Monday, October 08, 2007

26.

El chico sube por la puerta entreabierta que dejó el geólogo M, un conocedor -se jacta- de esta nata grasosa amarillo opaco de San Juan de Lurigancho, para comprar en la dirección recién anotada en un papel lo que le(nos) gusta, por encargo de Collin, una chileno con nombre gringo que es dueño de un bar electrónico en Barranco, así dice el geólogo, que celebrará esta noche su cumpleaños u algo parecido y dónde nosotros, los amigos del geólogo, estamos invitados para hacernos mierda, dice irónico el periodista mientras su cabeza martillea rítmicamente -por la música de Carlinhos Brown- el hombro de la española que ya habla como peruana, y es ella la más sorprendida con el petiso de nariz aplastada por el labio leporino que nos ofrece un par de anillos de oro, relojes y droga si quisiéramos, y la española le pregunta por su edad, como si importara mucho, y el chico le responde que 12 años, y seguido: que no va al colegio, que vive con su madre, que las cosas son robadas en Larco Mar y que la marihuana es paraguaya y qué señorita quiere probar, y con sus dedos cortos y morenos saca un papel, pone un poco de marihuana, lo chupa en las puntas y se lo pasa la española, y después al periodista, y después a mi, que voy de copiloto en esta 4X4 Hyundai Santa Fe y bajo el vidrio para botar el humo mientras uno chico descamisado que nos mira hace rato, me asiente con la cabeza como si fuéramos a comprar un kilo de marihuana, y repaso la cara de risa de la española, sus gestos lentos, y el periodista saca unos dólares y el chico de su morral saca un paquete, y después la española y el chico me mira, y le pregunto si fue hijo de alguien de Sendero Luminoso, y sin chistar el chico afirma que su papá estuvo metido en la guerra y que hoy vive en Buenos Aires, aunque no sabe nada de él, y cuando el geólogo M sube, el chico baja y la española con los labios apretados dice: manya el chabal va directo al hoyo.

Monday, October 01, 2007

25.


¿Lo más terrible? En Haití, según la entrevista a una médico chilena y voluntaria que leí en el semanario The Clinic, a quien no le importaba llenarse de picaduras de bichos ni defecar en el bosque tropical, lo suyo era vocación, decía, y el testimonio de esta mujer de aspecto frágil -según la foto-, pelo largo, castaño y rostro huesudo, resultaba convincente cuando afirmaba que su padre, empresario, había perdido todo (de un día para otro, como le gusta escuchar a la gente) y justo ella, ya graduada de médico, había descubierto que la vida no era material sino que lo suyo era una atracción por la naturaleza tipo: hippie=snob=pies descalzos y luego venía lo terrible, cuando explicaba que la familia que la alojó, la más amable del caserío, utilizaba a niños huérfanos o de familas ultra pobres como sirvientes, niños entre 5 y 8 años, y esos niños iban a diario en busca de agua, descalzos, a un pozo ubicado a dos horas, ida y vuelta caminando entre cerros, y llegaban encorvados los pobres chicos pero mantenían la sonrisa y los juegos de niño, y ella, a pesar de lo chocante de la experiencia para su formación cristiana-occidental, aclaraba que no podían ir en contra de las costumbres de la gente y una niña le aseaba el dormitorio de piso de tierra por un poco de comida.

Saturday, September 29, 2007

24.

Tati me besa en afán de despedida para recluirse en su Taj Mahal que tiene la escalera del palacete de Vivien Leigh en “Lo que el viento se llevó” y ella se cree Vivien Leigh en una fantasía absurda donde Montesinos es Clark Gable, le digo, y compunge el rostro como si tuviera destemplado sus dientes, y se sube a su 4x4 Dodge, que parece un tanque gringo en medio de estas callejuelas de Ica que tienen algo del Viet Nam o Camboya de las películas gringas de Chuck Norris y el periodista, que ya estaba con nosotros, me invita a beber algo y entramos a un restaurant donde pedimos cervezas y dice que el geólogo M, viene para acá, ahora, a las 17 horas, porque quiere acompañarnos hasta Lima, a Barranco, al puentecito de los enamorados para lanzar una rosa al vacío -le digo-, y dice que quiere presentarnos a un chileno que tiene un bar en Barranco, donde hay de todo, y pienso en las fosas del geólogo M, y el periodista agrega que el geólogo pagará todo y mierda, le digo, cómo ese gueón no se enferma con tantas cagadas que se mete en el culo, jejeje, y el periodista me pregunta si me enamoré de Tati, y no le respondo porque no me parecen confiables esos tipos recién llegados que visten distinto y recuerdo el tono amenazante del reportero gráfico y su rabia, y su asco hacia nosotros, y nos trataba de asquerosos hasta que el negro lo golpeó y le rompió la Nikon, y el gueón se fue odiando y Tati me decía que Montecinos lo hubiese encerrado en un subterráneo hasta que pasara como desaparecido y el periodista contesta el teléfono, y me hace una mueca para que nos vayamos y afuera está la española que tiene el pelo mojado, unos lentes oscuros y un apósito en el brazo, y dice: manya, vamos a ver que pasa por una escuelita que conocí por allá. No seas estúpida, le dice el periodista mirando hacia dentro del bar, como si esos tipos fueran policías.

Tuesday, September 25, 2007

23.

Volvió Fujimori, volvió el chino, volvió el príncipe de los pobres, volvió el dictador, volvió el asesino, volvió el ladrón para quedarse en el cubículo ratón de una cárcel musgosa tramando el golpe de estado porque aquí los presidentes corruptos son reelegidos -dice Bayli- como Alan García, con su porte de ropero, dirigiendo este país partido y robado y que todavía roban y yo, como chileno, fui parte de ese delito por los milicos de la Guerra del Pacífico o Guerra del Guano o Guerra de mierda que usurparon la biblioteca de Lima, la memoria de Perú, para embarcarla como trofeo de guerra a Valparaíso y después a Santiago, por un asunto de orgullo, vanidad, matonaje y facismo porque toda la riqueza de los derrotados confluye en Roma o Berlín o Londres o Washington o Santiago, y por eso Tati me recalca que nunca me darán un buen trabajo por acá porque la mayoría odia a los chilenos y el aire acondicionado se echa a perder y ella se levanta a encender el ventilador y su cuerpo bronceado desnudo, delgado con sus senos pequeños y duros me hacen pensar en seguir acá hasta el final y ella me dice que sólo la veo como un objeto sexual y no podría verla de otro modo, no, y hasta el zumbido de su orín me suena exquisito y me responde que está todo bien y enciende la ducha y pienso en Janet Leigh de Psicosis y siente escurrir el agua sobre su cuerpo y reviso la habitación y no hay cuchillos, ni puntas, ni nada como para sentir su sangre y ella me invita y en mis tímpanos retumba la música de Bernard Herrmann y la atenazo por el cuello con el brazo que resbala por su piel jabonosa y con la otra mano aprieto su cuerpo al mío y ella abre un poco las piernas y la penetro, y el agua nos golpea y parecemos dos cuerpos desnudos en una calle lluviosa, bailando, moviéndonos, desgastándonos y explotamos y nos quedamos detenidos mirando como el hoyo de la bañera se engulle nuestra resina felicidad.

Friday, September 14, 2007

22.


Es Vladimiro Montesinos y no Vladimir Montecinos, me corrige Tati en la piscina-bar de este resort de Mancora, que parece resort de la costa azul francesa pero es peruano, un satélite de la terremoteada Ica, una especie de villa con gente linda y bien aislada donde alguna vez estuvo el actor Adrian Brody, el mismo del pianista de Polanski, con guardias morenos que andan en motos ruidosas de tres ruedas gordas, con un camino de tierra de arribo sólo para 4x4 -hecho a propósito para que no lleguen los cholos- y unas murallas bien altas y pienso en la ciudad perdida de El Dorado, y el cabello de Tati es dorado y su cuerpo algo moreno por el sol y me sigue besando porque hace rato estaba sola –desde julio que no hacía el amor- y le preguntó por su último orgasmo con Montesinos y pone cara de rabia y se desata de mis brazos para recluirse en un rincón de este piscina y me siento como en Niza –que no conozco-, y digo que esto es un sueño cruel, y ella se acerca con un tequila Margarita y me dice que me parezco a Montesinos y que me gustan las mujeres tipo Jacqueline Beltrán y ¿Quién mierda es Jacque Beltrán?, la ex amante de Montesinos, “una chola”, responde Tati, “una simple chola”, agrega, “y no me digas racista, porque tu andas viendo el racismo en todos lados”, y “es que me siento un paria desclasado” le respondo en broma, pero “eres lindo” me dice, y me refriega su rodilla en mi bulto que está arrugado como una oruga y yo camino lento en el agua hacia el bar y pido otra Margarita, y Madonna aparece en el plasma que encendió el moreno que hace rato le mira el culo a Tati, y con una mirada le digo que esa carne es mía y el negro agacha la vista, manso como esclavo, a pesar que con un cabezazo podría aturdirme, y Tati sigue con su odio parido a Jacqueline Beltrán como si en realidad habría tenido algún amorío con Montesinos o conmigo, y pienso que podría ser su hija, su sobrina o no sé, cualquier otro parentesco del viejo y ella me besa en esta agua temperada, algo caliente, donde estamos los dos, más el barman, y Madonna en la tele y sigo con esta dolce vita bien merecida por mi piel y pienso en lo contradictorio del bronceado de Tati, en su piel morena por el sol y su cabello rubio, y sale de la piscina para irse a la habitación donde esperará desnuda sobre la cama blanca para que otra vez se lo haga.

Thursday, September 13, 2007

21.


Para Tati los niños argentinos valen 10 veces más que los peruanos y 5 veces más que los chilenos, y 2 veces más que los uruguayos. Y yo le digo que es una racista de mierda como Bush con los mexicanos y latinos y salvadoreños, y le pellizco sus pezones pequeños y pone su mejor cara de caliente, de perrita, y pienso en el asqueroso de Montecinos metiéndole su salchicha mascada, y la rica de Tati me asquea y su orificio aprieta mi dedo como si fuera a decapitarlo.
Ella me besa el cuello como desesperada, y yo le meto la mano en su vulva con papiloma de Montecinos que sabe a hierro y mi pene va directo a su boca de O y pienso en las mujeres de Tacna maltratadas por sus hombres, en los parricidos de Tacna, en los parricidos de Chile y en los parricidos de Centroamérica, en nuestra cultura machista ideada por curas reprimidos, y mi flasback se detiene por una mordida en el glande y repaso sus senos duros, y su piel es más olorosa que la de la cocinera de Tacna, y Tati es bella y perfumada; es blanca, tiene dinero y un blog estúpido y juega sucio como Bush y Montecinos, y su cabeza parece balancín y mis testículos se aprietan, fuerte, y suelta un: dame por aquí. Se voltea y se pone como perra, perrita y se lo hago con fuerza para fundirla, y ella gime, gime, y al otro lado la española urgutea en el culo del periodista y viceversa, y siento sus gemidos, y se confunden con los de Tati, y con los míos y parece una matadero y hasta la tierra se mueve con un leve temblorcillo y pienso en el negro cara de anfibio que también debe estar follando con la española y el periodista en un power trio y pienso que somos unos hijos de puta, como bien dijo el reportero gráfico, y eyaculo dentro de su cuerpo que se contornea y no sé si deshacerme de ella.
Y mientras se lo vuelve a meter pienso que Tarantino reduce lo latinoamericano a México, como Bush, como Europa y Europa tiene el mar de límite y EEUU un muro, y no sé porque mierda recuerdo una cara de orgasmo de Christopher Walken de alguna película que no recuerdo y me siento un cerdo.
El límite norte de Latinoamérica es México y el sur es Colombia, el resto no existe por eso: la impunidad, por eso nosotros, y Tati hace la misma rutina y mañana nos vamos a la playa Mancora a jugar al karaoke, dice la muy puta y yo quiero seguir cantando.

20.

¿Lo más terrible? Lo leí en una revista argentina, la del domingo del diario La Nación de Buenos Aires, y refleja toda la mierda de aquella época.
Martina tenía 32 y confirmó en el registro de identidad que sus padres no eran sus padres y no era estúpida como para buscar el camino y le dio asco la carrera militar de su padre y le dio asco la complicidad de su madre, y buscó hasta encontrar a sus padres naturales, ambos en las listas de asesinados. El milico se quedó con el bebé, y lo inscribió con sus apellidos e hizo feliz a su mujer por algunos años. Martina no quiso suicidarse ni se volvió loca porque habían muchos casos como el de ella, sólo abandonó para siempre a su familia adoptiva que se alcoholizó, le dijeron después.

19.

Mientras media Ica está derrumbada por el terremoto, la casa de Tati es blanca como el Taj Mahal del geólogo M en Arequipa, pero tiene más jardines, más pasto remojado por regaderas de helicóptero que no se detienen y donde puedo fijar la vista un rato y controlar mi libido con Tati, de cabello rubio que se asolea extendida en una silla de playa, frente a la piscina, con el cuerpo brilloso -por el aceite bronceador olor a coco- que le cabe en una tanga pequeña cuyo hilo verde limón parte sus nalgas desde la profundidad en dos hemisferios de durazno cuando camina en dirección a una mesa donde una especie de criado, un moreno de rostro anfibio, le llena su vaso con agua mineral y el periodista conversa con un vaso rebosante de pisco con el reportero gráfico que sujeta otro vaso rebosante de pisco, y parecen Batman y Robin, hablando del Medellín de Fernando Vallejo, del Medellín de Escobar, del Medellín de la guerra y cuando llegan a Montecinos, la española surge de la piscina con su cabello peinado por el agua, con sus tatuajes y piercing, y pide otro pisco sour, y Tati me pide que le refriegue la espalda con bronceador y tiene la piel suave, levemente bronceada y cruza sus piernas y le pregunto por un moretón, y le molesta la pregunta, y me pide que le cuente de mi hijo en Chile, en Antofagasta, y yo le pregunto si en esa casa, alguna vez estuvo Montecinos, como me contó por el Chat, y encojé los hombros y ríe, y se ve bella riéndose porque junta los labios hacia delante y la beso como anoche, cuando tuvimos sexo ruidosamente como le gusta sin antes, haberle cantando una canción de Elvis Presley, y sin antes haber brindado por Tati, y ella, que por ahora sólo me calienta, desconfía del reportero gráfico, y tiene razón para hacerlo, porque Montecinos desconfiaba del reportero gráfico, y si Montecinos lo hacía era porque el reportero gráfico era importante, y yo no sé que mierda hace ese gueón de reportero gráfico con nosotros, le dije al periodista, y el gueón me contestó que tenía mejores historias que todos porque estuvo en Nicaragua en el tiempo de los perros Contras, y no se porque mierda miró la hora, y son las 16.15 de la tarde, y creo que sería bueno sacar del camino al reportero gráfico, que ahora nos pide que sonríamos para la estúpida foto de un grupo de amigos como la del comercial de la cerveza Cristal, y esa foto puede hacer de esto algo real, algo concreto y por eso lo mando a la mierda, y el tipo algo borracho se ríe y nos trata de hijos de puta y que nos denunciará, y el negro con rostro de anfibio sale de su cubículo enfurecido y lo expulsa para tranquilidad de Tati que estaba algo nerviosa, mientras el periodista se mete a la piscina con la española y fornican como si nada, y Tati fuma y le dice algo al oído al moreno y ya son las 17.30 horas, y el moreno a la pasada me dice: aproveche chileno, por algo está aquí.

Wednesday, September 12, 2007

18.

¿La experiencia más cruel que me tocó ver? Mmmm... Varias, pero hubo una en particular que me hizo cambiar el rumbo. Ejercí hasta 1993 como corresponsal fotográfico para América Latina en una agencia alemana. Renuncié después de una experiencia particularmente cruel en Colombia.
En Medellín se libraba una guerra sucia entre la Policía y el Narcotráfico de Pablo Escobar, día a día era asesinado un policía.
Llegue un día 22, una ciudad sin pacos, créanme que es cosa seria, la delincuencia se había apoderado de la ciudad. Los policías estaban aterrados, salían a las calles en grupos de 20 cubriéndose las espaldas y hicieran lo que fuese, cada día uno de ellos dejaba de existir.
Algo ocurrió que lo cambió todo. A la salida de una iglesia, 13 niños fueron masacrados. Las imágenes eran desgarradoras, pero lo que vino después terminó con mi carrera y mi cordura.
Estando en el velatorio de los niños, un familiar se acerco y me entrego una declaración firmada por todos ellos, en esta acusaban del alevoso asesinato a la policía de Medellín.

Tuesday, September 11, 2007

17.

Y después del terremoto alguna cámara extranjera busca la significación de la catástrofe en los restos de una familia con piso de tierra y con una fogata en el medio para recoger calor en las noches grises de invierno. La mujer de esa familia todavía no encuentra a su hija, de 9 años, y ya van dos semanas del terremoto y el hambre, y la sed, y la supervivencia la hacen olvidar que es madre de cinco, y no de cuatro, como ahora. Los hermanos siguen jugando, mientras yo le reparto dulces, y la madre me mira con cara de agradecida, mientras al periodista no le interesan las cuestiones sociales; el tipo me estudia, observa como me muevo aquí, quizás esperando que cometa lo que busca para seguir con su novela sobre mí, según me dijo en el viaje. Tal vez le cuente mi pasado como testigo de Jehová, jejeje.
Y el click de esa cámara hace real a la familia, que ahora saldrá en un diario gringo.
Y Marta, la española depravada, absorbe a goteras el drama de la mujer, y piensa la muy suelta de cuerpo que la desaparición de Madeleine en Portugal importa un carajo por estos lados, y piensa, la gilipollas mientras absorbe un cigarro sin filtro, en la cantidad de niños que a diario se pierden en el tercer mundo y nadie dice nada, porque los niños pobres de Perú, Brasil o Zambia no se exponen tanto como la Madeleine de pupila cortada y caballera rubia como la su madre y padre, dos gringos delgados, altos, como de la película de una niña perdida.
Y a los chilenos parece más interesados en el caso de Madeleine que los casos de los niños maltratados, violados en su país, y mandan de la tele a una periodista hablar con los papás de Madeleine para sensibilizar a los chilenos que prefieren historias importadas como si en Santiago, no hubieran historias que contar. Chile necesita de historias gringas para mimetizarse con el primer mundo de Los Simpson. Y Chile se sensibliza más por Madeleine, que por el terremoto en Perú: siempre ha sido y será así, aunque la minoría diga la contrario.
Y la mujer de la fogata, la madre, reconoce que nunca encontrará a su hija porque no tiene con que dejar a sus hijos para ir a revisar los cadáveres en la morgue.
Y yo le digo que si está dispuesta, nos puede confiar sus hijos a nosotros, y al escucharle el periodista enciende un cigarro como esperando algo. La mujer se pierde por una calle terrosa, mientras subimos a los chicos a la camioneta.
Y ya andando, y con los chicos arriba, pienso en los camiones de los milicos con detenidos rumbo al aserradero.

Monday, September 10, 2007

16.


Los goatsianos.





(fotos gentileza de Sergio Dávalos M.)




¿Y después del terremoto?







Friday, September 07, 2007

15.

Spiniak=geólogo M=Goatse=Mosito de la Plaza de Armas, Santiago, 00 horas y por 20 mil pesos=suciedad en Las Condes.


La baba es del voyerista o periodista decadente a quien sólo le interesa fisgonear hasta la última gota de luz, allá abajo, donde se juntan las carnes y donde la negrura del asterisco del geólogo M parece absorber todo como el magnetismo de un hoyo negro espacial. Pura física. Me aclaró que no eran amantes aunque no le pregunté, ni me interesó saber de su relación. Cumplía la función de proxeneta o recolector de mujeres para las orgías, y yo, entre risas, le dije que el geólogo M era Spiniak, y de ahí me dijo que su afán de periodista, que su pasión por hacer periodismo era juntarse con gente de costumbres raras, con gente inhumana para redactar novelas negras o con gente que no le interesa la vida y por eso la vive de una manera extrema, como tú, me apuntó, y él tiene olfato o, por lo menos, los granizos de la coca no le han roto el oso hormiguero. Y Spiniak -explica este cabrón dentro del 4x4 del geólogo M- es una de las degeneraciones del neoliberalismo llevado al extremo en Chile, donde los desviados ricos compran a prostituidos pobres para que le metan bates de béisbol en el poto y así disfrutan, y así arrugan la frente y gimen entre saques de coca y placeres anales, porque después de viajar y gastarse toda la plata en Nueva York o Cancún ya no hay más sensación que la piel, la carne, el corte, la crema y la caca, y así, el anillo termina siendo la boca, la lengua, el tacto y hasta reducir y quemar a todos los sentidos, y no queda nada. Pura física.
El periodista, por lo menos, no se mete bate de béisbol ni quiera tener el culo de repollo, lo suyo es ser testigo de estas maneras poco convencionales de existir.

Nos encontramos dos días después de la fiesta, en la casa del geólogo M. El geólogo M iba estar una semana fuera de Arequipa, no sé donde mierda, supongo que en alguna mina. Me había dejado la casa, los autos y hasta una tarjeta de crédito.
El periodista me preguntó si yo estaba interesado sexualmente en el geólogo M. A la mierda sus orgías, prefería irme antes que follármelo.

El periodista es un tipo delgado, alto, de boca pequeña, ojos de color verde y de rigidez coquera. Mantenía el sentido del humor con unas ironías crueles sobre los peruanos y el terremoto en Ica. Prefería Perú que Chile, por ahora –afirmaba-, aunque no tenía interés por volver. Ahora estaba dedicado a hacerle biografías a unos arequipeños de clase alta, como también estaba a cargo de un ciber, cerca de la plaza de Arequipa, cuyo dueño era el geólogo M.
Me propuso que fuéramos a Ica y Pisco a ver si podíamos ayudar con el terremoto. Mañana partimos en la 4x4 del geólogo M y se sumará Marta, la española.

Tuesday, September 04, 2007

14.


Sin miedo Chile no crece a las cifras intocables que propone el ministro de saco Gucci, economista de Harvard, que vende por la tele una vida pulcra de pañal de guagua sin caca.
Los políticos=chismosos=aspiracionales= mercachifles=limosneros que crean atmósferas de miedo desde sus computadores ociosos llenos de pornografía de Goatse.
Este Chile de miedo trabaja como paranoico para sellar sus casas de la realidad pobretona y pastabasera de la calle, en condominios con cámaras de seguridad para que la realidad la vean unos guardias milicos de origen pastabasero. Chile también es un país de forajidos, bandidos y asesinos y sicarios como el Medellín de hace cinco años, escupe el periodista cara de muñeco gringo que sale en la tele porque la tele prefiere a la minoría rubia y bella.
Los que perdimos el miedo somos los asesinos, los parias, los que merecen estar encerrados porque el egoísmo manda a que nos encierren en las cárceles, a contenernos, y así, coexistimos con esos egoístas que no quieren saber nada de que existimos. Y ese resentimiento social los utilizamos para robar y maltratar a viejas forradas en joyas, a pendejos que hablan en inglés y a sirvientas Opus Dei.
Chile dejó de interesarme por su incompresible liviandad de sociedad bastarda, quiltra y drogadicta que reduce todo a la acumulación de porquerías y cachivaches, y donde la maldita excepción sigue y seguirá siendo inútil, porque la oligarquía casó hace rato a sus hijas con los milicos, y sigue igual y seguirá siendo igual, porque Chile siempre ha funcionado como un villa medieval, donde todos los villanos desearán por siempre ser igual al patrón feudal y ahí comienza ese locura envidiosa, la demencia colectiva.
Por esto prefiero Perú, país todavía digno a pesar de Ripley y Falabella que hace años sufrió de la paranoia chilena con esa invasión fascita promovida por los ingleses. Latinoamérica es un continete deshecho desde la llegada de los españoles y su raza de mierda.

Monday, September 03, 2007

13.

Soñé con unos jotes picoteando sobre una bolsa de carne humana que alguien lanzó sobre el techo de mi casa.
Soñé con un engendro humano-animal arrastrándose hacia el baño con la boca negra y los ojos salidos para afuera.
Soñé con un jote muerto cuya pata a medio desprender era masticada por el gato de mi casa.
Soñé con un enclenque de labios negros que atrapaba el aire con una aspiradora.
Soñé con un gato envenenado por comer carne de jote.
Soñé con un hombre muerto por un cable mal enchufado a la aspiradora.
Soñé con mi adolescencia en la calle Bellavista de Antofagasta.

12.

(foto: John Carpenter)
¿Y después del miedo?

Friday, August 31, 2007

11.

Es culpa de las multitiendas de mall con capitales chilenos en Perú, cuya propaganda genera xenofobia hacia mis compatriotas como el geólogo M y sus amigos, que sólo desean que la televisión muestre a chilenos blancos, gringos, cuando el 75% tiene la cara redonda, los ojos redondos y la boca redonda como los mapuches, la raza donde proviene la mayoría de los chilenos aunque les duela por esa demencia aspiracional incomprensible.
Los peruanos no quieren compararse a los chilenos aunque su oligarquía blanca y europea sea peor de fascista, peor de canalla, pues prefieren no mezclarse con los cholos.
Las súpertiendas: Falabella y Ripley son para ellos y no para los cholos.
Y yo me siento un cholo materife, vengador como el niño Marcelo en la playa blanca de Mancora, al lado de Ica, donde sólo los blancos tienen ganado el privilegio de la entrada porque los cholos ensucian.
La bipolaridad me puede definir como un facista o resentido social ¿Ripley o Falabella?
Yo mato porque si no me matan. Fue la excusa de Pinochet. Yo mato en nombre de Dios, fue la excusa de las cruzadas. Recuerdo mi niñez. Pienso que mi vida debió haber quedado estancada en esas calles terrosas de esa población de Antofagasta. Nada me detuvo, ni mi mujer ni mi hijo.
El periodista -amigo del geólogo M- dijo que podía acompañarme a Mancora. Dijo que le interesaban los tipos como yo.
Es culpa del diablo que nos juntáramos.

Wednesday, August 29, 2007

10.

Los curas salesianos rescataron a Marcelo.
Marcelo fue el mejor en la escuela, a pesar de haber asesinado al paria viejo de su padre. Dios lo perdonó. El paria se llamaba Don Carmelo, un desgraciado al que nunca vi amargado: siempre festivo, siempre borracho, siempre rodeado de borrachos. Fuimos vecinos. Mi madre hablaba mal de Don Carmelo. La gente justificó a Marcelo cuando lo asesinó.Marcelo me pegaba por gordo. Después nos hicimos amigos. Me había transformado en un cerdo. Hacía reír a los niños: comía tierra y lombrices, también hormigas. Los chicos me venían a ver, era un show. También aprendí a pelear. Un día entre cuatro trataron de pegarme. Al final Marcelo me defendió. Había superado la prueba de valor, me había graduado de Maras. Nos llamábamos “Los Chiri”, una pandilla de pendejos.
Nuestro primer asalto fue a un borracho. Lo dejamos cerca de la línea del tren, sangrando por la cabeza. Lo pateamos hasta el cansancio. No quisimos matarlo porque era profesional, según leímos en su carnet. Salimos en el diario. Fue grato. Don Carmelo también hacía noticia. Había quemado a la madre de Marcelo. Lo acompañé a ver a la señora Catalina al hospital. Nos dijo que haría justicia. El desgraciado de su padre siempre golpeaba a su madre, también a él. Ahora Don Carmelo estaba viejo y desgastado, fácil de noquear. Marcelo se vistió de materife. Le puso varias estocadas ante nuestra mirada terrible. Lo ayudamos a limpiar la sangre. Yo cerré sus ojos. No merecía otro destino.
Al otro día, Milton, el niño que estaba con nosotros, denunció a Marcelo a la policía. Don Carmelo estaba podrido cuando lo subieron a la camilla de metal. A Milton lo acorralamos a la salida de escuela. Marcelo pensó que lo había matado. El chico quedó tirado y aturdido en un callejón desolado. Sabía que estaba vivo. Corrimos. Marcelo mataba por venganza. Yo sentía placer verlo matar. La justicia es amistosa con los chicos. Marcelo tenía 13 años, yo 14. Los curas lo recogieron. A Marcelo siempre le gustaron los números. Era ágil de mente. Yo era mejor para las letras, me conformaba. Sacó rápido la secundaria y después no sabía qué estudiar. Entró a geología. Como profesional comenzó a ganar plata, demasiada para el promedio. Se casó y trabajó en una multinacional de geología.
En Centroamérica volvió a su infancia.

Monday, August 27, 2007

9. Los Olvidados de Buñuel


Marcelo, ya adolescente, escapa del correccional y se reúne en el barrio con sus amigos. Conmigo y otro niño, y mata a Don Carmelo. Días después, Marcelo trata de matar al muchacho que supuestamente tuvo la culpa de que lo enviaran al correccional. A partir de este incidente, nuestros destinos están trágicamente unidos.

Friday, August 24, 2007

8.

(Lynndie England)

Alex DeLarge = El Coyote= Danny Boyle = Beavis and Buthead = Bart Simpson = Red and Stimpy = Maldita Sea = Corvalán = Lynndie England = Marta, la goatsiana= geólogo M= Los Olvidados de Buñuel.

Thursday, August 23, 2007

7.

Los goatsianos son una secta de cochinos, exhibicionistas de Fotolog y sádicos sexuales que se van introduciendo porquerías –u objetos de diámetro creciente- por el ano hasta alcanzar una dilatación exagerada. Así, el orificio logra un tono rojizo, de rosón, de donuts de paco gringo (recuerdo la película Fargo) o de molusco chupador de roquerío.Es una vertiente sexual=espiritual=sádica que se logra en un estado de profunda concentración, dice la página web. El orgasmo es incomparable, me explicaba el siempre insastifecho geólogo M, mientras con dedicación le introducía por el ano unas bolillas chinas a Marta, una chica española goatsiana, que vino a Perú a conocer el Amazonas. Marta es adicta al piercing y los tatuajes. Tiene el cuerpo fofo y no está bien depilada, aunque su rostro de rasgos finos y punzantes ojos celestes le da una belleza pérfida, algo bastante práctico para sus extraños gustos sexuales. Había hecho del Goatse su forma de vida, como quien fuera una vegetariana o nudista o bolañista -come verduras para no irritar donde termina el intestino, dice-.El periodista la había conocido por Internet, en la página de los goatsianos de Perú, aunque en el fondo los únicos goatsianos declarados de Perú, eran: el geólogo M, chileno, y dos prostitutas peruanas que lo acompañaban en sus indecentes y cocainómanas prácticas. Hablaban de los hindúes -siempre citados en este tipo de cosas-,del Amazonas peruano donde un tribu adicta al ayahuasca se metía cosas por el poto con afanes estéticos. La chica española era como una enciclopedia de Goatse, aunque no resultaba difícil culpar a los malayos o tailandeses o filipinos como los difusores número 1 de la práctica -según internet-.Imaginaba a gueones mamones untándose mantequilla en el culo como Marlon Brando a Maria Schneider en el Ultimo Tango en París y metiéndose desde antenas de radio, pilas, palos de escoba, cepillos de dientes y una infinidad de porquerías. Pero esto iba más allá, no se trataba de una penetración prostática para homosexuales o bisexuales sino que era estética, de belleza -según estos gueones delirantes-, de espiritualidad, donde se mezclaban pomadas como: los chacras, la acupuntura, el nirvana y toda esa dialéctica santurrona oriental tipo "new age" que suena convincente en la boca de Marta. Después me exigió preservativo. El periodista me filmó, como también quedó registrado el aceitoso orificio del geólogo M. La española y las dos prostitutas peruanas –a quienes el periodista les pagó 10 dólares-le habían introducido las bolas chinas a mi amigo de infancia, que sostenía un rostro de placer con las escarbadas de vaselina. Las putas, ya borrachas, se reían solapadas. La escena era rídicula, pero les pagaban por estar allí.El periodista me decía que la coca endurece el sentido del humor, que contiene la risa, porque ver al geólogo M sodomizado por dos putas peruanas y una española era una escena humillante y animal, propia de gente enferma ¿En qué rechucha momento nos pudrimos? Estudiamos en el mismo colegio y éramos niños normales que cantaban la canción nacional en los actos de día lunes. Pinochet dejó el poder cuando teníamos 18 años.Le despaché el video a la parvularia S, para que entienda de una vez por todas que su ex marido está enfermo y que por eso no envía dinero a sus hijos. Ya veo su cara.

Monday, August 20, 2007

6.

Llevo dos días en este Taj Mahal del geólogo M y podría pasar el año aquí en Arequipa, ciudad luminosa, tranquila y colorida con añejas iglesias de porcelana y casonas donde brota una mezcla entre música andina y aromas a caldos de carne con perejil.
Arequipa es una ciudad de paso para turistas que van a Cuzco, me dijo un español, vecino de cabina en este ciber con humo de cigarros y pocas ventanas. Este español -algo calvo y de amaneramiento gay- estaba preocupado por unos amigos alojados en un hostal de Lima ¿Por el terremoto? Claro, por el terremoto, afirmó. Yo no preocupo a nadie. Mi madre se murió hace rato, mi hijo tiene cinco años, y no creo que mi ex mujer le recuerde a su padre después de los hechos que detonaron mi partida.
Anoche soñé con unos jotes picoteando sobre una bolsa de carne humana que alguien lanzó sobre el techo de mi casa.

Hoy, toda la prensa y la televisión dio cuenta del terremoto en Lima, Pisco e Ica. Los arequipeños no parecen muy conmovidos con la tragedia de sus vecinos, tal vez porque nunca se han sentido peruanos.
-Somos independientes- afirmó un taxista que me llevó a la casa del geólogo M, una casa grande de construcción moderna, con piscina, jardines y dos autos en la puerta, además de dos sirvientas poco amistosas, pero que mantienen todo limpio.
Sabe Dios porque pasan estas cosas. Sabe Dios porque es más cruel con los pobres, con los necesitados. La verdad es que en la mayoría de los casos, esta acometida de la naturaleza o de los cielos, se atiza entre los más necesitados, entre aquellos que de por si ya han sido golpeados por la pobreza y que después de esto quedan con las manos vacías y aun más maltratados que antes.”, agrega Tati por el chat.
Tati es linda y posa en bikini con una amiga en una playa para ricos peruanos, todos blancos con lentes Calvin Klein.Nada de rencor.
El geólogo M me dio un abrazo y que estaba en mi casa. Me dijo, entre risas, que le había devuelto el tiempo perdido y que Arequipa era una ciudad espectacular para tirarse chicas. Entendió mis razones. Tras dos años las cosas se ven mejor, dijo. Reconoció su error y yo el mío, aunque hipócritamente, como todo lo que dije esa noche mientras bebíamos pisco marca Tacama con Coca Cola.
Fue uno de los mejores geólogos de su generación de la Universidad del Norte, y siempre ha destacado. No sé en qué mierda trabaja ahora, en Arequipa, pero gana mucha plata. Dijo estar relacionado con la actividad minera. También hablamos de putas: ahora mantenía relaciones esporádicas con unas chicas peruanas, jóvenes, universitarias y otras profesionales según fotos.
El primer tatuaje de Mara me le hice aquí, ayer, ocupé dos horas y no es nada especial, aunque un poco doloroso. Son dos ojos rodeando mis tetillas. El geólogo M tiene los brazos tapizados de tatuajes, todos hechos en Guatemala.
Se ve delgado y mantiene su parecido a Frank Zappa. Esta noche invitó a un amigo chileno suyo que lo provee de buena cocaína, un dealer que alguna vez fue periodista de un diario de Iquique, me dijo, y que tiene una historia sórdida detrás como la tuya –afirmó entre risas-.
Traerá a unas chicas, unas turistas españolas que le prenden velas a Goatse, un gurú sexual.

Tuesday, August 14, 2007


(foto de Isabel Muñoz)
...las mejores historias sudacas se siguen escribiendo en Centroamérica, en Guatemala, El Salvador ò Honduras –que ven a los mexicanos como gringos-, y donde los mayas evolucionaron en maras para inmunizarse de los gringos de Los Angeles o San Diego.

5.

El geólogo M fue casado con la parvularia S que trabajaba en un jardín infantil para niños huérfanos.
Estaban convencidos que esos niños pobres y huérfanos de Antofagasta lograrían ser felices en Europa, porque su concepto era: desarrollo=dinero=modernidad=felicidad.
Los europeos los prefieren blancos y recién nacidos. Paseaba a algunos chicos. Uno me contó que su hermano se lo violó. Tenía 6 años, el pelo al clavo y sonreía por todo. Su piel morena limitaba su partida. Tal vez cuando creciera y si se quedaba en Chile, haría lo mismo con su hijo. El ciclo. La violación la contaba como juego, como cuando el geólogo M contaba sus historias amorosas de Guatemala -país donde trabajó-.
-Las minas son calientes y putas en Centroamérica, y yo no aguanto, jajaja, y yo no aguanto- afirmaba gesticulando un movimiento pélvico.
-Y tu mujer gueón-
-Me estará jodiendo con vos, jajajaja-
-Gueón vaca. ¿Y si te infectas con algo?.
-¿Y tú crees que las minas que me tiro son putas? No gueón, son abogadas gueón, limpiacitas.
-Sucio de mierda.

En Antofagasta vivía con su mujer e hijos. Fui amigo del geólogo M, y de su mujer, juntos y separadamente. Los prefería separados. Su mujer me prometía que lo nuestro era un juego.
El geólogo M pasaba 20 días del mes en Guatemala, el resto en Antofagasta. Una nana peruana le preparaba pisco sour al geólogo M, mientras él -relajado- veía los partidos de fútbol con sus amigos, geólogos.
Llegaba para los partidos de fútbol de la selección. Sus amigos me hacían sentir como un extraño, como un bicho. No me emocionaba el himno nacional. Hablaban de sus 4x4 y lo importante de vivir seguros y encerrados en los nuevos condominios construidos en los Jardines del Sur, y de que el país y el fútbol estaban destruidos por la delincuencia y la farándula.
En el entretiempo se encerraban en sus 4x4 para quemar pasta base. Volvían tiesos. Se iban en el momento en que terminaba el partido. 90 minutos exactos de libertinaje para sus reprimidas existencias. A mi no importaba que me vieran fumar, tampoco a M, aunque éste se molestaba cuando llegaba con algún amigo. Nunca traigas amigos cuando vengan los geólogos, me dijo.La parvularia S se sentía generosa por invitar a almorzar a los niños huérfanos. Lunes y martes. Llegaban dos o a veces, tres. También invitaba a matrimonios extranjeros.

Con la parvularia S, en tanto, vimos varias veces la película “Pulp Fiction”, mientras yo la iniciaba en el consumo de cocaína. Ahora me culpan que yo destruí el matrimonio. Sé que el geólogo M está trabajando en una mina cerca aquí, en Arequipa.

4.


Alex DeLarge inspiró a Breat Easton Ellis en American Psycho; Tarantino=Easton Ellis=Heinrich Himmler=Darwin = Heinrich Himmler=Darwin=Alex DeLarge= el geólogo M (el personaje que sigue).

Monday, August 13, 2007

3.

La rumana Nadia Comaneci se abría de piernas sobre un palo recto para luego hacer unas piruetas puntuables con una sonrisa de alambre tenso y atrapar los flashes, y los aplausos y las medallas en una de esas olimpiadas entretenidas donde los soviéticos competían con los gringos, mano a mano, como en un partido de básquetbol.
Nadia Pérez huele a pimienta y tiene una cicatriz de quemadura en su brazo de habano. Nadia se llama así por la Comaneci, me dijo la segunda vez que me atendió en ese restaurant -debe tener la misma edad que yo-. Como a la mujer de la pensión, también le interesó mi puto origen, mi acento, mi aspecto y la guitarra que adosé al costado de la mesa. Tóquese una canción me afirmó, suelta de cuerpo y con esa carne porosa y brillante de su pechugas servidas ante mis pupilas. Me sentía como en México, como en Tijuana, como en una película de machotes. Después de susurrarle a su oído donde estará mi primavera de Solís, me trajo un plato con una fritanga de perejil y un arroz en forma de teta y un ají. Le pagué con dólares como si fuera Mickey Rourke en Erase una vez México, y le pedí un Marlboro.

-Dónde está el baño-
-Acompáñame-
La cocinería era estrecha y de penetrante aroma a un condimento raro, después había un compartimiento como bodega. Cerramos la puerta y ella, sin preámbulo, me bajó el pantalón: nada especial, mientras yo fumaba mi Marlboro y me sentía como un vaquero del oeste violándose a una india, como un conquistador español violándose a una india, como un milico chileno de la guerra del pacífico violándose a una peruana. Ambas se llamaban Nadia -la mujer del restorán y de la pensión-. Ambas habían sido golpeadas -una quemada con cigarro- por su último amor, un machista maltratador. A ambas les traje un poco de paz, de amor, de tranquilidad. Que en paz descansen.
Fue el adiós de las nadias, y ahora van adornadas con el cortejo sepia y con flores desteñidas en esta ciudad dolorida que llora con pasión a sus muertos.

Friday, August 10, 2007

2.

Puedo ser un cantante sudoroso y barrigón apretado con una camisa negra brillante y unos pantalones de cuerina salpicados de lentejuelas a lo Elvis, que le canta al amor, quizás una de las pocas maneras para sentirse vivos por estos lados, según los desayunos de la pensión cuando la dueña me cuenta de sus fracasos con las canciones de Marco Antonio Solís.

Puedo ser una versión grotesca de cantor o trovador sudaca, menos altanera, de ese errático american-mariachi de la película de Robert Rodríguez –que llevaba esa metralleta justiciera o fierro en vez de un absurdo guitarrón- y que hablaba como atorado.
Prefiero contar chistes crueles.


Y esta Tacna sepia de cortante frío noctámbulo, luce parecida a Tijuana o a la manoseada Juárez –de películas como Traffic, de documentales de coyotes - donde comen ají a masticazos o chile, y los chilenos fascistas se ofenden porque esos machotes mexicanos morenos, bigotones, de cuello de neumático y espalda carnosa se comen a la patria. Guevones. A una hora al sur de Tacna, está Arica donde todas las calles tienen semáforos, donde los taxis lucen uniformados de amarillo o negro y donde el olor a fritanga se mezcla en esquinas marginales con el humo pastabasero. Arica es la punta del ají.
Arica=San Diego. Los peruanos pobres imaginan un mejor futuro, como si Chile fuera Estados Unidos. Y en Estados Unidos a los latinos los tratan de cucaracha o ratas y bajan la cabeza, mansos, sudacas, asumidos y explotados, y buscan el amor y trabajo con la cabeza gacha, ciegos como servidumbre humana. Y en Estados Unidos, Chile es el ají con que se fabrica el Tabasco.

Filmé con esta Canon -que me cabe en una mano- unas cucarachas aladas que planeaban desde la tina del baño a la puerta y que a ratos parecían helicópteros borrachos. No todas alcanzaron la puerta.
-Siga matando bichos y no se preocupe de la limpieza-
-Y cómo adivinó-
-He pasado toda mi vida aquí. Me se de memoria todos los ruidos-
-Entonces no traeré a mi novia-

-Usted sabe las reglas-

Se llama Nadia, tiene 50 años, bien conservados, morena, alta, delgada, pelo lacio, ojos de pasa y rasgos indígenas –nariz zigzagueante como cordillera-. Es amable aunque metiche. Le interesan estupideces como en qué ciudad nací. Si yo le dijera que nací en Tocopilla, tendría que gastar mi tiempo explicándole dónde queda Tocopilla como si fuera tan trascendente el lugar de mi origen. Le gustan los dibujos de mi guitarra, en especial el rostro del cristo de la película de Zeffirelli –ese Jesús con ojos de huevo frito-. Llevo una semana en su casa.

“No hay nada más difícil que vivir sin ti… ”, esa estúpida ironía de Marco Antonio Solís le cantaría esta noche, con la Canon en Rec, pero conozco las reglas.

Saturday, August 04, 2007

1.



Perú es un buen lugar, desordenado, fácil para limpiar como para esconderse. Eso de limpiar me suena a película de Tarantino. Qué asco Tarantino. Esos tipos vestidos como garzón y una musiquita de rock como telón cargando unas aparatosas escopetas y después disparando en el oreja de un gueón amarrado en una silla, también vestido de frac, como ganster de Hollywood y sigue la musiquita expresándose por los parlantes del cine, para amenizar la muerte o volverla más simpática. Después Tarantino ridiculizando a los japoneses con esa Uma Thurman de buzo amarillo pegando patadas al aire como enferma mental o Tarantino ridiculizando a los mexicanos como si olieran a fritura. Todo el sur de Estados Unidos huele a fritura y sobaco. Las calles de Tacna huelen a mi sobaco y a la fritura de las cocinerías callejeras o carritos sangucheros –como le llaman aquí-,las murallas son opacas, el aire tiene esa espesura a ciudad sin mar, los taxis que cruzan la frontera son largos tipo años 70 y la gente come pollo con papas fritas en la calle. Latinoamérica = bodega humana. Me gustaría torturarte Tarantino de la chuchesumadre, así como los haces en Hostel con esos indefensos turistas gringos, pobrecillos, tus compatriotas, que van a esos países rumánicos o hungáricos –balcánicos, diría mejor- donde los vampiros andan en la calle, sueltos, vestidos con Levis o de tetas rosadas y vaginas bien depiladas. Nada más efectista que el cine. Igual que ese sicópata de telenovela que anda salpicando sangre en la tele chilena y un gueoncito político se horroriza ¡oooooh!, como si ese país de mierda no estuviera acostumbrado a la tortura. Y le digo a ese político “cresta de gallo” que ese gordito Romo como Cristo recibió todos los pecados del hombre y murió en la soledad, en la mugre, salvo por unas monjitas de buen corazón que recogieron el bulto. Romo se llama nuestro Cristo, Romo es el cordero de Dios dispuesto al sacrifico para lavar nuestras faltas, nuestra deshumanizada capacidad de intolerancia, Romo es el muñeco Vudú.
A Taratino le gustaría hacer la película de Romo, la biografía, con una serrucho de utilería y una bolsa de sangre y detrás la imagen de Pinochet, con esos lentes negros de carey. Podría rodar la película en los desiertos de México, país del perfumadito Alejandro González iñarritu, el de “Amores Perros”, que ya no parece mexicano, que ya no parece latino.
Estos meses me he dedicado a ver películas de Taratino, sí. Estoy aprendiendo de Tarantino. Estoy aprendiendo que el dolor no existe o se convive en el Tercer Mundo, en Perú, en Tacna o en Alto Hospicio. Ese fascista de Tarantino me delegó una misión: limpia al mundo de las ratas y serás salvo. Hace un rato compré en el mercado de baratijas una cámara de video. Me faltó el cable para conectarla a este computador de mierda.

CAPITULO 2 O SEGUNDA NOVELA O BOCETO

Este es un croquis o borrador de una segunda novela, los fragmentos están sometidos a cambios, recambios.

Monday, July 23, 2007

Funerales


Funerales (fotos gentileza Sergio Dávalos, Iquique).

Saturday, July 14, 2007

Funerales de las víctimas de Alto Hospicio.

Tuesday, July 10, 2007

Julio Pérez Silva, el sicópata de Alto Hospicio.

Monday, June 04, 2007

ISBN Nª 163.274.

Mi viejo me inscribió la cosa en Stgo, en el Registro de Propiedad Intelectual.

Monday, May 14, 2007

45

Escribo desde un ciber frente a una plaza, en Tacna, con las monedas que gané por vender mi alma a un par de misioneros –los mismos que me cargaron al hospital de Arica-.
Nadie me saca de la cabeza que Galleguillos fue mi arma.

Tacna, mayo, de 2007.

Saturday, May 12, 2007

44

He visto a Galleguillos. Después de mis insultos escapó corriendo. Fui detrás hasta que caí.
Las moscas muerden en este ciber.

Friday, May 11, 2007

43

Una silueta de mujer se me acercó cuando tosí. La detuve. Me abrazó y siguió buscando a su hija. Se fue por una calle estrecha hacia un cerro.
Esperé el amanecer junto a unos alcoholizados vagabundos. Me ofrecieron vino. Después lo vomité mezclado con el sabor amargo de la bilis.
En este ciber las moscas pican.

Monday, May 07, 2007

42


Esta mañana te vi desde mi habitación luminosa -por la falta de techo- cuando desayunabas desde un plato hondo una blancuchenta sopa espesa que parecía semen. Debe ser el jugo de los presos o los gendarmes después de la erección mañanera que ya no tengo por la fiebre, como hoy, cuando la enfermedad me absorbe y mi vida parece un billete viejo, desvalorado. He adelgazado bastante según leí en los ventanales brillosos de un banco y digo esto porque recuerdo un cuento que leí una tarde ociosa después que Natalia se fue a trabajar, y yo quedé en casa, junto a su hermana. Hacía frío, era invierno. Lee me dijo, está bueno, es de un japonés, y nos acurrucamos y mezclamos nuestros sabores. Creo que después bebí un vodka barato. La culpa se mata con alcohol, nos convencíamos riéndonos casi con burla. Sentí los minúsculos movimientos de Natalia, su leve intromisión en la cama y su olor a día de trabajo. Quise hacerle el amor. Me da frío bañarme –dijo-. Al otro día despertó como a las 6 de la mañana para irse a las 6.30 horas. A su hermana le gustaba leer, tenía amigos que escribían –no sé, hacían cuentos y ella también-. Nunca conocí a sus amigos. En el cuento el japonés detallaba su proceso de momificación. Desde hace unos días que pienso en ese cuento y culpo a mi dolor de estómago, al ácido que baja y sube hasta estrangularme la traquea y vomito. Muero a través de mi vomito, a través de mi sudor, a través de mi mierda acuosa e insípida.
No he conocido a nadie en esta ciudad calurosa. Y es que nadie quiere ser tu amigo después que te levantan del suelo y te lleves la mugre adherida en la espalda. He sentido que me han cargado, trasladado, tratado de ayudar. Me he despertado en la urgencia del hospital, y he vuelto de nuevo a la calle. En Arica no hay frío, ni viento, como para preocuparse de dormir en la intemperie. He dormido en pastos desconocidos, en la arena de la playa y en urgencia del Hospital, sobre un cartón afuera de una iglesia donde pregunté por el cura Sergio y donde otra vez me mandaron a la mierda.

Desde aquí observo como almuerzas Galleguillos, como tus mandíbulas aplastan, como la comida te salpica, como la comida te chorrea, mientras casi a esa misma hora, el ritual del almuerzo se repite en las casas de las familias de las chicas asesinadas en Alto Hospicio. Supongo que pensará en sus familias cuando almuerzas, en la posibilidad que les diste para que se alimentaran mejor, en tu desquiciada resta para mejorar la vida de los pobres. Y disfrutas de ese caldo proteico que te financia el gobierno y que podría estar escupido, pero está bueno, sabroso, mientras yo llevo cuatro días acá sin comer porque todo lo devuelvo.


(foto: El cuento "Me convertiré en momia" es del japonés Masahiko Shimada)

Sunday, May 06, 2007

41


No es tristeza ni pánico. Es una sensación de encogimiento e invalidez. Puede que quede tirado en la calle, me tapen con una frazada y tilden el paquete de paté como N.N. Sin embargo este golpeteo del teclado, a ratos furioso, me hace revivir.
Mi intención es que esto, de alguna manera, llegue a tus ojos de y se esparza por tu sistema nervioso y como si fuera cocaína recobres tu lucidez y te dejes de guevear haciéndote el inocente. Tal vez después de leer, consideres la tuya como una mala historia, carente de suspenso –se me ocurre-, egoísta, escrita desde mi lado, para salvarme solo. Puede también que la llegues a odiar por mi falta de arrojo, por mi cobardía, por mi afán exhibicionista. Dirás, con cara de resignado, que te puse como un microbio al lado de Chikatilo o Garavito. Lo eres. Quizás desees más detalles sobre la manera como le cortaste los pezones a una de las chicas (Te invito a escribir esos capítulos). Quizás desde tu imbecilidad actual recobres la memoria, y narres a tu manera los detalles más sórdidos de lo que hiciste. Tu ego te lo pide. Tu ego te pedirá más asesinatos. Sé que volverás a la calle y seguirás matando, es así, y le pedirás a otro periodista corrupto, enajenado, que te escriba la segunda parte de esta historia.
Se qué ahora eres una especie de santón que te sirves de las nauseabundas almas de unos imbéciles e ignorantes criminales, según el cura Sergio. Me dijo que estabas escribiendo un Apocalipsis. ¡Imbécil! ¿Quién te crees? ¿El Juan de la Biblia o algo parecido? Un Apocalipsis, el muy imbécil, el muy guevón. Desde tu cama clorada e iluminada con tubos fluorescentes asustas con el infierno a todo el mundo, con ese Apocalipsis bastardo, porque no entiendes que nuestra naturaleza es así: fornicaria, ladrona, homicida, adultera, avara, mala, timadora, deshonesta, envidiosa, difamante, orgullosa y desatinada ¿Supongo que también te crees el anticristo? Hay muchos anticristos en la calle, mírate tú, a tu alrededor y verás los anticristos que andan como moscas buscando un lugar donde arrancar una partícula de mierda, como si la mierda valiera tanto, como si la mierda fuera tan importante y trascendente. Recuerdo la frase del gringo Ted Bundy, un ser de tu calaña aunque era abogado, militante repúblicano y "encantador" el muy mierda, según sus amigos. Dijo: "Nosotros, los asesinos seriales, somos sus hijos, sus maridos, los que están en todas partes... Y claro, mañana muchos de ustedes van a despertarse muertos" -Fue apresado y ejecutado en la silla eléctrica, luego de ser condenado por el crimen de 14 mujeres, aunque se afirmaba que las víctimas ascendían a 100, hecho que nunca se probó-.

Tal vez el cura Sergio no exista y sea una fantasía para alcanzarte. No encontré su nombre por ningún lado en la guía de teléfonos. Se encogieron de hombres cuando pregunté en una iglesia católica ¿Busco a un sacerdote llamado Sergio? Le repito: ¿Conoce a usted un cura que se llama Sergio, y que trabaja con los presos de la cárcel? ¿Por favor conoce a usted a un puto cura que se llama Sergio?Después de entregar el taxi a un pariente de Julio, decidí quedarme en Arica, a esperar convertirme en un N.N. Recorrí una calles estrechas abultadas de comercio y barullo de hippie andinos. Leí letreros de comida vegetariana y sentí el vaho marihuano. Bebí un jugo de frutas y lo vomité, quise calmarme con un cigarro y volví a vomitar. No he comido nada desde el jugo. Siento un poco de hambre, pero el asco me doblega cuando huelo desde mis dedos el olor a transpiración desde mis axilas calientes.
(La foto es de Ted Bundy).

Friday, May 04, 2007

40


En esta espera de que el té se enfríe y el queso se derrita en las tostadas tibias y mezquinas que compré en este ciber, ubicado en el terminal de buses de Arica, pienso que pude lanzarme desde los más alto de la Cuesta de Camarones, cuando observaba el valle, mientras el par de músicos que traje insistía en que yo manejaba ebrio y que me denunciarían al llegar a Arica, porque corrían peligro con tipos como yo: otro enajenado e irresponsable conductor de mierda. Los justifico porque cualquiera no entiende que un taxista detenga el auto en lo más alto de una cuesta –como la de Camarones, a 50 o más kilómetros de Arica- y se baje y ni siquiera orine. No se dónde me vieron alas, pero las vieron, de ahí sus gritos de pánico cuando abrí los brazos y por unos segundos me dejé llevar por el viento. Las piernas me temblaban por el choque del viento, mientras sentía las bocinas de los autos como empujándome, como pateándome el culo hacia el infinito. Sentí una erección, la mejor de hace tiempo. Sentí los musculosos contraerse, mi cuerpo reducirse. El valle parecía una ínfima vena verdosa cruzando una dermis pálida. En los cerros vi incrustados -como frutas secas en pan de pascua- el níquel luminoso de algún auto volcado, neumáticos y cajones de verduras. Me vi incrustado en la tierra, como piedra. Recordé a Galleguillos incinerando sus camisas en la cuesta zigzagueante que baja de Iquique a Alto Hospicio. Sentí el calor, el olor a bencina y los gritos de las chicas. Sentí el brazo de un hombre apretando mi cuello y después el suelo. Todavía tengo tierra en el cuero cabelludo, me pica. Imagino que cuando pasamos por la cárcel de Acha yo era como un especie de primate balbuceante amarrado en el asiento del copiloto. Pudieron llevarme a la comisaría o al hospital, pero me dejaron aquí cerca del terminal de buses, con el Chevy Nova intacto y con el dinero del viaje. Creo que no volveré a conducir.

Wednesday, May 02, 2007

39

A mis pasajeros les importaría si dormí anoche. Se repitieron los ruidos y el aroma a plástico quemado. “Pancho” me pidió plata, urgente -imposible recordar la hora-. Siguió fumando. No lo compadezco ni lo ayudo. Cuando almorzamos hablamos de otros temas. Tampoco le he preguntado porque le falta un dedo -el anular de la mano derecha-. Cumplió con la plata. No fue mucho. Mil pesos para seguir escribiendo, le dije. Sonrió. Estoy en el centro, en Vivar con Latorre. En este ciber destaca un afiche de Jimi Hendrix. Se deduce el tipo de música que escucha el dependiente, un chico de pelo largo que viste una polo de un conjunto de rock que desconozco –otro chico en serie-. Pienso en Toña. Ya sería estúpido que la llamara. Imposible. Debe estar con su chico ameba, relajada, feliz en el mall, como siempre. No la desprendo del mall. Van juntos. Nos conocimos allá, después del cine. Me pidió que la comprara cabritas. Relájate, me dijo. Después la acompañé a comprar un disco. Dijo que le habían recomendado las crónicas vampíricas de Anne Rice. Estaban en oferta. Le compré un libro. Dejamos el libro en el suelo y su CD de un grupo que desconozco lo pusimos en mi equipo de música. Fue como jabonarme con chocolate caliente. Me dejó su número en mi celular. Es lo mejor que me sucedió en estos últimos cuatro años. Me hace bien recordar a Toña, en medio de este delirio sobre Galleguillos que a ratos no resisto. Nunca he sentido culpa, dijo Galleguillos. Para él era lo mismo ser infiel a su mujer que asesinar a una chica. Era libre. En mi caso, la culpa me arruinó, me enfermó.
Tal vez me inventé este blog para deshacerme a pedazos de esta enfermedad. Tal vez contagio a otros con esta mierda.
He pensado mutilarme los dedos de las manos por cada crimen. Quiero sentir el ardor después del corte. Quiere ver la carne colgando de mis manos. Quiero unas manos inútiles, deformes. Necesito una marca física para sobrevivir. Algo. Algo que me indique que ese tiempo murió.
En una hora más parto a Arica –depende de a qué hora lleguen los pasajeros-. Dormiré allá. Julio me pidió que la primera semana hiciera eso. Primero debes ubicarte bien, dijo.
Voy.

Tuesday, May 01, 2007

38

Detengo a un taxi amarillo en una avenida húmeda de Iquique, frente al mar. Bajo el parabrisas el rostro de un hombre misterioso. Distingo a Travis de Taxi Driver. Sin decirle a donde voy, me deja en mi destino. Meto la llave a la cerradura después que Travis desaparece por Héroes de la Concepción con Tarapacá.
El portamaletas del Chevy Nova es amplio, como todo en ese auto. Hay espacio como para esconder un arma. Se me ocurre una catana tipo samurai que venden el Zofri. Los cuchillos siempre son más intensos, más rituales. Tal vez me detenga en el desierto y me haga una harakiri, ante mis pasajeros. Serán cuatro. Tres atrás y uno a mi lado. Les contaré mi sueño recurrente con Travis. Después le pasaré el diario de la ciudad que siempre tiene un crimen en la portada. Luego vendrá mi aventura con el psicópata de Alto Hospicio, desde el principio, mientras escucharemos un disco de Rudy La Scala –un cantante de telenovelas que le gusta a Julio-. Algunos se quedarán dormidos con la mezcla: historia y música; otros dirán que también lo conocieron, y otros se revelarán con rabia y odio. “Usted que hizo para detener los crímenes”, me dirá. En ese tiempo fui periodista, le diré, fui testigo privilegiado de la tragedia, nadie como yo conoce los hechos. Usted también es asesino por no hacer nada, por lavarse las manos, por dejar que ese guevón de mierda asesinara a sangre fría. Usted es un indolente, un sicópata como esa mierda, una escoria, un cobarde, la peor basura.
Creo que será el momento para detener el auto y sacar la catana.
Escribo esto desde el computador de un centro de llamadas telefónicas, en la Zofri.

Monday, April 30, 2007

37.

Estoy en la cabina 12 de un ciber indecente. El muro que está a mi derecha tiene un mapa de secreciones secas. En el basurero duerme una bolsa de papel café tipo McDonald, un vaso plástico de bebida y un tejido de papel higiénico. Me apunta una luz fluor que sobresale de un globo ocular de plástico encerrado en una caja de latón en cuyo costado aparece una cadena de perro; también distingo un candado pequeño.
El tipo que estuvo aquí tenía raras costumbres sexuales. Ya no me sorprenden los historiales de los computadores. Son las 18 horas. Siento la voz -a pesar de mi otitis- de un tipo instando a otro hacer algo que no quiere. Siento humor de cigarro. El tipo se decide y ríen. La risa se camufla con algo de reggaeton que expele un parlante de auto pegado en el techo. No tengo nada contra el reggaeton, ni tampoco contra esa Shakira que brota como maleza en el dial.
Hace media hora que estoy acá. Es un ciber barato. 500 pesos vale la hora. Alto Hospicio siempre será más económico que Iquique.
Pruebo el Chevy Nova. Es un auto ancho, rugidor y petrolero. Da gusto manejarlo. Huele a limpio, a desodorante de auto –a coco-. Desde mi ventana en la pensión observé como Julio lo limpiaba. Está en sus manos maestro, me dijo con una sonrisa amigable después del almuerzo. El tipo está obsesionado conmigo o no sé porque mierda sacó que yo era un buen conductor, responsable. Tal vez tengo cara de taxista, o me estoy mimetizando con Galleguillos. No sé que vio en mí. Deben estar muy jodidos sus vecinos.
Acabo de recorrer algunas calles estrechas, nuevas. Alto Hospicio cada vez se parece más a esas ciudades de los países socialistas de antaño. Todas las casas iguales o parecidas, hechos en serie por el Minvu. Los edificios son chatos y gordos, y dejan poco espacio para colgar ropa. Otra detalle es que la mayoría de las botillerías tiene rejas para atender. El tipo que me vendió la cerveza me dijo que era por la pasta base.
Me detuve en el Renacer. Ahora es una restaurant que se llama “El Rancho de Carlitos”. Venden parrilladas. Un garzón me dijo que no conocía a Quispe, pero llamó a otro. El lugar está cambiado. Pedro me saludó afectuosamente. Recordó algunos detalles aunque me dijo que era imposible ubicar a Quispe. De repente se aparece por acá, afirmó. Le dejé mi número telefónico sin esperanza que me llame en todo caso.
Recién hubo un corte de luz en el ciber. La mitad de los computadores se apagaron, incluido el mío (tuve que reescribir este fragmento). Gracias al corte conocí a mis vecinos. Sus caras y expresiones son fáciles de descifrar. Ninguno me miró a los ojos. Tal vez les da vergüenza estar aquí. Tal vez pensaron que soy de su misma especie.
El miércoles pasaré frente a la cárcel de Acha, en Arica.

Saturday, April 28, 2007

36

Me despertaron las sirenas. Me tapé la cabeza con la frazada hedionda a humedad. Eran las 8.30 horas. Aquí todo tiene un fétido aroma a toalla húmeda. La vieja me dijo que si quería, podía comprar mi propia “ropa de cama”. En la Zofri son baratas las sábanas Canon, agregó. Estos días tuve recaída por otro resfrío mal cuidado. Volví al hospital, a urgencia. Estoy cerca. Dos cuadras más abajo, por calle Oscar Bonilla con Tarapacá. La gente de la pensión es solidaria después de todo. Me han traído pastilla y me sirven té. Hay una mujer muda –de 40 años hacia adelante- que es la más preocupada. Parece que mantiene una relación con “Pancho”, un grueso vendedor ambulante de edad desconocida. “Pancho” siempre me cuenta de su juventud, en el sur, en Concepción. Almuerzo al frente. En la casa de la señora Charo. Es barato, no sé si bueno –a estas alturas no estoy como para regodearme-.
El marido de la señora Charo, Julio, me ofreció conducir uno de sus taxis. Es un Chevy Nova amarillo de los años 80, pero con un motor nuevo, rugidor como avioneta. Quiere que haga el trayecto de Iquique a Arica, ida y vuelta. Son como tres horas de viaje –o menos-. Le dije que la próxima semana partía. Me gusta la idea, por un tiempo, tal vez un mes, lo justo para lo que me resta, aunque no sé como responda. Acepté porque así tendré una comunicación más directa con el cura Sergio. No me ha respondido los últimos mails. Tal vez se sintió manipulado o encontró este blog.
La señora Charo se atrasó con el almuerzo. Pasó toda la mañana frente a una casa, en la otra cuadra, junto a la vieja de la pensión y todo el barrio. Sólo alcancé a ver la camioneta rectangular del Servicio Médico Legal. El crimen fue desmenuzado en el almuerzo. Todos conocían a la mujer, parecía tranquila, también a su marido. Los hijos de ambos jugaban en la cuadra. Fue un crimen pasional, me dijo la señora Charo con cara de contarme la historia. Parecía disfrutar los detalles sórdidos, mientras cortaba rodajas de tomate con un cuchillo. Concluyó que adoptaría a uno de los hijos de la pareja, si tuviera dinero. “Ellos no merecieron a esa clase de padres”. Nadie elige a sus padres, le dije. Y agregué esas frases que uno dice cuando almuerza con una señora de ese tipo: “los hijos son el mejor regalo del amor”.
-Si hubieran querido más a sus hijos, no habría asesinado a su marido, ni se habría matado ¿Qué destino tendrán ahora los pobrecitos?- afirmó.
-Tal vez a futuro ellos hagan lo mismo- dije.
-¿Cómo?- dijo.
-Maten a sus parejas y después se maten ellos- dije.
Estoy en el computador de la hija de la señora Charo. Es lento, algo anticuado, pero me sale gratis. Le envié otro mail al padre Sergio.

Tuesday, April 24, 2007

35

Teme que me aparezca afuera del canal con la pose desquiciada de Jack Nicholson en El Resplandor. Película que vimos una noche cualquiera de verano -a principios de los años 90-. Tuve suerte de ubicarla. Me contestó bien, de buen ánimo. Me preguntó hasta como estaba y como me sentía. Raro. Tal vez su nueva pareja le dijo que me tratara con algo psicología o derechamente se asustó cuando le dije que iría a Santiago. Fue generosa. Le está yendo bien. “Todo los meses te puedo depositar lo mismo, pero por favor no te vengas a meter acá”. Bien, pero igual iré. Gracias a ella regresé a un ciber decente: con café de máquina, buena música -creo que es Moby- y ambiente turístico, relajado. Le dije que me conformaba con mirarla por televisión. Se río, tosió y colgó.
Creo que Natalia me quiso demasiado, aunque ahora reaccionó por miedo. Es natural casarse enamorado, ambos lo estábamos. En ese momento fue lo mejor vivir donde mis suegros. Había espacio y comodidad en la casa. Nuestra relación pareció mejorar cuando entró a trabajar al canal. Yo hacía trabajos pequeños para una revista de decoración. En la revista le fui infiel. Después perdí la cuenta de mis infidelidades. Ella parecía normal aunque a veces llegaba tarde. Siempre se justificaba de manera creíble, yo también. A su hermana le gustaba la misma música que yo.
Galleguillos decía que uno partía siendo infiel y terminaba asesinando. El partió al revés.
Su madre le dijo que estaba aburrido que el gueón le pegara. El tipo no tenía un trabajo estable. Si bien sacó a su madre de la prostitución, después cuando bebía la trataba de puta y la golpeaba. Esperaron el momento y actuaron. Galleguillos me dijo que no le costó. Más difícil le resultó tranquilizar a su madre. “Ella murió con la culpa de haberle quitado la vida a alguien. Sentía que se iba a ir al infierno”, me dijo.
Nunca hablamos de su período en Linares. En televisión y con toda la bulla que se armó con su detención recuerdo un reportaje donde le achacaron algunos crímenes en esa ciudad. Nunca se comprobó su autoría, ni se investigó sobre el tema.
Me dijo en broma que por diversas circunstancias –atropellos- acarreaba una docena de muertos.
Matar bajo la mirada de una madre es algo que no cualquiera lo puede decir. Fue ella quien me metió en esto, dijo suelto de cuerpo.

Saturday, April 21, 2007

34.

Esta mañana un chico de cuatro años -calculo- me apuntó con su ametralladora luminosa en la sala de espera del hospital. Disparó contra mí varias veces. Se sorprendió al comprobar que no moría. Luego intentó con una mujer que estaba a mi lado. Ella tenía fiebre. El chico se sonrío cuando la mujer cerró los ojos y se hizo la muerta. Después apuntó la pistola a una máquina de café. Su madre, en tanto, lo miraba con pasividad, con ojos enfermos.
El niño siguió disparando después que su mamá se perdió tras la pesada puerta de la sala de urgencia.
Imaginé a un niño Cho Seung-Hui –el surcoreano autor de la matanza de la universidad de Virginia Tech- jugando con su ametralladora luminosa.
¿Qué habría pensado Galleguillos del surcoreano? Galleguillos se habría enterado por el diario, al otro día. El nunca siguió la CNN y ni tampoco veía noticieros. Trabajaba a la hora de los noticieros. En todo caso yo se lo habría contado en el V16, con los detalles, como debe ser.
Pienso que Cho partió con una masturbación frente al espejo. Sus testículos dispararon hasta el cansancio sobre su imagen.
¿Qué culpa tuvieron los universitarios? ¿Qué culpa tuvieron las chicas de Alto Hospicio? Galleguillos como Cho o Chikatilo trascendieron a su desgraciada manera. Se me ocurren los tantos otros que trascendieron como ellos, asesinando. En la historia reciente de Chile hay muchas justificaciones –porque este país es de justificadores- para cubrir los asesinatos masivos o los asesinatos en cadena o los asesinatos por una causa inclusive (mientras los desaparecidos seguirán ahí, bajo tierra, fondeados en hoyos, en fosas, al fondo del mar, esperando).
Pienso –aquí entre las bocanadas de fritura que expele el rectángulo de aluminio cargado de aceite y papas, en este ciber marginal- en la congoja cínica de Bush, de padre de su familia, cuando se lamenta por los chicos asesinados por Cho, y el contraste con su guerra: con sus marines humillando a los prisioneros. Si Cho hubiera sido norcoreano, ya Bush le habría declarado la guerra a Corea del Norte. Ganas le sobran a Bush.
Le tengo bronca a ese Bush como a Cho. Son esa clase de sicópatas mediáticos que se vienen; sicópatas que buscan el aplauso universal; sicópatas de ametralladores luminosas.
Galleguillos, en cambio, fue el perfecto sicópata de una despreciada toma de terreno de Alto Hospicio, donde la CNN no llega ni los noticieros impactan; donde los crimenes son pan de cada día y donde cada uno trata de salvarse como puede. Galleguillos es un sicópata tercermundista, como el Monstruo de los Andes o Garavito. Me dijo que sentía como un hormigón, un insecto controlador de polillas. Le dije que era un fascista de mierda. Se río como hiena, como siempre.
También me reí después que Natalia, hace media hora, me dijera que mi dinero estaba en el banco. Es sábado, le dije. Tendré que esperar hasta el lunes para ocuparlo.

Wednesday, April 18, 2007

El monstruo de Los Andes

... López (el monstruo de Los Andres) actuó a finales de los años 70 y principios de los 80, tiempos convulsionados por dictaduras, guerrillas y narcotráfico. Pudieron haberle achacado más asesinatos (era un delincuente marginal). Reconoció 300. La sacó barata: se ganó la perpetua en una cárcel de Ecuador. Ni la policía de Ecuador creyó en la desaparición de alrededor de alrededor 100 mujeres (en Perú y Colombia sumó el resto). Las autoridades concluyeron que las desapariciones se estaba produciendo debido al crecimiento de la demanda de esclavos sexuales y trata de blancas, hasta que alguién encontró una fosa común, un hoyo... (del fragmento 33)

33.

Por Pedro Alonso López, “El monstruo de los Andes”, pude saber algo de su niñez y su relación con su madre.
Galleguillos no se convencía de que López -colombiano- asesinara a 300 mujeres entre Ecuador, Perú y Colombia. Yo tampoco. López actuó a finales de los años 70 y principios de los 80, tiempos convulsionados por dictaduras, guerrillas y narcotráfico. Pudieron achacarle más asesinatos (era un delincuente marginal). Reconoció 300. La sacó barata: se ganó la perpetua en una cárcel de Ecuador.
Ni la policía de Ecuador creyó en la desaparición de alrededor de alrededor 100 mujeres. Concluyeron que las desapariciones respondían al crecimiento de la demanda de esclavos sexuales y trata de blancas, hasta que alguien descubrió una fosa común, un hoyo.
Para nadie debe resultar grato reconocer que su madre fue prostituta. Por eso me crio mi abuela, me dijo. López fue hijo de una prostituta; el séptimo de 13 hermanos, nunca tuvo una infancia normal. Galleguillos tampoco. La madre de López era una mujer dominadora. Llegó a torturar a su hijo. Indiferente a sus obligaciones en el hogar, cualquier pretexto era bueno si le permitía estar en las calles.
Así comenzó a delinquir. Ignoro a que edad Galleguillos cometió su primer crimen, pero partió en el sur –según me dijo- después de la muerte de su abuela.
Pedro Alonso partió en la cárcel a los 18 años. Asesinó a sus cuatro violadores.

Nunca pensé que viviría en este sector -cerca del hospital-. La pensión es barata. Las habitaciones son de una madera que parece corcho. Hay olor a pasta base después de las 22 horas. Mis vecinos son vendedores ambulantes y fuman cuando pueden. Siempre me invitan. Creo que les intrigo. A estas alturas no sé que mierda parezco. A la dueña de la pensión, Teresa, le pagué dos semanas. Todas las noches he escuchado sus gemidos secos. No me preguntó siquiera el nombre, menos que hacía. Sólo me recomendó que tratara de no fumar dentro de la habitación. Es buen lugar para ocultarse. Hoy cuando llamé a Toña, me contestó un chico.
“Papa ciber” se llama esta porquería donde estoy ahora. Mientras escribo esto, a un metro hay un gueón friendo papas. Es un ciber hediondo, pero barato. Intanteré con Natalia: todavía me debe plata.

Cuando murió su abuela, Galleguillos, con 14 años, regresó a vivir con su madre, coincidió con el tiempo en que conoció a Ana, su primer amor.
Me justificó que su primer crimen fue por defender a su madre.

Tuesday, April 17, 2007

32.

Me fue mal con su encargo pero averigue algunos datos que le pueden servir.
Los presos me dijeron que estaba en tratamiento. No insistí. Me explicaron que el tratamiento consistía en drogas para dormir. A veces pasa tres días sin dormir, leyendo o escribiendo. Un gendarme me dijo que habitualmente pedía libros de ciencia ficción -a la biblioteca-. El último que leyó fue Los Astronautas de Yavé de J.J Benítez.
Me llamó la atención que escriba su propia versión del Apocalipsis: “...Dios no tendrá piedad ni misericordia con nadie, exterminará a todos los impíos y triunfante cabalgará junto a su ejército sobre la ciudad destruida por el fuego celestial”. Me lo recitó de memoria Javier, un boliviano que está preso por narcotráfico. El es uno de los que está convencido en la inocencia de Galleguillos. “Por sus manos escribe Dios”, me aseguró.
Al igual que usted me interesa el tema de Galleguillos. Sé que es culpable porque creo en la justicia, aunque trataré de ganarme su confianza para que reconozca sus crímenes y le pida perdón a Dios y a las familias involucradas.
Bendiciones, Sergio. (Posiblemente el viernes intentaré acercarme a él. No se preocupe cuando tenga la oportunidad le preguntaré si lo recuerda).


Gracias padre. He pensado que por ahora es mejor que no le pregunte por mí. Apelando a su buena voluntad me interesa que me siga contando a través de estos mail, más detalles sobre su actual situación. Me interesa también ese apocalipsis que escribe. Le insisto: escribo un reportaje sobre Galleguillos, para una revista de México. Saludos y en las próximas semanas me apareceré por allá.

Un abrazo y gracias nuevamente por su aporte.


Vengo de caminar por la playa. Siento arena dentro de las zapatillas. Estoy en una casa, frente a Cavancha, que a la fuerza fue dispuesta como ciber. Son las 15.30 horas. A mi lado hay una gringa media gruesa que mueve los dedos como enajenada. Ni siquiera tuvo la amabilidad de mirarme cuando me senté a su lado. Lo primero que haría sería echarle desodorante. A este ciber le falta ventilación.
Me puede ayudar, me dijo con su acento gringo.
Claro, le dije.
Cuando me agaché a conectar el cable de su cámara fotográfica al PC me encontré con el rostro de Charles Manson tatuado en su pantorrilla. Pensé en la manera en que recordarán a Galleguillos. Tal vez en 20 años más la gente se olvide.

Sunday, April 15, 2007

31.

Marta Belmar tenía un parecido físico a su primera novia.
Conoció a Ana –creo que tenía otro nombre- en una liceo de Linares. Me mostró las cicatrices en su muñeca. La chica regresó con él para que no se matara. Después la golpeó por puta.
Marta Belmar subió al V16. La saludó con un beso en la mejilla, afectuosamente. Vivían cerca. Era la madrugada de un día de verano, hacía calor. Abrí la ventana del auto. La chica bailaba en un grupo folclórico. La encontramos afuera del Club Deportivo Norteamérica, en calle O’Higgins –donde todos los fines de semana se organizaban tambos-. Veníamos de jugar fútbol y beber cervezas. Le preguntó cuánto le cobraba a La Negra. Te llevo gratis, pero si me esperas unos minutos. Vamos, respondió la chica.

Esta tarde le dejé unos bombones a Marta Belmar y a Sarita Soto. Una mujer que estaba en la animita me preguntó si me burlaba de la desgracia ajena. Le dije, de manera irónica, que era una especie de ritual psicomágico. Me puso cara de incrédula como si tratara con el peor charlatán. Ahora estoy en un ciber, en avenida Los Cóndores en Alto Hospicio. Espero la respuesta del cura Sergio.

El padre de Marta no cree que su hija esté muerta. Hace un tiempo pidió la exhumación de los cadáveres. Marta tenía buenas calificaciones en el liceo, además destacaba en el grupo folclórico. Era morena, delgada, de caderas gruesas y pelo negro. Sus piernas eran largas y carnosas, bellas. Sobresalía en la diablada que participaba. Era devota a la Virgen del Carmen, como su familia. En julio peregrinaban a La Tirana.
Era la única de hija de Luis Belmar, el pelado como le decía Quispe.

La chica no se sorprendió cuando me bajé en el último rincón de la población Jorge Inostrosa. "El Colocolo" –el trafi- tampoco. Cuando lo encendí, Marta afirmó que su pololo fumaba. Me pidió una quemada, mientras Galleguillos permanecía quieto, como gato aguardando a una paloma.
Ana quedó embarazada de su padrastro. Galleguillos quiso matar al padrastro, pero este le sacó la mierda antes por golpear a su hija. Le dijo que a la próxima lo mataría.

Marta propuso ir a la discoteca Kamikaze, a comprobar si su pololo la engañaba. Pásate para adelante, le dijo Galleguillos. La chica le hizo caso. Nos paramos en los estacionamientos del Kamikaze. Aproveché de beber más cerveza y quemar un resto. Galleguillos y la chica estaban al acecho. Gueones tontos, le dije. Marta tuvo razón con su pololo. Galleguillos aceleró y alcanzó a golpearlo. Retrocedimos como a 100 por hora y nos largamos hasta la salida sur de Iquique. Pasamos Los Verdes. Marta estaba borracha, yo igual.
El papá de Marta recorrió prostíbulos de Tacna, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz de la Sierra. No la encontró. Por eso le redactó una carta al presidente Lagos.
La chica accedió a los besos de Galleguillos. No le costó desnudarla. Sus senos eran grandes y blandos. En medio del acto le vino un ataque de epilepsia. El resto fue buscar una manera como tranquilizarla, hasta que Galleguillos se descontroló.
Sentimos paz cuando terminamos.

Friday, April 13, 2007

30.

...entiendo que se cree un semidios (o los presos lo hacen sentir así). Es inteligente, manipulador, en comparación a otros criminales que he conocido.
No está aislado. Si bien no recuerda -o no quiere reconocer- los crímenes, su presencia y los prejuicios hacen que uno sienta que está frente a un criminal. Su mirada es penetrante. Sus dedos son cortos, sus manos anchas y sus brazos fuertes. No podría decir si está más flaco o gordo. Sólo vi las fotos que todos conocen cuando se declaró culpable. Entiendo que uno siempre se fija en detalles como las manos o la mirada cuando se trata de asesinos. Inconcientemente uno lo imagina matando.
Me saludó vigorosamente. Me aclaró de entrada que estaba decepcionado de Dios -había olor a cloro en el cuarto-, que se aburrió de la Biblia y que Alto Hospicio era un pueblo perdido en el desierto, un lugar hecho por el gobierno para arrinconar a los pobres, a los marginales; un perfecto sótano de Iquique...
Me dijo que como taxista vio muchas cosas terribles, pero trató de ayudar en contraste con otros que se cruzaron de manos. Me habló de rescatar como el pescador de hombres. Se silenció unos minutos, y me habló de la vida eterna, de la trascendencia de la muerte, del paraiso.
Gesticuló con sus manos para decirme que su misión en la tierra era ayudar a otros para alcanzar la vida eterna, al mismo Dios. La conversación estaba siendo grabada por una cámara ubicada en el techo de la sala.
Dijo que Dios le había dicho que se declarara culpable.
Después recordó ver a chicas adolescentes prostituyéndose por droga. Culpó al gobierno y a Soria, el alcalde de Iquique.

Al final me dijo estaba preso por un complot en su contra tramado por el comisario de Alto Hospicio, un tal Marambio.

Esto fue ayer. Ojalá te sirva, bendiciones.

Sergio
(Me han dicho que los gendarmes lo utilizan de monitor antidrogas y que se ha ganado el respeto de los otros presos, aunque en el pabellón comparte con peruanos y bolivianos que cayeron por narcotráfico).
Tal vez el domingo pueda conversar con él.
Pregúntele por mí. Gracias.



Tuesday, April 10, 2007

29.

Galleguillos dijo que yo era como su Mateo -el de la Biblia-.
Fue después de una fiesta en la comisaría, cuando amanecía. Las chicas que nos acompañaban rieron de manera burlesca. Galleguillos les siguió el juego. Me sorprendió tanta complicidad. Parecían amigos. Estaban medias aturdidas por la noche y con el cutis brilloso. Podía oler su sexo blandusco, chorreante. Una me dijo que yo parecía un oficinista alcohólico, de esos con doble vida. Eran tres. Abrí la ventana. El viento de la madrugada limpió la oxidada atmósfera. Ibamos rápido, a 140 km por hora según el tablero del V16. Pensé que Galleguillos se dormía y terminaban las desapariciones, pero ya estábamos en Iquique, por la circunvalación en dirección a la Zofri. Andaban armadas, según Galleguillos. Con cuchillos. Las dejamos en su casa, en la Jorge Inostrosa. Le dicen “las chicas superpoderosa” y son primas, afirmó Galleguillos.
Unos meses después una de esas chicas, Mariela –creo que se llamaba- me acusó de que esa noche le robé una cadena de oro.

En el hospital, una enfermera me habló de la niña heroína. La atendió después del ataque del psicópata. La chica hablaba bastante, de su pololo, de su mamá… no parecía shockeada, a pesar de lo que se decía. Hace una hora pasé por el lugar donde vivió la chica, según me dijeron los vecinos. Había una mediagua habitada por unos hermanos ecuatorianos cesantes, que por oídas sabían de la historia. También pasé por la casa de Galleguillos. Es un montón de escombros, pero hay indicaciones, como unos graffitis, que indican que hay vivió el psicópata de la conchesumadre...
Su mujer me invitó a pasar. Le dije que no se preocupara, que esperaba afuera a su marido, pero insistió. Recuerdo que las paredes estaban decoradas por unos cuadros chinos de color rojo. La sala estaba ordenada y destacaba un florero con unas rosas medias marchitas. La mujer me sirvió un vaso de Bilz y encendió el televisor. La dejó en un partido de fútbol inglés. Me preguntó si venía a buscar a su marido para jugar. Le respondí que era taxista, y venía por un asunto del auto. A los cinco minutos apareció Galleguillos, con una mochila. Vuelvo de madrugada, le dijo a la mujer que asintió con una expresión de conformidad. Le ofreció si la preparaba un sándwich. Demoró diez minutos.
Esa noche asesinó a Sarita Soto Rubilar.

A la fiesta de Marambio llegamos como a las cinco de la madrugada. La bulla de la comisaría podía escucharse en toda la cuadra. Los vecinos estaban resignados. Galleguillos recibió la llamada de Marambio cuando se aprestaba a quemar su camisa ensangrentada. Justificó la muerte de Sarita porque no tenía otro futuro más que la miseria. Fue un golpe certero en la cabeza. La chica no sufrió en comparación a Marta Belmar.

Sunday, April 08, 2007

28.

Hace una hora salí del hospital. Son las 20.30 horas. Estoy en un ciber hediondo a fritura, estrecho. Las cosas no salieron como quería. Pudo ser una gripe degenerada, los palos del taxista o cualquier otra infección.
Me atendieron bien, aunque no faltó quien me puso cara de asco.
Superhugo se acordó. Una negra lo acompaña en la foto. Dice que es colombiana, de Envigado. Es nueva. 30 mil sale la hora, con derecho a un trago. Su sauna se llama Annaiss. Está cerca de aquí, aunque no tengo ni plata ni ganas.
El cura de Arica también se acordó. Dice que me puede contactar con Galleguillos. Lo verá en dos semanas, a finales de abril. Tengo tiempo para seguir con esto. Mañana subo a Alto Hospicio.