta. Sangraba por la nariz. Parecía inconsciente. La mujer alcanzó a escapar de la embestida, pero Galleguillos la alcanzó a pie. Con una mano le agarró el cuello y le azotó la cabeza con la muralla. Cálmate gueón, le grité. Encendí un cigarro. La mujer tuvo la mala idea de decirle: “cálmase papito…cálmese” ...Así que puta... gueona, maraca… puta, puta… le dijo con ira. Me pidió el cigarro y lo apagó en el párpado de la puta, mientras la insultaba. Una vieja sapa de un departamento cercano amenazó con los pacos. Galleguillos le gritó que éramos ratis.En el auto me dijo que esos gueones nunca más saldrán a guear de madrugada. Te creís Batman, le dije. Se río. Bajé el vidrio y encendí otro cigarro. El ruido de unos pájaros era señal que estaba por amanecer.Mary Lobera me había contado que a Marambio le gustaba tirarse a mujeres morenas, en especial peruanas o ecuatorianas. De ahí su ligazón con una ecuatoriana llamada Carola -según me enteré después-. La sacó del “Renacer” y la mantuvo por varios meses en un departamento nuevo -de esos por subsidio del gobierno- ubicado en la avenida Los Cóndores. Al igual que Mary y el resto de las chicas, nadie supo qué mierda pasó con la ecuatoriana. Nunca llegó de vuelta al “Renacer”. Galleguillos me dejó marcando ocupado cuando me porfió que vio a la ecuatoriana caminando de noche cerca del Casino de Iquique. Tal vez se confundió. Había varias mujeres como Carola en Iquique. Cada vez llegaban más extranjeros.Marambio era un tipo afable, poco rígido en comparación a otros pacos y bastante amistoso. Tenía mucha llegada con la gente de la ciudad, no así en las tomas de terreno. Los radiopatrullas llegaban a las tomas sólo cuando había algún crimen. En La Negra vivían más de cinco mil personas. También estaban las tomas de El Boro y la autoconstrucción. Alrededor de quince mil personas vivían sin ningún tipo de resguardo policial, escribió Soto en el reportaje que sacó para su diario. Después de la cuarta desaparición un grupo de vecinos de La Negra se organizó en grupos de vigilancia. Además de las sospechas de un posible sicópata, en la toma eran habituales las violaciones, las riñas entre pandillas de adolescentes y el microtráfico de pasta base y paraguayo –marihuana prensada-.El lapso entre la cuarta desaparecida y la quinta fue de cinco meses. El tiempo más extenso, tal vez por la aparición de esa junta de viejos borrachos. Los viejos andaban con palos y cuchillos. Sin embargo el grupo no llegaba al basural.María Elizabeth estaba en cuarto medio del Liceo de Alto Hospicio. Su familia había llegado de Santiago. Se instalaron en La Negra y allí esperaban una mejor oportunidad. Su padrastro trabajaba en Iquique como guachimán, mientras su madre se quedaba al cuidado de sus tres hermanos menores. Galleguillos me presentó a María Elizabeth. Cuando podía la llevaba gratis al liceo.Una madrugada la encontramos en Iquique, en los estacionamientos de la discoteca Pharos. Galleguillos le hizo una seña y ella se acercó a saludarlo. La mirada celosa de su pololo, un flaco con pose de rapero marginal impidió que subiera al auto. Ya la veía sentada en mis muslos, gimiendo. Su cabello era negro y le llegaba hasta la cintura. Su rostro era algo redondo, pero conjugaba bien con sus grandes ojos café claros. Sus tetas eran grandes y parecían blandas.Galleguillos le dijo que la podía llevar gratis a Alto Hospicio, pero sola.
Soto y Alvaro, en cambio, la pegaron a Galleguillos $5 mil pesos para que los llevara del Renacer hasta el Hotel Charlie Inn de Iquique.
La mina volvió a la Radio Corazón.
Monday, February 05, 2007
10.
Una taxista me dejó a media cuadra de aquí. Fue raro el viaje. Representaba como 40 años, delgada, pelo teñido de tono cobrizo y un escote generoso. Los Ray- Ban le daban la necesaria cuota de misterio.
Escuchaba una radio de música romántica, creo que la Corazón. Cuando me entregó las monedas del vuelto me dijo que prefería los días nublados. Yo igual, le dije. Por un segundo dejó de mirar el camino.
Pensé que me agarraría el paquete. Luego me vi con ella en una posición incómoda en su auto con la misma canción de fondo. Habría preferido un hotel. La canción era de Christian Castro, según el locutor.
Quise echarle mierda al sol cuando nos detuvimos en un semáforo, pero me desorienté al ver a dos putas entrar al Centro de Enfermedades del Transmisión Sexual del Hospital. Eran las 10.30 e iban a control.
La chica que atiende este ciber escucha la misma radio de la taxista. En comparación con la taxista, la chica es una niña. Supongo que son 20 años de diferencia. Cuando esta chica tenga 40 años recién Galleguillos podrá acceder a algún tipo de libertad.
La justicia no alcanzó para ese gueón, me dijo Toña cuando hablamos sobre los crímenes. Es una burla para la gente estar alimentando a ese gueón con fondos fiscales. Es una vergüenza que no exista pena de muerte para exterminar a este tipo de basura, mierda humana, caca... Conmigo era tierna.
Galleguillos, medio en broma, tuvo el descaro de dudar de mi por la desaparición de Mary. Esa tarde Quispe me había entregado un paquete para que lo repartiera entre unos conocidos suyos de la población Jorge Inostrosa de Iquique. Me sorprendió su llamada. Eran las 15 horas –más o menos- y yo estaba en el diario. Me pagó 50 mil pesos por el encargo. Aproveché para que también me dijera algo -por su condición de dirigente social- sobre la seguridad en La Negra. Ya eran tres (o más) las chicas desaparecidas. Quispe también era papá de dos niñas. El paso siguiente fue llamar a Galleguillos. De entrada me dijo que estaba apurado porque tenía que ir a buscar a su mujer a la municipalidad. En Juan Martínez con Thompson bajó una pasajera y seguimos por Tarapacá. Me preguntó algo de las gemelas Campos. No recuerdo bien. Estaba obsesionado con Daniella Campos. Antes que me dejara en el centro, me tiró la pelota con Mary. Le dije que no fuera gueón. Se río.
La taxista usaba unas botas a la pantorrilla. Me fijé cuando frenó. Restaban como dos cuadras para llegar. Las botas son un buen fetiche. La imaginé desnuda, con la mitad del cuerpo recostado en un mesa, con su cola parada en dirección a mi sexo y con las botas puestas.
Pensé en pagarle los cuatro pasajes del taxi y seguir hasta el final del recorrido. En el trayecto podría proponerle algo. El viaje fue un agrado, le dije. No es el único que me dice eso, me contestó. Chao. Se despidió con una sonrisilla coqueta dibujada en el rostro. Tendré que verla otra vez.
Escuchaba una radio de música romántica, creo que la Corazón. Cuando me entregó las monedas del vuelto me dijo que prefería los días nublados. Yo igual, le dije. Por un segundo dejó de mirar el camino.
Pensé que me agarraría el paquete. Luego me vi con ella en una posición incómoda en su auto con la misma canción de fondo. Habría preferido un hotel. La canción era de Christian Castro, según el locutor.
Quise echarle mierda al sol cuando nos detuvimos en un semáforo, pero me desorienté al ver a dos putas entrar al Centro de Enfermedades del Transmisión Sexual del Hospital. Eran las 10.30 e iban a control.
La chica que atiende este ciber escucha la misma radio de la taxista. En comparación con la taxista, la chica es una niña. Supongo que son 20 años de diferencia. Cuando esta chica tenga 40 años recién Galleguillos podrá acceder a algún tipo de libertad.
La justicia no alcanzó para ese gueón, me dijo Toña cuando hablamos sobre los crímenes. Es una burla para la gente estar alimentando a ese gueón con fondos fiscales. Es una vergüenza que no exista pena de muerte para exterminar a este tipo de basura, mierda humana, caca... Conmigo era tierna.
Galleguillos, medio en broma, tuvo el descaro de dudar de mi por la desaparición de Mary. Esa tarde Quispe me había entregado un paquete para que lo repartiera entre unos conocidos suyos de la población Jorge Inostrosa de Iquique. Me sorprendió su llamada. Eran las 15 horas –más o menos- y yo estaba en el diario. Me pagó 50 mil pesos por el encargo. Aproveché para que también me dijera algo -por su condición de dirigente social- sobre la seguridad en La Negra. Ya eran tres (o más) las chicas desaparecidas. Quispe también era papá de dos niñas. El paso siguiente fue llamar a Galleguillos. De entrada me dijo que estaba apurado porque tenía que ir a buscar a su mujer a la municipalidad. En Juan Martínez con Thompson bajó una pasajera y seguimos por Tarapacá. Me preguntó algo de las gemelas Campos. No recuerdo bien. Estaba obsesionado con Daniella Campos. Antes que me dejara en el centro, me tiró la pelota con Mary. Le dije que no fuera gueón. Se río.
La taxista usaba unas botas a la pantorrilla. Me fijé cuando frenó. Restaban como dos cuadras para llegar. Las botas son un buen fetiche. La imaginé desnuda, con la mitad del cuerpo recostado en un mesa, con su cola parada en dirección a mi sexo y con las botas puestas.
Pensé en pagarle los cuatro pasajes del taxi y seguir hasta el final del recorrido. En el trayecto podría proponerle algo. El viaje fue un agrado, le dije. No es el único que me dice eso, me contestó. Chao. Se despidió con una sonrisilla coqueta dibujada en el rostro. Tendré que verla otra vez.
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